China cumple su meta de crecimiento en un año marcado por tensiones externas y debilidad interna

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La economía china logró crecer en el último año al ritmo previsto por el Gobierno, en un contexto atravesado por dificultades internas persistentes y un escenario internacional cada vez más adverso. Los datos oficiales difundidos este lunes confirmaron que el producto interno bruto registró una expansión real del cinco por ciento en relación con el año anterior, un resultado que permitió a Pekín alcanzar su objetivo anual gracias, en buena medida, a medidas orientadas a estimular el consumo interno.

El desempeño de la segunda mayor economía del mundo mostró, sin embargo, señales de desaceleración hacia el cierre del año. En el último trimestre, el crecimiento interanual fue menor que en los meses previos, reflejando un enfriamiento progresivo de la actividad. Aun así, el avance trimestral fue positivo, lo que permitió sostener el balance general en terreno favorable y evitar una caída más pronunciada.

Uno de los pilares de la estrategia oficial fue el impulso al gasto de los hogares, en un intento por compensar la prolongada crisis del sector inmobiliario, que continúa afectando la confianza y la inversión. El Gobierno puso en marcha programas de recambio de bienes de consumo que incluyeron electrodomésticos, vehículos y teléfonos móviles, con el objetivo de reactivar la demanda en las grandes ciudades y en los centros urbanos de menor tamaño. Estas políticas contribuyeron a sostener las ventas minoristas, que cerraron el año con un crecimiento moderado.

El panorama fue distinto en el frente de la inversión. La formación de capital fijo mostró una contracción significativa, especialmente en el ámbito inmobiliario, donde el retroceso fue profundo y volvió a confirmar que el ajuste del sector aún no ha tocado fondo. Este debilitamiento continúa siendo uno de los principales lastres para la economía china, tanto por su peso directo en el crecimiento como por su impacto en el empleo y en las finanzas locales.

En el comercio exterior, el año estuvo marcado por un fuerte cambio en la orientación de las exportaciones. Las ventas al mercado estadounidense se redujeron de manera notable tras el endurecimiento de las tensiones comerciales luego del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. No obstante, esa caída fue parcialmente compensada por el aumento de los envíos a otros países asiáticos y a naciones africanas, lo que permitió que el valor total de las exportaciones creciera y que el superávit comercial alcanzara un nivel sin precedentes.

La producción industrial mantuvo un ritmo sólido, reforzando el papel de China como principal centro manufacturero global. Sin embargo, las importaciones crecieron de forma muy limitada, una señal adicional de la debilidad de la demanda interna y de las dificultades para lograr un reequilibrio más amplio del modelo económico.

Desde la Oficina Nacional de Estadísticas destacaron que la economía logró sostener una trayectoria de progreso estable pese a las múltiples presiones. Al mismo tiempo, reconocieron que el entorno externo se ha vuelto más complejo y que persiste una brecha evidente entre una oferta robusta y una demanda interna insuficiente. En ese diagnóstico, el Gobierno admitió que conviven problemas estructurales de larga data con nuevos desafíos que condicionarán el desarrollo en los próximos años.

De este modo, aunque el cumplimiento de la meta anual ofrece un alivio político para las autoridades, el balance deja en claro que la economía china enfrenta un camino estrecho, en el que mantener la estabilidad requerirá ajustes finos y decisiones difíciles en un contexto global cada vez menos favorable.

 

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