«Hombres como mujeres, mujeres como hombres”: la interpretación del género en el teatro japonés

teatro japonés

Sobre el escenario, una figura femenina desliza sus manos con delicadeza, sus movimientos precisos parecen desafiar la rigidez del kimono. Su voz, sin embargo, revela un matiz inesperado. No es una mujer quien interpreta a la protagonista de la obra, sino un actor masculino, siguiendo una tradición que se remonta siglos atrás en el teatro japonés

Por otro lado, en una sala repleta de espectadores, una actriz vestida con un esmoquin proyecta una imagen de elegancia y determinación, representando a un hombre con una masculinidad idealizada. Ambos casos son parte de una misma historia: la actuación de géneros cruzados en el teatro japonés, una práctica que ha evolucionado con el tiempo y sigue presente hoy en día. 

En el siguiente artículo, haremos un repaso por la evolución de esta práctica en las artes teatrales japonesas, explorando cómo cada una de estas expresiones ha desarrollado su propia estética y técnica para representar el género opuesto. 

La actuación de género cruzado y la construcción del género en escena

La actuación de género cruzado es la práctica en la que un actor o actriz interpreta un personaje del género opuesto, ya sea por restricciones sociales, decisiones artísticas o convenciones teatrales. Este recurso ha estado presente en distintas tradiciones teatrales y ha influido en la manera en que se conciben y representan las nociones de feminidad y masculinidad.

La filósofa norteamericana Judith Butler (1990) propone la teoría de la performatividad del género, según la cual el género no es una identidad fija, sino una serie de actos estilizados y repetidos en un contexto social y cultural. 

Aplicado al teatro, esto implica que la representación del género en escena no es una simple imitación, sino una construcción activa de lo que se percibe como masculino o femenino a través del cuerpo, la voz, el vestuario y el gesto. 

En el teatro japonés, esta idea se manifiesta en las distintas formas teatrales que han empleado la actuación de géneros cruzados como parte de su lenguaje artístico.

El precedente de las shirabyōshi: mujeres en ropas masculinas

Bailarina shirabyōshi por Oishi Matora (1794-1833). Fuente: Fuji Arts.

En el período Heian (794-1185), Japón experimentó un florecimiento cultural bajo la influencia de la aristocracia cortesana, caracterizado por el desarrollo de una estética refinada en la literatura, la música y las artes. En este contexto surgieron las shirabyōshi, mujeres que vestían con ropas masculinas y actuaban para nobles y samuráis de alto rango.

Las shirabyōshi se destacaban por su apariencia que combinaba elementos tradicionalmente masculinos y femeninos. Sus rostros estaban cubiertos de maquillaje blanco, mientras que sus cabellos, largos y lacios, se recogían con una coleta en la parte posterior. 

Su vestimenta estaba compuesta por un ebōshi, un sombrero originalmente reservado para hombres de alta posición social durante el período Heian y que en la actualidad es utilizado por hombres y mujeres en ciertas ceremonias sintoístas. Además, portaban una espada samurái enfundada en la cintura y vestían un hakama, una prenda masculina similar a una falda-pantalón que cubría casi la totalidad del cuerpo. 

Si bien las shirabyōshi no formaban parte de un teatro en sentido estricto, ya que su especialidad era la danza tradicional, pueden considerarse como una de las primeras manifestaciones de la actuación de géneros cruzados en el arte japonés.

El teatro Noh y la feminidad interpretada por hombres

El Noh es una de las formas más antiguas de teatro japonés que aún se representa en la actualidad. Sus orígenes se remontan al siglo XIV, cuando Kan’ami Kiyotsugu (1333-1384) y su hijo Zeami Motokiyo (1363-1443) refinaron y formalizaron este arte escénico. 

Su popularidad creció rápidamente en la Corte Imperial, en gran parte debido al apoyo del shōgun Ashikaga Yoshimitsu, quien quedó impresionado por la habilidad actoral de Kan’ami. Kan’ami se destacó por su versatilidad como actor: a pesar de su complexión imponente, lograba representar con igual destreza a hombres poderosos y a mujeres delicadas.

El Noh ha sido, desde sus inicios, un teatro interpretado exclusivamente por hombres, donde todos los roles, incluidos los femeninos, son representados por actores masculinos. A diferencia de otros tipos de teatro, en los que se recurre al maquillaje y a gestos exagerados para construir una imagen idealizada de lo femenino, en el Noh la caracterización se basa en el uso de máscaras (nō-men). Estas, elaboradas con gran detalle, no solo indican el género y la edad del personaje, sino que también permiten transmitir distintas emociones según la inclinación de la cabeza y la iluminación.

teatro Japonés
Actor de Noh con una máscara ko-omote, utilizada para representar a personajes femeninos. Fuente: Yamamoto Noh Theater.

Los personajes femeninos en el Noh suelen representarse con máscaras como la ko-omote, que simboliza a una joven de rostro delicado e inexpresivo, o la fukai, que retrata a una mujer madura con una expresión melancólica. 

Además de la máscara, la construcción del personaje femenino se complementa con el vestuario: los actores visten kimonos de seda con múltiples capas, los cuales limitan sus movimientos y refuerzan la estilización de la actuación. Se recurre al uso de pelucas negras y peinados simples. También se utilizan accesorios decorativos para el pelo y abanicos, los cuales complementan los momentos de danza. 

Si bien con la Restauración Meiji, a finales del siglo XIX, se permitió a las mujeres subir al escenario tras siglos de prohibición, no fue hasta 1948 que se reconoció por primera vez a una mujer como intérprete profesional de Noh. Hoy en día, aunque hay al menos 200 actrices de Noh registradas en Japón, sus oportunidades de actuación suelen ser limitadas y su participación, controvertida.

El teatro Kabuki y la especialización en roles femeninos

El actor onnagata Shichinosuke Nakamura, en una escena de la obra “Fuji musume”. Fuente: El País.

A diferencia del teatro Noh, cuyo desarrollo estuvo ligado a la aristocracia y a un refinado sentido estético, el teatro Kabuki surgió en un contexto de florecimiento cultural durante el período Edo (1603-1868), cuando la sociedad japonesa experimentó un auge en el comercio, la vida urbana y el entretenimiento popular. 

El origen del teatro Kabuki se atribuye a Izumo no Okuni, una sacerdotisa del santuario sintoísta Izumo Taisha en la región de Shimane. A principios del siglo XVII, Okuni y otras intérpretes realizaban actuaciones y danzas a lo largo del río Kamo, en Kioto, atrayendo a una gran cantidad de público. 

Su estilo innovador combinaba elementos de danza, teatro y pantomima, y se caracterizaba por la vestimenta poco convencional de sus intérpretes: ropas extranjeras, como pantalones portugueses, así como vestimenta masculina complementada con katanas y rosarios colgados al cuello. Se dice que estos elementos estaban inspirados en los kabukimono, jóvenes errantes de la clase guerrera conocidos por su conducta extravagante y provocadora.

Mientras que el Noh era un teatro vinculado a la corte, el teatro Kabuki se consolidó como un espectáculo urbano dirigido a las clases populares. Su carácter visualmente colorido y extravagante lo diferenciaba del teatro más sobrio y estilizado del Noh.

Las primeras representaciones de Kabuki eran interpretadas exclusivamente por mujeres, quienes asumían tanto roles femeninos como masculinos. Estas obras incluían pantomimas de fuerte carga sensual, escenas de interacción erótica en casas de té y situaciones de voyeurismo en casas de baños, lo que contribuyó a su rápida asociación con los barrios del placer y, en consecuencia, con la prostitución.

El creciente pánico moral llevó al bakufu (gobierno militar del shogunato) a prohibir la participación de mujeres en el Kabuki en 1629. En su lugar, actores jóvenes asumieron los roles femeninos, pero esta práctica también terminó vinculándose con la prostitución, lo que provocó una nueva prohibición. Finalmente, los hombres adultos comenzaron a actuar en el Kabuki, asumiendo tanto roles masculinos como femeninos, perfeccionando una técnica que les permitía encarnar con precisión los gestos y el porte de una mujer idealizada. Naciendo así, el rol del onnagata. Un rol dedicado especialmente a la interpretación de personajes femeninos. Esta tradición ha perdurado hasta nuestros días, y dicho papel sigue siendo interpretado exclusivamente por actores masculinos. 

A diferencia del Noh, donde se reconoce oficialmente a actrices, en el Kabuki la presencia femenina sigue siendo más limitada. Aunque existen formaciones de actrices que interpretan este teatro, sus representaciones no tienen la misma visibilidad que las de las grandes compañías, en las que los hombres continúan dominando la escena.

La Takarazuka Revue y la masculinidad encarnada por mujeres

De izquierda a derecha las actrices otokoyaku Wao Youka, Shibuki Jun, Kouju Tatsuki y Emao Yuu. Fuente: Takarazuka Graph.

La tradición de la actuación de géneros cruzados en el teatro japonés continuó en la era moderna. Con el inicio de la Restauración Meiji (1868-1912), un período marcado por la modernización y la apertura de Japón al mundo, se permitió nuevamente la participación de mujeres en el teatro tras siglos de prohibición. Esta transformación coincidió con el auge de nuevas formas de entretenimiento para las masas, entre las que destacó la creación de la Takarazuka Revue.

Fundada en 1913 por Kobayashi Ichizō, un empresario ferroviario, la Takarazuka Revue surgió como una compañía innovadora de teatro musical integrada exclusivamente por mujeres. Kobayashi buscaba fomentar el turismo y el comercio en la ciudad de Takarazuka, en la prefectura de Hyōgo, y para ello concibió una compañía en la que jóvenes actrices recibieran formación en canto, danza y actuación.

Con el tiempo, la compañía ganó reconocimiento, pero no fue hasta la década de 1970, cuando realmente experimentó un gran auge en popularidad. Su audiencia principal en aquel entonces y actualmente, es mayoritariamente femenina, y uno de sus mayores atractivos son las otokoyaku, actrices especializadas en interpretar roles masculinos. 

A diferencia de los teatros tradicionales japoneses, donde en distintas épocas se excluyó a las mujeres de los escenarios, en la Takarazuka Revue la exclusividad femenina se ha mantenido desde sus inicios. Kobayashi estableció como principios fundamentales de la compañía los valores de «pureza, rectitud y belleza», y consideró que la inclusión de hombres podría comprometer esta visión.

Las otokoyaku dedican toda su trayectoria dentro de la compañía a interpretar personajes masculinos, lo que implica un riguroso entrenamiento para desarrollar una expresión corporal y vocal que refuerce la ilusión escénica. Para ello, adoptan un estilo de vestimenta y peinado masculino y modulan su voz para alcanzar tonos más graves. Sin embargo, la masculinidad representada en la Takarazuka Revue no es una reproducción directa de la masculinidad socialmente aceptada en Japón. 

En lugar de una imagen ruda o agresiva, los personajes masculinos de la compañía encarnan una versión idealizada: hombres nobles, atentos y de gestos refinados, cuya elegancia y sensibilidad constituyen parte esencial del encanto de este estilo teatral.

A lo largo de la historia del teatro japonés, la interpretación de personajes del género opuesto ha sido una práctica habitual, desde las shirabyōshi y los actores del Noh, hasta los onnagata del Kabuki y las otokoyaku de la Takarazuka Revue. Cada una de estas formas artísticas ha desarrollado técnicas propias para capturar la esencia de la feminidad y la masculinidad en escena, mostrando cómo el género puede ser moldeado a través del arte y la interpretación.

En la próxima nota, seguiremos adentrándonos en el mundo del teatro Kabuki, y desarrollaremos los orígenes y evolución de éste teatro y el rol del onnagata, explorando cómo estos actores han perfeccionado el arte de representar lo femenino en el escenario.

Este artículo se publica en el marco de la colaboración entre ReporteAsia y el Instituto Argentino Japonés Nichia Gakuin de Buenos Aires.

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Técnica Superior en Cultura y Lengua Japonesa, egresada del Instituto Superior en Estudios Japoneses Nichia Gakuin y actualmente cursa la Licenciatura en Ciencias Sociales y Humanidades en la Universidad Nacional de Quilmes. En su último año de la tecnicatura, su investigación se centró en la construcción de lo femenino y lo masculino en el teatro japonés. También le interesan las artes visuales y musicales de Japón.