Israel cerró su consulado en Chengdu tras cinco años, en un contexto de reacomodamiento diplomático chino en Medio Oriente

El consulado general de Israel en Chengdu, ciudad del suroeste de China y capital de la provincia de Sichuan, dejó de operar oficialmente en julio, luego de que la salida se anunciara en junio. La confirmación llegó a través de una carta publicada el miércoles en las redes sociales de la sede diplomática, en la que su cónsul general saliente, Gadi Harpaz, definió sus cinco años en la ciudad china como el período más memorable de su carrera y se despidió con un profundo sentimiento de tristeza y nostalgia, aunque remarcó que los puentes de amistad y las memorias construidas durante ese tiempo perdurarán más allá del cierre. Israel continúa operando consulados en Shanghái, Cantón y Hong Kong, además de su embajada en Pekín.

El cierre no fue una sorpresa total. A fines del año pasado, Israel ya había anunciado que cerraría una de sus misiones diplomáticas en China sin especificar cuál, y la baja de una búsqueda laboral para el puesto de jefe del consulado en Chengdu había alimentado especulaciones sobre esta decisión en los meses previos. La salida de Harpaz llega, además, dos años después de una controversia puntual: en 2023, el consulado había compartido en redes una carta atribuida a «un amigo chino desconocido» que generó fuerte rechazo entre usuarios de internet en China.

Consultado por South China Morning Post, el analista Zhu Yongbiao, especialista en Medio Oriente y director del Centro de Estudios sobre Afganistán de la Universidad de Lanzhou, relativizó el peso del episodio y lo describió como una etapa normal en la evolución del vínculo bilateral, que ya había absorbido varios sacudones en los últimos años sin quebrarse. El medio hongkonés indicó que se contactó con la embajada israelí en Pekín para pedir una reacción oficial, sin que trascendiera hasta el momento una respuesta.

El telón de fondo regional excede largamente la lectura administrativa de un cierre consular. Pekín profundiza de manera sostenida su acercamiento hacia Irán y hacia el mundo árabe, una reconfiguración que viene redefiniendo el peso relativo de cada actor en la política china hacia Medio Oriente desde hace varios años, con hitos como el acuerdo de normalización entre Arabia Saudita e Irán mediado por Pekín en 2023 y el fortalecimiento constante del comercio energético chino-iraní pese a las sanciones occidentales.

En ese esquema, la reducción de la huella diplomática israelí en el interior chino —aun cuando Israel sostenga su presencia en los polos comerciales y financieros de Shanghái, Cantón y Hong Kong, además de la embajada en Pekín— puede leerse como un ajuste de recursos hacia los puntos de mayor relevancia económica bilateral, más que como una ruptura, pero también como un síntoma adicional de que Jerusalén compite en un tablero regional donde Pekín reparte su atención diplomática de forma cada vez más favorable a Teherán y a las capitales árabes.

 

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Co-fundador de ReporteAsia.