Nissan Motor Co. se prepara para implementar una reestructuración de gran alcance que marcará un punto de inflexión desde los tiempos en que la compañía estaba bajo el mando de Carlos Ghosn, el expresidente que supo convertir la eficiencia operativa en su bandera. Esta vez, el plan contempla medidas sensibles tanto en Japón como en otras regiones del mundo, con el objetivo de adaptar la estructura productiva a un escenario global cada vez más desafiante para la industria automotriz.
En su país de origen, Nissan evalúa el cierre de dos instalaciones históricas ubicadas en la prefectura de Kanagawa: la planta de Oppama, en la ciudad de Yokosuka, y la fábrica de Shōnan, operada por su filial Nissan Shatai Co., en Hiratsuka. Ambas ciudades mantienen una relación estrecha con la compañía desde hace décadas, por lo que la decisión despierta inquietud entre los habitantes, que temen por el impacto que estas medidas puedan tener sobre la economía regional y las fuentes de trabajo locales.
En paralelo, la automotriz japonesa tiene previsto ofrecer un programa de retiro voluntario dirigido al personal administrativo en Japón a partir de julio, como parte de un esfuerzo más amplio por reducir costos operativos. En total, se prevé la eliminación de unos veinte mil puestos de trabajo, lo que representa alrededor del quince por ciento de la plantilla global de la empresa.
La estrategia de Nissan no se limita al mercado japonés. De acuerdo con fuentes al tanto del plan, la compañía planea cerrar siete de sus diecisiete plantas de ensamblaje de vehículos en todo el mundo antes de que finalice el año fiscal 2027. Entre las instalaciones afectadas se encuentran fábricas en India, México y Argentina, lo que evidencia un rediseño integral de su presencia industrial a nivel global.
Estas decisiones se enmarcan en un contexto de transformación profunda en la industria automotriz, en el que la electrificación, la automatización y los cambios en los patrones de consumo obligan a los fabricantes a revisar sus estrategias. Para Nissan, este nuevo rumbo implica tomar medidas drásticas que, aunque dolorosas en el corto plazo, buscan asegurar la viabilidad de la empresa en un escenario competitivo que no da margen a estructuras sobredimensionadas ni a modelos de gestión anclados en el pasado.







