Filipinas, Japón y Estados Unidos concluyeron una serie de maniobras navales en las aguas cercanas al canal de Bashi, entre el norte del archipiélago filipino y Taiwán, en un movimiento que amplía el alcance geográfico de este tipo de ejercicios conjuntos más allá del Mar de China Meridional. La actividad, que se desarrolló durante varios días, marca un cambio significativo en la cooperación marítima entre los tres países en un contexto de creciente tensión regional.
El entrenamiento se llevó a cabo bajo el marco de la Actividad Marítima Cooperativa Multilateral impulsada por Manila, un esquema que en ocasiones anteriores también ha incluido a socios como Australia, Canadá y Nueva Zelanda. Sin embargo, esta vez la atención se centró en un punto estratégico que conecta el Mar de Filipinas con el Mar de China Meridional y que es considerado una ruta clave para el comercio internacional y para cualquier eventual escenario de crisis en torno a Taiwán.
A bordo de la fragata Antonio Luna, la capitana Jennifer Monforte explicó ante periodistas que el objetivo principal fue mejorar la capacidad de coordinación entre las fuerzas armadas participantes. Según sostuvo, la meta es garantizar un Indo-Pacífico libre y abierto, reforzando la comunicación, los procedimientos compartidos y la respuesta conjunta ante distintas situaciones en el mar. Al mismo tiempo, subrayó que la actividad no debe interpretarse como un gesto provocador hacia los países vecinos.
Durante el desarrollo de las maniobras, autoridades filipinas señalaron la presencia considerada ilegal de buques de la armada china en días distintos, un hecho que volvió a poner de relieve la competencia estratégica en la zona. Aunque no se reportaron incidentes directos, la coincidencia en el área añadió un elemento de tensión a los ejercicios.
Las operaciones incluyeron patrullajes aéreos sobre las islas Batanes, el territorio más septentrional de Filipinas, situado al sur de Taiwán. En esas tareas participaron aeronaves de la fuerza aérea filipina, un avión de patrulla marítima japonés y una aeronave de reconocimiento de la marina estadounidense. En paralelo, unidades navales como la propia Antonio Luna y el destructor estadounidense Dewey realizaron prácticas que contemplaron, entre otras acciones, ejercicios antisubmarinos en aguas próximas al límite sur del canal de Bashi.
Hasta ahora, este tipo de cooperación trilateral se había concentrado principalmente en el Mar de China Meridional, escenario de disputas territoriales donde Pekín ha reforzado su presencia y sus reclamaciones. En esa zona también mantienen intereses superpuestos países del sudeste asiático y Taiwán, lo que convierte cada despliegue militar en un mensaje político.
La extensión de las maniobras hacia el canal de Bashi sugiere una estrategia más amplia por parte de Manila y sus aliados, que buscan fortalecer la vigilancia y la preparación en corredores marítimos sensibles. En consecuencia, el ejercicio no solo tuvo un componente técnico, orientado a la interoperabilidad, sino también un claro trasfondo geopolítico, en momentos en que la rivalidad entre China y Estados Unidos continúa moldeando el equilibrio de poder en el Indo-Pacífico.







