Elon Musk y su producto estrella, Starlink, han provocado una revolución en el acceso masivo a internet, en especial en los países con atraso en las redes de conectividad terrestres como 4G, 5G y redes de fibra óptica.
En el caso de Argentina, que fue líder indiscutible del avance de las telecomunicaciones en los años 90 con la masificación de las infraestructuras tradicionales y la digitalización de sus redes telefónicas, promoviéndose también la masificaciónde la telefonía móvil a todas las localidades de más de 500 habitantes, el uso de teléfonos públicos en aldeas de más de 80 habitantes y una profusa difusión de empresas privadas de datos e internet en todo el territorio, sumado al acceso de su primer satélite geoestacionario Nahuelsat, de capitales privados, hoy tiene un considerable atraso. Con un territorio tan amplio, zonas alejadas de los centros urbanos, zonas extensas de la patagonia o la puna y áreas rurales de difícil acceso, en los 90 se aprobó el acceso a los Satélites de Órbita Baja a través de la resolución 2325 del 8/8/97 de la Secretaría de Comunicaciones, convirtiéndose Argentina en el segundo del mundo en abrir los cielos a estos servicios satelitales. Ese era el comienzo.
En ese entonces el pionero de la telefonía móvil de USA, Craig McCaw, había iniciado su proyecto Teledesic (que luego quedó trunco por la crisis del Nasdaq), que tenía en 1997 las mismas características que hoy tienen Starlink y sus competidores. Junto a ello nacieron proyectos de telecomunicaciones móviles o de datos como Iridium, Globalstar, Orbcomm y nacionales como Latinsat, que llegaron a Argentina. La apertura de los cielos para las telecomunicaciones era un política de estado, ya que con la inversión privada de capitales extranjeros se resolvió el acceso de la conectividad satelital en todo el territorio y para todos los habitantes.
El atraso de la red móvil
En dicho escenario, desde los 2000 en adelante el despliegue de los avances de la telefonía móvil con las tecnologías de última generación se trabó en Argentina. Por un combo de negligencia, falta de conocimiento, cruces de intereses y acciones judiciales, la red 4G tuvo una insuficiente cobertura inicial. El objetivo de replicar el modelo de los 90 de llevar esa red a las localidades de más de 500 habitantes y a todas las rutas y autopistas para permitir el desarrollo de lo que se denomina Internet de las Cosas, (IoT), tan importante para las actividades productivas, logísticas, agrícolas, ganaderas e industriales,se trabó en medio de la mediocridad regulatoria y deldescontrol gubernamental.
La llegada de la Red 5G obviamente también pasó a tener un muy escaso despliegue en medio del oscuro y demagógico decreto de declaración de servicio público de las TIC (Tecnologías de la Información), quedando Argentina rezagada respecto alresto de los países de Latinoamérica. Solamente el admirable despliegue de las redes de fibra óptica de capital privado, las pymes y las cooperativas, se amplió el acceso a la banda ancha con eficiencia. ARSAT, con profusos fondos del estado, se convirtió en un gran constructor de redes aunque teniendo muy atrás su rol de facilitar, en muchos casos, la accesibilidad necesaria (la “última milla”). Los satélites estatales ARSAT I y II, y el nuevo SG1 en construcción, a costa de los presupuestos o créditos estatales, complementaron el acceso, aunque en tiempos en que los satélites geoestacionarios ya no son imprescindibles, sólo complementarios en medio de una muy relevante competencia satelital internacional.

Los satélites de órbita baja (LEO) demostraron en un año en Argentina que son la principal solución para el acceso de banda ancha no sólo en las zonas rurales, mineras,turísticas, petroleras, escolares o actividades rurales sino también en muchas zonas aledañas a las grandes ciudades,demostrando que la soberanía de un país, en este caso la accesibilidad de las comunicaciones, no tiene que ver con el origen del capital sino con la capacidad de resolver los problemas de los compatriotas. Starlink, cuya autorización definitiva se demoró largamente en el gobierno de Alberto Fernández, se convirtió en un boom de consumo para felicidad de la población. Nunca se podrá saber a ciencia cierta por qué y con qué motivo se dilató tanto esa autorización en un país como el nuestro, que heredó una muy simple regulación y había liderado esa industria. Finalmente, llegó por la decisión personal del Presidente Javier Milei y Starlink comenzó a operar en Argentina.
El colapso por exceso de demanda de la Red Starlink en muchas zonas del país, por la enorme necesidad de conectividad, es una prueba suficiente de que era útil, beneficiosa y requerida por Argentina. La autorización de las dos nuevas constelaciones de satélites LEOs como Kuiper (del Grupo Amazon) y OneWeb avizoran un mercado competitivo que beneficiará a los consumidores.
El próximo boom: Los satélites LEO de China
Con la visita del Presidente Xi Jinping al G20 a Brasil se anunció el desembarco de una de las tres constelaciones de satélites de órbita baja chinas, en este caso SpaceSail, aliada comercialmente a la empresa brasilera Telebras. SpaceSail forma parte de la estrategia espacial global de China, cuyo programa Qianfan («Mil Velas») representa la primera incursión internacional de ese país en el mercado de internet satelital.

El territorio brasilero, tan extenso y con demanda enorme de conectividad de calidad, es un mercado gigante para tener un despliegue exitoso. Países como Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Colombia, son mercados también grandes y Space Sail competirá y se complementará con Starlink, con Kuiper y las otras redessatelitales.
La era de «Direct to Cell«, las nuevas empresas móviles
Las empresas satelitales, ya con avances enormes en materia de baja de precios de los equipos para su uso, acordaron, con la autorización gubernamental, con diversas empresas de telefonía móvil terrestres la complementación de sus comunicaciones con la banda ancha satelital (el FFCC, el regulador de USA, aprobó el primer caso entre Starlink y T-Mobile). Se trata de justamente de complementar sus redes para que los clientes tengan cobertura, sin agujeros negros, en todo el territorio. Seguramente, criterios similares seguirá Kuiper y los otros competidores, incluidas las empresas europeas y chinas.
Una vez más, como sucedió en los 90, el capital privado resuelve las demandas de conectividad en todo el territorio nacional.
Los interrogantes sobre la falta de despliegue de las redes 4G y 5G y los profusos recursos del estado en financiamiento al acceso de las comunicaciones a través del ya desaparecido Fondo del Servicio Universal (FSU) seguirán sin respuesta, demostrando que la regla de que el inhumano y dispendioso manejo del dinero del pueblo al final no rinde cuentas. El enclaustramiento que Argentina hizo de su población en tiempos del COVID dejó a cientos de miles de argentinos sin escuela o sin acceso al trabajo, porque sus redes en zonas con poco acceso casi no tenían conectividad. Triste ejemplo de las consecuencias de este atraso.

La conectividad de los satélites LEO son un regalo que llega del cielo
Abrir los cielos a los capitales extranjeros ha traído, y traerá más aún, una solución para que seamos un país mejor conectado. Solución imprescindible en medio del boom de las inversiones mineras, petroleras, gasíferas, turísticas, pesqueras, y con la sofisticada capacidad de nuestra agroindustria, que demanda maquinaria agrícola de última generación, vehículos autónomos, mapas de suelo online, pulverización inteligente y toda la nueva generación de tecnología agrícola basada en la inteligencia artificial.
Gran iniciativa de los gobiernos de casi todas las provincias: llevar Starlink a sus escuelas rurales para dar conectividad a docentes y alumnos. En el estado federal las provincias son las responsables de la educación. Curioso el hecho de que el estado nacional, a las mismas escuelas, les está enviando también los mismos equipos,quizás sin saber que con un solo equipo debería alcanzar para esa demanda. Es de esperar que consulten a las provincias acerca de dónde hacen falta y coordinen con ellas su ubicación, ya que al final el dinero sale del mismo bolsillo.
Los satélites de órbita baja le están dando voz a los que no tiene voz y datos a los que los necesitan. Ojalá que la llegada de mucha competencia baje los precios, facilite el acceso y que no haya más argentinos desconectados.
Las nuevas empresas, además de Starlink y Kuiper, son bienvenidas para hacer lo que mejor hacen las empresas serias: resolver los problemas de la gente.
Los satélites de órbita baja, con los mismos reglamentos que aprobamos en los 90, están ayudando a recuperar los años perdidos y a recobrar la senda del progreso. ¡En buena hora!
Ex Secretario de Comunicaciones de la Nación. Ex Intendente de la Ciudad de Córdoba, 1999-2003.












