Australia incrementará de forma significativa su gasto en defensa ante el deterioro del entorno internacional, marcado por la guerra en Irán y el aumento de tensiones geopolíticas, según anunció el ministro de Defensa, Richard Marles.
El gobierno presentó una actualización de su estrategia militar para los próximos años y confirmó que destinará unos 53.000 millones de dólares australianos adicionales en la próxima década. Con este refuerzo, el presupuesto de defensa pasará de representar el 2,8 por ciento del producto interno bruto a un 3 por ciento hacia el final del período.
Marles advirtió que el contexto actual es el más complejo y desafiante para el país desde el final de la Segunda Guerra Mundial. En ese sentido, sostuvo que el conflicto en Medio Oriente ha contribuido a profundizar la incertidumbre global y a deteriorar la percepción de seguridad.
“El mundo se siente menos seguro”, afirmó el ministro al referirse al impacto de la guerra iniciada tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. No obstante, evitó precisar en qué medida este conflicto ha alterado concretamente el entorno estratégico de Australia, al señalar que se trata de una situación difícil de medir.
Al mismo tiempo, reafirmó el respaldo de Canberra al objetivo de impedir que Irán desarrolle armas nucleares utilizables, en línea con la postura de sus aliados occidentales.
La nueva estrategia contempla una modernización profunda de las capacidades militares, con especial énfasis en el uso de sistemas autónomos y no tripulados en tierra, mar y aire. Entre ellos se incluyen desarrollos locales como el avión no tripulado Ghost Bat y el dron submarino Ghost Shark, que forman parte de una apuesta por tecnologías avanzadas.
Además, el plan prevé ampliar la capacidad de ataque de largo alcance y acelerar la implementación de sistemas integrados de defensa aérea y antimisiles, en respuesta a un entorno de amenazas cada vez más diversificado.
El ministro subrayó que la decisión de aumentar el gasto no responde a presiones externas, en particular de la administración del presidente estadounidense Donald Trump, que ha instado a sus aliados a asumir un mayor protagonismo en su propia defensa. Según explicó, Australia está tomando decisiones en función de sus propias necesidades estratégicas.
Aun así, dejó en claro que el fortalecimiento militar no implica un alejamiento de sus socios tradicionales. Por el contrario, remarcó que las alianzas, especialmente con Estados Unidos, seguirán siendo un pilar central de la política de defensa del país.
En ese marco, uno de los proyectos más ambiciosos es la adquisición de una flota de al menos ocho submarinos con tecnología nuclear estadounidense, en el marco del acuerdo AUKUS con Washington y el Reino Unido. Se trata de la mayor inversión militar en la historia del país, con un costo estimado que podría alcanzar cifras muy elevadas a lo largo de varias décadas.
Con este giro, Australia busca reforzar su capacidad de respuesta en un escenario internacional cada vez más incierto, en el que los conflictos regionales tienen efectos directos sobre la seguridad global.







