BTS contra los Grammy: la trampa de la categoría «Asian Pop» y el boicot que nadie esperaba

BTS Grammy

Hay una manera elegante de excluir a alguien: darle su propia categoría. No en la mesa principal, donde se sirven los premios que importan —Album del Año, Canción del Año, Grabación del Año— sino en una mesa aparte, con su propia vajilla temática y un cartel que dice «Best Asian Pop Music Performance.» Bienvenidos. Ahora quédense aquí.

BTS vio la trampa antes que nadie y dijo que no. El 29 de julio, los siete miembros publicaron el mismo mensaje en sus cuentas de Instagram: no presentarán su música para los Grammy 2027. No hubo drama. No hubo insultos. Solo una frase que la Recording Academy debería enmarcar y colgar en su sede de Los Ángeles: «Esperamos que la música pueda ser escuchada y amada por lo que es, sin ser dividida por región o idioma.»

La academia respondió borrando los videos históricos de BTS de su sitio oficial. Sin explicación. Sin comunicado. Simplemente desaparecieron las actuaciones de Dynamite y Butter, las mismas que la institución había usado durante años para demostrar que era global, moderna y abierta. Cuando el artista se va, borran su rastro. Es la respuesta institucional más reveladora posible.

La categoría que excluye a quien pretende incluir

El absurdo central de este episodio merece ser subrayado: la nueva categoría «Best Asian Pop Music Performance» requiere que las canciones contengan «uso significativo» de un idioma asiático. BTS acaba de lanzar Arirang, su álbum de regreso más exitoso, con más del 80% de sus letras en inglés. Su single Swim llegó al número uno en Estados Unidos cantado en inglés. Bajo las reglas del premio creado para reconocer a artistas asiáticos, BTS —el grupo asiático más exitoso de la historia— no califica.

Pero no se preocupen. Harvey Mason Jr., CEO de la Recording Academy, está «entristecido» por la decisión del grupo. Lo respeta. La academia «continuará escuchando a la comunidad musical global.» Cuándo exactamente empezó ese proceso de escucha no queda claro, porque si hubieran escuchado antes de crear la categoría, alguien les habría explicado que más del 80% del álbum más importante del año de BTS estaba en inglés.

La falacia de «Asian Pop»

El reglamento de los Grammy describe el «Asian pop» como «una forma de música popular distinta y globalmente reconocida.» Lo es, en el mismo sentido en que «música europea» es una forma distinta y globalmente reconocida: lo suficientemente amplia como para no significar nada concreto.

K-pop, J-pop y C-pop —los tres ejemplos que da el reglamento— son industrias con lógicas completamente distintas. El J-pop es un término que surgió en la radio japonesa de los años ochenta para separar canciones en japonés de canciones en inglés: no describe un sistema de producción sino un idioma. El C-pop abarca el mandarín de Taiwán y el de China continental, el cantonés de Hong Kong y decenas de géneros regionales. El K-pop sí tiene una estructura identificable —el sistema de entrenamiento de ídolos— pero esa estructura no define a la música asiática en su conjunto, igual que el sistema de Nashville no define a toda la música estadounidense.

Kenshi Yonezu, el cantautor japonés que los propios Grammy señalan como favorito para la nueva categoría, no tiene nada que ver con el sistema de producción de ídolos. Agruparlo con BTS porque los dos son asiáticos es equivalente a meter a Bob Dylan y a Taylor Swift en la misma categoría porque los dos son americanos.

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Bad Bunny en su rincón latino

Ted Chung, CEO de Hyundai Card y curador de algunos de los mejores conciertos que se hacen en Seúl, lo formuló con la precisión del que conoce la industria: «¿Bajo esta lógica, debería Bad Bunny o Ricky Martin ser separado y recibir solo premios de música latina?»

Es la pregunta correcta. Los Latin Grammy existen porque la industria latina los creó para sí misma, desde adentro, con sus propias reglas. Esa es la diferencia fundamental: los artistas latinoamericanos construyeron su propia institución. Los artistas asiáticos recibieron una caja que alguien más diseñó para ellos, dos meses antes de la fecha límite de presentaciones, sin consultarles.

Hay algo profundamente colonial en esa lógica. No en el sentido de intención maliciosa —Mason Jr. parece genuinamente convencido de que está haciendo algo bueno— sino en el sentido estructural: la institución hegemónica decide qué merece reconocimiento, cómo se categoriza y bajo qué términos se incluye a los que estaban afuera. Los incluidos no tienen voz en el diseño del sistema. Solo en la decisión de participar o no.

BTS eligió no participar.

Japan y China son el segundo y tercer mercado musical del mundo

Hay una presunción implícita en la creación de categorías como «Best Asian Pop Music Performance» que vale la pena nombrar: la de que los artistas asiáticos necesitan los Grammy para legitimarse. Que «llegar» significa ser nominado en Los Ángeles. Que el gold standard del éxito musical es el reconocimiento de la academia estadounidense.

Japón es el segundo mercado musical más grande del mundo. China es el tercero. Corea del Sur crece a tasas que superan a la mayoría de los mercados europeos. El intercambio cultural asiático —lo que el académico Koichi Iwabuchi llama «inter-Asian referencing»— lleva décadas produciendo fenómenos culturales que no necesitan pasar por el filtro de la Recording Academy para tener impacto global.

Los Grammy llevan cinco años intentando incorporar el K-pop sin entender qué es. El resultado es una categoría que excluye al artista coreano más famoso del mundo por cantar en inglés. Si eso es inclusión, el exclusivismo de antes era más honesto.

Lo que BTS ya ganó sin ganar nada

BTS actuó en los Grammy. Fue nominado cinco veces. Nunca ganó. Sus videos fueron borrados del sitio oficial cuando decidió no participar. Y sin embargo, el boicot del grupo hizo más por visibilizar el debate sobre cómo la industria musical occidental trata a los artistas asiáticos que cualquier discurso en la ceremonia hubiera podido hacer.

A veces la manera más efectiva de señalar la injusticia de un sistema es negarse a participar en él. The Weeknd lo hizo. Frank Ocean lo hizo. Drake lo dijo en 2020 con una claridad que todavía resuena: «Creo que deberíamos dejar de permitirnos sorprendernos cada año por la desconexión entre la música impactante y estos premios.»

BTS eligió el mismo camino. Y la academia, fiel a sí misma, respondió borrando sus videos. Lo que era una controversia sobre una categoría musical se convirtió en una demostración de carácter institucional. La Recording Academy mostró exactamente quién es cuando alguien con poder dice que no.

La mesa del rincón sigue vacía. Y la mesa principal sigue siendo la misma de siempre.

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Internacionalista. Periodista con interés en Asia.