Witkoff y Kushner viajan a Islamabad para una nueva ronda de negociaciones con Irán

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El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán entró el 25 de abril en su día 57 sin acuerdo, con un alto el fuego extendido unilateralmente por Trump sin fecha de vencimiento, un doble bloqueo naval en el Estrecho de Ormuz que mantiene cerrado el paso más estratégico del comercio energético mundial, y una nueva ronda de negociaciones en marcha en Islamabad. El enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno del presidente, viajan este sábado a Pakistán para reunirse con el canciller iraní Abbas Araghchi, quien ya se encuentra en la capital paquistaní. El viaje fue confirmado por la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, quien dijo que los enviados van a «escuchar» lo que Irán tiene para decir y a «hacer avanzar la pelota hacia un acuerdo».

El contexto en el que llegan esas conversaciones es el de un alto el fuego cuya legitimidad ambas partes discuten. Irán calificó la extensión indefinida anunciada por Trump esta semana como «sin significado», argumentando que el bloqueo naval estadounidense a los puertos iraníes constituye una violación del cese del fuego. Irán mantiene que no regresará a la mesa de negociaciones hasta que ese bloqueo sea levantado. Washington, por su parte, sostiene que el bloqueo es un instrumento de presión negociadora y no una violación del acuerdo.

El origen del conflicto y los 56 días de guerra

El conflicto comenzó el 28 de febrero de 2026, cuando Israel y Estados Unidos lanzaron una operación aérea contra Irán que mató al Líder Supremo y a otros altos funcionarios. Irán respondió con ataques de misiles y drones contra Israel, bases estadounidenses en la región y países aliados de Washington en Medio Oriente, y procedió al cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita alrededor del 20% del comercio petrolero mundial.

La escalada fue veloz. Trump amenazó con «destruir la civilización» iraní si no se alcanzaba un acuerdo. Iraní rechazó la rendición incondicional que Washington inicialmente exigió. Pakistán emergió como mediador clave: el primer ministro Shehbaz Sharif y el jefe del ejército, el mariscal de campo Asim Munir, negociaron un alto el fuego de dos semanas que entró en vigor el 8 de abril, enmarcado en una propuesta iraní de diez puntos que Trump describió como «una base negociable».

Las negociaciones de Islamabad: 21 horas sin acuerdo

El 11 y 12 de abril se celebraron en Islamabad las conversaciones de mayor nivel entre Estados Unidos e Irán desde la Revolución Islámica de 1979. La delegación estadounidense, de 300 personas, fue encabezada por el vicepresidente JD Vance junto a Witkoff y Kushner. La delegación iraní, de 70 personas, estuvo liderada por el presidente del Parlamento Mohammad Bagher Ghalibaf y el canciller Araghchi. Las conversaciones duraron 21 horas distribuidas en tres rondas —la primera indirecta— y concluyeron sin acuerdo.

Los puntos de ruptura fueron el programa nuclear iraní, el estatus del Estrecho de Ormuz y las sanciones. Washington exigió que Irán se comprometiera a no desarrollar armas nucleares y reabriera el estrecho como condiciones previas. Teherán demandó el levantamiento integral de sanciones y la liberación de activos congelados —incluyendo 6.000 millones de dólares— como precondición para cualquier acuerdo sustantivo. Araghchi afirmó que estaban «a centímetros de un memorando de entendimiento» y acusó a la delegación estadounidense de haber movido los postes de la portería. Vance respondió que Irán había rechazado comprometerse a no desarrollar armas nucleares.

Tras el fracaso, Trump declaró que ya no le importaban las negociaciones y anunció un bloqueo naval total a partir del 13 de abril contra cualquier embarcación con origen o destino en puertos de Irán. El 19 de abril envió nuevamente a Witkoff y Kushner a Pakistán, describiendo esas conversaciones como «la última oportunidad» de Irán. No hubo acuerdo. El 21 de abril Trump extendió el alto el fuego indefinidamente, sin fijar una nueva fecha límite.

El doble bloqueo y la crisis del Estrecho

La situación actual en el Estrecho de Ormuz es la de un doble bloqueo de facto. La Marina estadounidense bloqueó los puertos iraníes e interceptó 23 barcos en tránsito hacia o desde Irán. Irán, a su vez, reimplantó restricciones al paso de embarcaciones comerciales por el estrecho luego de que Washington se negara a levantar su bloqueo naval. El resultado es una parálisis del corredor energético más crítico del mundo.

El Pentágono estimó en sesiones cerradas ante el Congreso que podría tomar hasta seis meses despejar completamente las minas que Irán colocó en el estrecho. Trump ordenó a la Marina disparar contra cualquier embarcación que intente colocar minas. El secretario de Defensa Pete Hegseth declaró el viernes: «El bloqueo se está apretando hora a hora. Estamos en control. Nada entra, nada sale.» Irán afirmó haber capturado dos buques internacionales en el estrecho, incidente que la Casa Blanca no consideró una violación del alto el fuego.

La Unión Europea, que según el titular de la IEA dispone de «quizás seis semanas» de reservas de combustible para aviones, convocó el miércoles a una reunión de ministros de transporte en Bruselas para evaluar medidas de protección al consumidor. El Reino Unido y Francia organizaron una conferencia en Londres con planificadores militares de más de 30 países para debatir cómo reabrir el estrecho. El secretario Hegseth respondió con desdén a esos esfuerzos europeos: «No contamos con Europa. Pero ellos necesitan el Estrecho de Ormuz mucho más que nosotros.»

Asia, la región más expuesta

Para la región Asia-Pacífico, el conflicto y el cierre del Estrecho tienen consecuencias directas e inmediatas. Japón, Corea del Sur, India y China —los cuatro mayores importadores de petróleo de Asia— dependen del paso por Ormuz para la mayor parte de sus importaciones de crudo del Golfo Pérsico. El impacto ya es visible: los precios del petróleo Brent y del gas natural subieron un 40% y un 60% respectivamente respecto a las proyecciones de diciembre de 2025, según la OCDE, cuyo informe de abril identificó el cierre del estrecho como el principal factor de riesgo para la economía global en 2026.

China, que importa alrededor del 40% de su crudo desde el Golfo Pérsico, mantiene canales diplomáticos con Irán y fue consultada por el ministro de exteriores paquistaní en el contexto de las negociaciones. India, que enfrenta una aceleración inflacionaria directamente atribuible al encarecimiento de la energía importada, tiene además comprometidas inversiones en el sector energético iraní que quedaron en suspenso. La Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte registró 1.900 solicitudes de asistencia de marinos varados en el Golfo Pérsico desde el inicio del conflicto, un dato que ilustra la dimensión humana de una crisis que los mercados financieros procesan como volatilidad pero que para decenas de miles de trabajadores del mar es una emergencia concreta.

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