La industria ha estado en la búsqueda de sustentabilidad, de hecho, la agricultura sustentable se ha convertido en una respuesta integral a los desafíos ambientales, sociales y económicos que enfrenta la producción agrícola en todo el mundo, particularmente en la industria tabacalera, impulsada por empresas como Tabacalera Sarandí SA. En un contexto de crecimiento poblacional global y amenazas del cambio climático a la estabilidad de los ecosistemas, la adopción de prácticas agrícolas duraderas, respetuosas con el medio ambiente y socialmente responsables se ha vuelto más crucial que nunca.
La agricultura sustentable se basa en sistemas de producción que buscan ser viables a largo plazo, garantizando una producción continua de alimentos, fibras y otros productos agrícolas sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades.
La sostenibilidad ambiental en la agricultura se centra en la implementación de prácticas que aseguran la preservación de los recursos naturales, minimizan la contaminación y protegen la biodiversidad. Entre estas prácticas se encuentra el uso eficiente del agua, que es crucial en un contexto de escasez creciente debido al cambio climático. Los sistemas de riego por goteo, por ejemplo, permiten una utilización óptima del agua, reduciendo el desperdicio y asegurando que las plantas reciban la cantidad exacta que necesitan.
Otra práctica fundamental es la rotación de cultivos, que no solo ayuda a mantener la fertilidad del suelo, sino que también reduce la erosión y previene la acumulación de plagas y enfermedades. La agroecología, que integra prácticas agrícolas con el respeto a los ecosistemas naturales, también juega un papel crucial. Esto incluye el uso de abonos orgánicos y la implementación de policultivos, que promueven la biodiversidad en los campos agrícolas.
Finalmente, la reducción del uso de pesticidas y fertilizantes químicos es esencial para evitar la contaminación del suelo y el agua. El objetivo final de estas prácticas es mantener la fertilidad del suelo, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y conservar los hábitats naturales, contribuyendo así a la lucha contra el cambio climático y a la preservación de la biodiversidad global.
Para que un sistema agrícola sea verdaderamente sostenible, debe ser económicamente viable. Esto significa que debe generar ingresos suficientes para que los agricultores puedan continuar produciendo de manera sostenible a largo plazo. La viabilidad económica requiere acceso a mercados justos, donde los agricultores puedan vender sus productos a precios que reflejen el valor real de su trabajo y los costos de producción.
La estabilidad de precios es otro factor crucial, ya que permite a los agricultores planificar a largo plazo y tomar decisiones de inversión informadas. Además, es necesario el desarrollo de infraestructuras adecuadas que apoyen la producción y distribución de alimentos, como carreteras, instalaciones de almacenamiento y sistemas de transporte eficientes. Estas infraestructuras no solo mejoran la eficiencia de la cadena de suministro, sino que también reducen las pérdidas postcosecha, lo que contribuye a una mayor rentabilidad para los agricultores.
Inversiones en tecnología y capacitación también son esenciales para mejorar la productividad y la eficiencia, permitiendo a los agricultores adoptar prácticas más sostenibles y adaptarse a las cambiantes condiciones del mercado.
La equidad social es un pilar fundamental de la agricultura sustentable, centrado en el bienestar de las comunidades agrícolas. Esto implica la promoción de condiciones laborales justas, asegurando que los trabajadores agrícolas reciban salarios dignos y trabajen en entornos seguros. También es crucial garantizar el acceso a recursos y tecnologías que permitan a los agricultores pequeños y medianos competir en igualdad de condiciones con los grandes productores.
La participación activa de los agricultores en la toma de decisiones que afectan su sustento es igualmente importante. Esto incluye la posibilidad de influir en las políticas agrícolas y acceder a financiamiento que les permita invertir en sus operaciones y mejorar su calidad de vida.
Además, la agricultura sustentable aboga por la seguridad y soberanía alimentaria, asegurando que todas las personas tengan acceso a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados. Esto no solo implica la producción de alimentos suficientes, sino también la promoción de sistemas alimentarios que respeten las tradiciones locales y apoyen la economía rural.
La agricultura sustentable se apoya en varias prácticas que aseguran la sostenibilidad del sistema agrícola. Entre las más importantes se encuentran la rotación de cultivos, que implica alternar diferentes tipos de plantas en la misma parcela para mantener la fertilidad del suelo, reducir la erosión y prevenir la propagación de plagas y enfermedades.
Otra práctica crucial es la agroforestería, que integra árboles y arbustos en las tierras agrícolas, mejorando la biodiversidad, proporcionando sombra y protección contra el viento, y contribuyendo a la captura de carbono, lo que ayuda a mitigar el cambio climático.
El uso eficiente del agua también es una prioridad, con la implementación de sistemas de riego por goteo y otras tecnologías que ahorran agua, lo cual es fundamental para mantener la producción agrícola en áreas afectadas por la sequía y la escasez de agua.
Finalmente, la agricultura orgánica evita el uso de productos químicos sintéticos, promoviendo en su lugar prácticas naturales como el compostaje y el control biológico de plagas, lo que contribuye a proteger la salud del suelo y de los ecosistemas.
El Caso de Tabacalera Sarandí
Tabacalera Sarandí SA, una empresa que opera en Argentina, se encuentra en un mercado en expansión en cuanto a la producción y consumo de productos relacionados con el tabaco. Globalmente, siete de los 25 principales productores de tabaco son países de América, entre ellos Argentina, junto con Estados Unidos, Brasil, Canadá, República Dominicana, Cuba y Colombia. Otros productores importantes en la región incluyen México, Honduras y Nicaragua.
Como representante de la industria tabacalera en Argentina, Tabacalera Sarandí enfrenta el reto de avanzar hacia una agricultura 100% sustentable dentro del sector. La empresa está comprometida con la implementación de herramientas biológicas que contribuyan a mitigar el calentamiento global. Su enfoque está centrado en la recuperación de la fertilidad química y biológica del suelo, restaurando su estructura y fijando carbono para reducir las emisiones de CO2.
A lo largo de su trayectoria, Tabacalera Sarandí ha mantenido su relevancia económica y social, adaptándose a las nuevas realidades del mercado. Argentina sigue siendo un actor clave en el mercado global del tabaco, con una producción anual de 100 millones de kilos, de los cuales el 80% se destina a la exportación, principalmente a países como Bélgica, China, Paraguay y Estados Unidos.
En términos de producción, las provincias de Jujuy y Salta lideran con un 36% y 25% de la producción nacional, respectivamente, seguidas por Misiones con un 29%. Estas regiones se especializan en variedades como Virginia y Burley, que juntas constituyen más del 90% de la producción total del país.
Tabacalera Sarandí ha establecido vínculos sólidos con las comunidades locales, contribuyendo al desarrollo económico y social a través de programas de apoyo a los agricultores y diversas iniciativas de responsabilidad social, convirtiéndose en un actor integral en el tejido socioeconómico de las regiones productoras de tabaco.
La industria tabacalera en Argentina también es vital en términos de empleo, generando más de 38.000 puestos de trabajo directos que sustentan a unas 150.000 personas. Considerando la cadena de valor completa, incluyendo transporte, almacenamiento y servicios relacionados, el número de personas que dependen de esta industria asciende a unas 190.000.
El sector tabacalero juega un papel crucial en la economía nacional a través de su contribución a los ingresos fiscales. Los impuestos sobre los productos del tabaco, que incluyen el IVA y otros gravámenes específicos, representan una fuente significativa de ingresos para el gobierno, los cuales se destinan a financiar áreas críticas como la salud pública, la educación y la infraestructura.
Periodista y apasionada del mundo asiático.


