Los desafíos económicos en China y su impacto a nivel global

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China, durante décadas un motor de crecimiento económico mundial, actualmente enfrenta una crisis de gran escala que está afectando tanto a su población como a la economía internacional. Varios factores se han combinado para crear esta situación, desde el cambio en el comportamiento de los consumidores y la caída de los sectores clave hasta el aumento del desempleo juvenil y una política gubernamental que enfrenta limitaciones.

Una crisis de confianza que ha frenado el consumo en China

Una de las señales más claras de la crisis económica en China es la moderación creciente en el consumo de las personas. En un país donde el consumo se considera un pilar del crecimiento económico, la falta de confianza en el futuro ha hecho que la gente prefiera ahorrar en lugar de gastar.

Esto contrasta fuertemente con los resultados de encuestas pasadas. En 2014, un 77% de los encuestados en el país se sentían más adinerados en comparación con cinco años antes. Sin embargo, para 2023, solo el 39% de los participantes compartían esta percepción positiva.

Además, el impacto de la pandemia de COVID-19 afectó la estabilidad financiera de muchas empresas y familias, que ahora priorizan el ahorro ante la incertidumbre. Las empresas también han sentido los efectos, optando por recortar salarios y reducir contrataciones.

Los egresados universitarios, por su parte, enfrentan dificultades significativas para integrarse al mercado laboral. En julio de 2024, la tasa de desempleo juvenil en China alcanzó un alarmante 17%, según datos oficiales.

El colapso inmobiliario representa una amenaza para la economía y los ahorros familiares

Uno de los motores más importantes para la economía china es el sector inmobiliario. Este también ha sufrido un colapso importante.

Durante años, los proyectos de bienes raíces y las inversiones masivas en infraestructura sostuvieron tanto los ahorros de las familias como el sistema financiero. Sin embargo, en los últimos años muchos desarrolladores inmobiliarios se han declarado en quiebra, dejando construcciones incompletas y empleos perdidos.

Las deudas acumuladas han debilitado aún más al sector y los precios de las propiedades han caído, lo que ha afectado directamente la riqueza de las familias chinas que invirtieron en bienes raíces. En respuesta a este colapso, las autoridades han decidido restringir el acceso a ciertos datos económicos, con la esperanza de controlar el nerviosismo en los mercados y la percepción pública de una crisis.

Las consecuencias de la sobrecapacidad 

Otra dimensión de la crisis económica en el país asiático está relacionada con el modelo de desarrollo basado en inversiones masivas y sobrecapacidad en sectores industriales.

Durante años, el gobierno incentivó la construcción de infraestructura y el aumento de la producción en sectores como la tecnología y los materiales de construcción, impulsando así el crecimiento del PIB. El problema es que este enfoque resultó en sobreproducción y sobreendeudamiento en muchos sectores.

Según la Comisión Europea, la sobrecapacidad ha contribuido a desequilibrios comerciales con sus socios y ha generado preocupación entre economías extranjeras.

En sectores como el de los vehículos eléctricos, China produce más de lo que su mercado interno puede consumir, lo que está afectando las industrias manufactureras y creando un exceso de oferta. Esta situación presiona a los productores a bajar los precios para mantenerse competitivos, una acción que consecuentemente impacta en la rentabilidad de las empresas y agrava los problemas financieros del sector.

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La respuesta del gobierno y las limitaciones del modelo actual

A pesar de los desafíos, el gobierno de Xi Jinping ha mostrado una preferencia por el control y la estabilidad sobre la implementación de reformas estructurales importantes. Las políticas gubernamentales siguen priorizando la autosuficiencia y el fortalecimiento de sectores estratégicos, aunque esto ha llevado a más deuda y a la necesidad de mayores subsidios. La falta de flexibilidad en la política económica está limitando la capacidad de respuesta ante las dificultades actuales.

Los gobiernos locales también tienen un papel en esta crisis, pues sus inversiones en proyectos de infraestructura, financiadas con deudas elevadas, ya no son viables a largo plazo. La deuda de los gobiernos locales ha superado los 7 billones de dólares.

Impacto en los mercados y las inversiones extranjeras

Los inversionistas extranjeros también están retirando su capital del mercado chino. En 2024, los fondos extranjeros han sido vendedores netos de acciones chinas por primera vez en una década. Además, varias empresas extranjeras, como Sephora e IBM, han reducido su presencia en el país asiático debido a las dificultades del mercado, lo cual afecta tanto al empleo como al crecimiento económico.

La confianza en los activos chinos ha caído y los ahorradores e inversionistas prefieren alternativas como el oro y el mercado de bonos, es decir, buscan refugio en activos más seguros. Esto plantea un nuevo riesgo, ya que el aumento de la demanda de bonos chinos ha reducido sus rendimientos, lo que podría afectar a los bancos si los intereses suben en el futuro.

¿Qué sigue para la economía china?

China ha proyectado un crecimiento de alrededor del 5% para 2024, pero las señales actuales sugieren que este objetivo podría ser difícil de alcanzar. Aunque las exportaciones han sido un factor de impulso en sectores como los vehículos eléctricos, el exceso de oferta está afectando la rentabilidad y el equilibrio en la economía. Las autoridades chinas insisten en que la economía sigue siendo estable y que el impacto de la crisis no es comparable con el de la burbuja inmobiliaria japonesa de los años 80, pero los problemas centrales son evidentes.

 

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