Canadá reafirma el respaldo a Dinamarca y a la OTAN ante las tensiones por Groenlandia

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El primer ministro de Canadá, Mark Carney, reforzó la posición de su país en defensa de los compromisos de la OTAN al referirse a la situación de Groenlandia, en un contexto de creciente atención internacional sobre la seguridad en el Ártico. Tras una jornada de reuniones, Carney subrayó que el futuro del territorio ártico corresponde exclusivamente a su población y al Reino de Dinamarca, y recordó que ambos países son aliados dentro de la alianza atlántica.

Ante la prensa, el jefe del Gobierno canadiense destacó que Groenlandia se encuentra amparada por el artículo de defensa colectiva de la OTAN, lo que implica obligaciones claras para todos los miembros. En ese sentido, afirmó que Canadá respetará plenamente esos compromisos y expresó la expectativa de que el resto de los aliados actúen de la misma manera. Sus palabras apuntaron a enviar una señal de firmeza en un momento en que la región ártica gana relevancia estratégica y despierta el interés de potencias externas.

Carney también reveló que abordó directamente la cuestión de Groenlandia durante sus conversaciones en Pekín con el presidente chino, Xi Jinping. Según explicó, el diálogo incluyó referencias a la soberanía en el Ártico y al respeto de los marcos de seguridad existentes. Desde la perspectiva canadiense, dijo haber encontrado coincidencias significativas en cuanto a la importancia de respetar la soberanía tanto del pueblo groenlandés como del danés, un mensaje que buscó rebajar tensiones en un escenario geopolítico cada vez más sensible.

Durante la misma ronda de declaraciones, el primer ministro se refirió a la política canadiense respecto de Taiwán. Aclaró que la postura de Ottawa no ha cambiado desde hace décadas y que Canadá mantiene relaciones diplomáticas formales con la República Popular China, mientras que sus vínculos con Taiwán se limitan a contactos no oficiales de carácter social y cultural. Carney insistió en que esta distinción es clave para evitar confusiones y diferenció claramente la política canadiense del principio de una sola China sostenido por Pekín.

En relación con una reciente visita de legisladores canadienses a Taiwán, Carney precisó que se trató de actividades no gubernamentales, en línea con una práctica sostenida por gobiernos de distintos signos políticos a lo largo del tiempo. Con ello buscó despejar interpretaciones que pudieran sugerir un cambio de rumbo en la política exterior canadiense.

El primer ministro también fue consultado sobre el contexto general de seguridad y las preocupaciones por posibles interferencias extranjeras. En su respuesta, describió el escenario internacional como más peligroso y fragmentado, con riesgos en aumento. Frente a ese panorama, sostuvo que la estrategia de Canadá pasa por fortalecer su resiliencia interna, consolidar sus alianzas y mantener canales de diálogo abiertos con otros actores globales.

En ese marco, explicó que las conversaciones con China incluyen una dimensión vinculada a la seguridad, especialmente en temas como la delincuencia transnacional y el tráfico de drogas. Carney defendió que, tras meses de contactos, la relación bilateral se ha vuelto más previsible gracias a un intercambio franco que delimita con claridad las áreas de cooperación y de desacuerdo.

Si bien reconoció que la relación con Estados Unidos es mucho más profunda y diversa, el primer ministro sostuvo que el acercamiento con Pekín responde a un enfoque pragmático. Según afirmó, se trata de gestionar las diferencias entre sistemas políticos distintos sin perder de vista los intereses nacionales y la estabilidad internacional, en un momento en que el Ártico, la seguridad colectiva y el equilibrio global ocupan un lugar cada vez más central en la agenda diplomática.

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