El asunto es Huawei, y siempre fue Huawei

Huawei

La disputa que hoy tensa a Vaca Muerta no es nueva: es el mismo pleito que Washington viene librando contra la empresa china desde hace casi una década, con distintos escenarios y el mismo protagonista. Lo que cambia esta vez es el mapa: Neuquén, la Patagonia argentina, y el yacimiento no convencional más codiciado de Sudamérica.

El precedente que marcó el pulso global fue la detención de Meng Wanzhou, directora financiera de Huawei e hija del fundador Ren Zhengfei, arrestada en Canadá en diciembre de 2018 a pedido de la justicia estadounidense: sea acusó de fraude bancario por engañar al banco HSBC sobre los lazos comerciales de su empresa con Irán, lo que habría violado las sanciones impuestas por el gobierno estadounidense.

El caso, que derivó en casi tres años de disputa diplomática entre Ottawa y Pekín —con dos ciudadanos canadienses detenidos en China en represalia—, fue el punto de inflexión que convirtió a Huawei en el símbolo de la pulseada tecnológica entre las dos potencias. Poco después, Washington incluyó a la compañía en su lista negra comercial (Entity List), le cortó el acceso a componentes y software estadounidenses, y presionó a sus aliados para que hicieran lo mismo. Meng fue liberada el 24 de septiembre de 2021. Esto ocurrió después de alcanzar un acuerdo de enjuiciamiento diferido con el Departamento de Justicia de Estados Unidos.

En Europa, la ofensiva tuvo distintos grados de éxito. El Reino Unido, que en un primer momento había autorizado una participación limitada de Huawei en su red 5G, terminó revirtiendo la decisión en 2020 y ordenó remover todo su equipamiento para 2027. Otros países, como Suecia, también vetaron a la firma china de sus redes de nueva generación, mientras que Alemania y Francia optaron por restricciones más graduales, apoyadas en esquemas de evaluación de riesgo por proveedor. El argumento, en todos los casos, fue el mismo que hoy repite la embajada estadounidense en Buenos Aires: la Ley de Inteligencia Nacional china de 2017 obliga a las empresas del país asiático a cooperar con los servicios de inteligencia del Estado cuando estos lo requieran, lo que —sostiene Washington— convierte a cualquier infraestructura crítica operada por Huawei en un riesgo potencial de acceso a datos sensibles por parte de Pekín.

El capítulo argentino: CALF, Lamelas y Vaca Muerta

La última escena de esa película se filmó en Neuquén. La Cooperativa Provincial de Servicios Públicos y Comunitarios de Neuquén Limitada (CALF), la mayor distribuidora eléctrica de la Patagonia, había avanzado en un acuerdo con Huawei para desplegar infraestructura de fibra óptica y un centro de datos vinculado a la cuenca de Vaca Muerta. El embajador estadounidense Peter Lamelas envió una carta a la cooperativa pidiendo dar de baja la negociación, y trascendieron mensajes de WhatsApp de un funcionario de su embajada advirtiendo sobre eventuales restricciones de visado a los directivos que avanzaran con la tecnológica china. CALF calificó el episodio como una «presión indebida» y elevó el reclamo a la Cancillería, encabezada por Pablo Quirno.

Lamelas no bajó el tono: en el summit de AmCham Energía acusó directamente a Huawei de «espiar para el Partido Comunista Chino» y sostuvo que las empresas sujetas a las leyes de inteligencia chinas están obligadas a entregar a Pekín los datos que recopilan en cualquier parte del mundo. «La seguridad energética de los datos es la seguridad nacional de ambos países», planteó, y afirmó que las compañías que quieren invertir en la Argentina «quieren garantías de que sus datos están protegidos, en redes de confianza». También apeló a las restricciones que rigen en su propio país para cuestionar por qué, si Huawei fuera segura, no podría comercializar sus equipos allí.

Huawei respondió que es una empresa «100% privada», con presencia en la Argentina desde 2001, que opera «en estricto cumplimiento de las leyes y regulaciones de cada país donde actúa», y remarcó sus 25 años de trayectoria acompañando la conectividad y la transformación digital del país.

China acusa a Lamelas de «calumnia sin fundamento» y rechaza las críticas a Huawei en Argentina

La respuesta de Pekín

La embajada de la República Popular China en Buenos Aires no se quedó callada. En un comunicado, acusó a la sede diplomática estadounidense de haber «avivado deliberadamente la teoría de la amenaza china», de generalizar el concepto de seguridad nacional y de «sembrar miedo en el mercado». Calificó las acusaciones de Lamelas como «calumnias sin ningún fundamento» y sostuvo que la actitud de Washington está «motivada por la mentalidad de guerra fría». Defendió además el historial de Huawei en ciberseguridad y protección de datos, respaldado —dijo— por auditorías y verificaciones de terceros.

El comunicado fue más allá de lo técnico: acusó a Estados Unidos de recurrir a la revocación de visados como forma de impedir «de forma descarada» que una empresa argentina coopere con una compañía china, en lo que definió como una «grave falta de respeto hacia la soberanía» de terceros países. Y remató con una definición política: la Argentina, como Estado soberano, «tiene todo derecho a decidir de forma autónoma con quién colabora», sin necesidad de que otros le indiquen qué proveedores son confiables.

Lo que está en juego

Más allá del cruce diplomático, el trasfondo es estructural. Vaca Muerta dejó de ser solo una cuestión energética para convertirse en un activo geopolítico: quien controle la infraestructura de datos y telecomunicaciones que rodea al yacimiento no convencional más importante de Sudamérica tendrá, de facto, una ventana sobre su operación. Washington necesita blindar ese activo frente a la competencia china para sostener su narrativa de «socio confiable» en la transición energética regional; Pekín, por su parte, no está dispuesto a resignar dos décadas de presencia comercial e industrial en el país solo porque Washington lo pida.

Para la Argentina, el dilema es menos ideológico que práctico: cómo capturar inversión y tecnología de ambas potencias sin quedar atrapada como terreno de disputa entre las dos, en un momento en que el gobierno de Javier Milei busca estrechar lazos con Washington sin resignar la relación comercial con Pekín, uno de sus principales socios comerciales y financieros.

 

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Periodista con sede en Brasil, experto en Relaciones Internacionales.