Corea del Sur enfrenta su mayor brote de sarampión en los últimos seis años, con un total de 52 casos confirmados hasta inicios de mayo de 2025. Esta cifra supera los registros de todo el año anterior y plantea nuevos desafíos para las autoridades sanitarias del país, que había sido declarado libre de sarampión por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2014.
El repunte de contagios se da en un contexto mundial de reaparición de enfermedades infecciosas que se creían erradicadas o controladas. En el caso surcoreano, el aumento ha estado estrechamente relacionado con los viajes internacionales y el envejecimiento poblacional. De los 52 casos reportados, 34 fueron importados, principalmente desde Vietnam, mientras que los 18 restantes fueron contagios locales, incluyendo algunos originados en centros de salud.
Las autoridades de la Agencia de Control y Prevención de Enfermedades de Corea (KDCA) atribuyen la aparición de estos casos a la creciente movilidad internacional, así como al hecho de que muchos adultos mayores tienen una inmunidad decreciente o esquemas de vacunación incompletos. Sin embargo, desde el organismo sanitario aseguran que el riesgo de un brote masivo sigue siendo bajo debido a la alta tasa de vacunación que mantiene el país y a un sistema de monitoreo robusto.
Este rebrote es el más significativo desde 2019, año en el que Corea del Sur registró 194 casos. Aunque no se compara en escala, la situación ha encendido las alertas en el sistema de salud, particularmente porque el sarampión es altamente contagioso y puede propagarse rápidamente en poblaciones no inmunizadas o parcialmente protegidas.
El sarampión es una enfermedad viral que se transmite por vía aérea y puede tener consecuencias graves, sobre todo en niños pequeños, personas inmunocomprometidas y adultos mayores. Aunque existen vacunas altamente efectivas, la enfermedad ha resurgido en diversas partes del mundo, en parte por la disminución de coberturas de inmunización, desinformación sobre vacunas y movimientos antivacunas.
La situación de Corea del Sur se inserta en una tendencia global preocupante. En años recientes, la OMS ha advertido sobre un repunte de enfermedades como el sarampión, la poliomielitis y la difteria, que habían estado bajo control durante décadas. Factores como el descenso temporal de los programas de vacunación durante la pandemia de COVID-19, crisis humanitarias y dificultades logísticas en algunos países han contribuido a este retroceso en la salud pública.
Además del sarampión, Corea del Sur ha registrado un incremento en otras enfermedades asociadas históricamente con regiones menos desarrolladas, como la tuberculosis y la sarna. Estos datos sugieren que, si bien el país cuenta con un sistema de salud avanzado, no está exento de los efectos de la globalización en materia de salud y enfermedades infecciosas.
Los expertos señalan que, para contener estos brotes, es fundamental reforzar las campañas de vacunación, especialmente en adultos jóvenes y personas mayores que puedan haber quedado fuera de los programas sistemáticos. Asimismo, recomiendan fortalecer la vigilancia epidemiológica en puntos de entrada como aeropuertos y puertos marítimos.
En Corea del Sur, el calendario nacional de inmunizaciones contempla dos dosis de la vacuna triple viral (sarampión, paperas y rubéola) para todos los niños, con altos niveles de cumplimiento. Sin embargo, persisten brechas en algunos grupos poblacionales, especialmente entre inmigrantes y adultos que no recibieron ambas dosis.
El gobierno ha reforzado su mensaje público sobre la importancia de la vacunación y el seguimiento de los esquemas recomendados. También ha iniciado una revisión de protocolos en instituciones sanitarias para evitar contagios nosocomiales, como los registrados en este brote.
El caso de Corea del Sur es una advertencia sobre la fragilidad de los logros en salud pública. A pesar de los avances, la vigilancia constante, la cobertura de vacunación y la capacidad de respuesta rápida siguen siendo esenciales para evitar retrocesos en el control de enfermedades infecciosas. Con el repunte global de patologías evitables por vacunas, la coordinación internacional y el refuerzo de sistemas nacionales se tornan prioritarios.
Mientras tanto, las autoridades surcoreanas continúan monitoreando la situación y aplicando medidas para contener el brote actual. Aunque el panorama no es alarmante, el país enfrenta el desafío de mantener su condición de «libre de sarampión» en un mundo cada vez más interconectado y expuesto a riesgos sanitarios transfronterizos.







