Tecnofobia y J-Horror: el miedo a la tecnología en el cine de terror japonés

A partir de la película Ringu (El Aro) de 1998, el cine J-Horror explora el miedo a la tecnología, convirtiendo dispositivos cotidianos en medios para los espíritus malignos. Estas películas reflejan la ansiedad social ante el avance tecnológico, utilizando la tecnofobia como un vehículo para el terror y la crítica social.

La tecnología como fuente de terror

A medida que la tecnología avanza y se integra cada vez más en la vida cotidiana, también emergen nuevos miedos en torno a su influencia. El cine de terror japonés, o J-Horror, ha sabido capturar y amplificar estos temores, utilizando dispositivos tecnológicos comunes como medios para generar terror. Así, se reflejan las preocupaciones modernas sobre la omnipresencia de la tecnología y su potencial para invadir nuestras vidas de maneras insospechadas. 

A continuación, abordaremos cómo el J-Horror construye el terror a partir de la tecnofobia, a través de un breve repaso de las películas Ringu (El Aro) de 1998, Kairo (Pulse) de 2001 y Chakushin Ari (Una llamada perdida) de 2003.

Del folclore a la modernidad en el J-Horror

El J-Horror, a diferencia del cine de terror occidental que frecuentemente recurre a lo grotesco y a los sustos repentinos, se centra en el miedo psicológico y en la creación de climas de tensión. Además, las películas de este género no solo buscan asustar, sino también reflexionar sobre los peligros inherentes a la modernidad. En este contexto, la tecnología se convierte en un catalizador del terror, representando una advertencia sobre su uso inadecuado.

El cine de terror, según el académico Vlad Sirbu, está estrechamente vinculado con los cambios sociales y tecnológicos, lo que provoca una constante evolución en el objeto de terror conforme avanza la sociedad. Por su parte, el especialista en Sci-Fi Marcelo Acevedo explica que, mientras que en el pasado el miedo podía centrarse en elementos naturales como los ríos, con la leyenda del kappa, la modernidad ha trasladado estos temores a dispositivos como televisores, computadoras y celulares. 

El J-Horror, a diferencia del cine de terror occidental que frecuentemente recurre a lo grotesco y a los sustos repentinos, se centra en el miedo psicológico y en la creación de climas de tensión.

Esta adaptación a las nuevas tecnologías, según Sirbu, ha dado lugar en Japón a una “nueva ola de terror”, a fines de los años 90’, que reconstruye los espíritus shintoistas tradicionales.

Siguiendo la argumentación de Acevedo, esta invasión de lo moderno en el mundo antiguo y tradicional, particularmente de la tecnología, introduce un nuevo tipo de terror que refleja las ansiedades de la sociedad contemporánea. En ese sentido, las películas seleccionadas para este breve análisis son claros ejemplos de cómo la tecnofobia se manifiesta en el cine japonés, utilizando la tecnología como un puente entre el mundo de los vivos y el más allá.

Kairo (2001). Fuente: IMDb.

Ringu: el inicio de una nueva era de terror

Ringu (1998) de Hideo Nakata es una obra clave que ha influido profundamente en el cine de terror a nivel mundial, ya que estableció la fórmula que propone a la tecnofobia como medio para producir terror y realizar una crítica a la sociedad moderna. 

La película es una adaptación de la novela homónima de Koji Suzuki, que reinterpreta la antigua leyenda de Banchō Sarayashiki en un contexto moderno. En la leyenda original, según una de sus versiones, el espíritu de una sirvienta llamada Okiku regresa para vengarse después de ser arrojada a un pozo por romper un valioso plato. En Ringu, la narrativa se actualiza con el espíritu de Sadako, una joven que murió trágicamente y cuyo cuerpo fue arrojado a un pozo, utiliza un VHS maldito para desatar su venganza.

En la película, la tecnología en sí misma se convierte en el medio a través del cual el espíritu vengativo ejerce su influencia maléfica. La icónica escena de Sadako emergiendo de la televisión ilustra perfectamente cómo un elemento cotidiano, se transforma en algo temible y destructivo. Este uso de aparatos electrónicos no es arbitrario, sino que sirve como una crítica social, advirtiendo sobre los peligros de su uso descontrolado. 

De esta manera, la película no solo asusta, sino que también invita a pensar sobre cómo la tecnología puede influir negativamente en nuestras vidas.

Ringu (1998). Fuente: MUBI. 

Kairo: internet como puente a lo sobrenatural

Ringu sentó las bases para que otras películas exploraran la tecnofobia en el J-Horror. En este caso, Kairo (2001) de Kiyoshi Kurosawa, lleva esta idea un paso más allá, utilizando Internet como el vehículo para el terror. En este filme, las computadoras no solo facilitan el acceso a la web, sino que también abren un portal entre el mundo de los vivos y el de los muertos. 

Los fantasmas en Kairo, según afirma Acevedo, no son onryō tradicionales; son almas en pena atrapadas en la red, reflejando el aislamiento y la desesperación que puede causar su mal uso.

Así, la película hace una crítica sobre cómo la tecnología puede llevar al aislamiento social, un problema de la sociedad moderna. Los personajes en Kairo se encuentran cada vez más solos y desconectados del mundo real, lo que finalmente los lleva a la desesperación y, en muchos casos, al suicidio. De esta forma, se representa al internet como un espacio donde lo sobrenatural puede manifestarse.

Kairo (2001). Fuente: GenreVision. 

Chakushin Ari: una llamada mortal

En Chakushin Ari (2003) de Takashi Mīke, el celular, un dispositivo omnipresente en la vida moderna, se convierte en un instrumento de muerte. Los personajes, luego de tener una llamada perdida, reciben mensajes en el buzón de voz que predicen su propia muerte, creando una atmósfera de inevitabilidad y fatalismo.

El uso del celular en la película demuestra cómo los dispositivos modernos no solo reflejan nuestra creciente dependencia, sino que también nos aíslan de la realidad, creando una desconexión y una sensación de soledad compartida. Así, al igual que con el VHS en Ringu y el internet en Kairo, el celular, se convierte en el medio para transmitir una maldición.

Chakushin Ari (2003). Fuente: Letterboxd. 

La crítica social en el J-Horror

Por último, cabe destacar que el J-Horror ha sabido aprovechar las ansiedades contemporáneas relacionadas con el avance tecnológico para crear un nuevo tipo de terror. Las películas analizadas en este artículo demuestran cómo la tecnofobia puede ser utilizada para construir un objeto de terror eficaz. 

Al final, el miedo a la tecnología en el J-Horror no es solo un reflejo de los peligros inherentes a la modernidad, sino también una crítica social que nos advierte sobre los riesgos de un mundo cada vez más dependiente de lo tecnológico.

+ posts

Técnica Superior en Cultura y Lengua Japonesa graduada del Instituto Superior de Estudios Japoneses de Nichia Gakuin. Actualmente es estudiante de la Licenciatura en Ciencias Sociales y Humanidades en la Universidad Nacional de Quilmes. La industria cultural japonesa ha sido objeto de sus investigaciones, con particular enfoque en la moda y la música.