Lee explicó que Seúl continúa trabajando intensamente para avanzar en las conversaciones bilaterales, cuyo objetivo es reducir los aranceles recíprocos del 25 por ciento impuestos por Estados Unidos. No obstante, dejó claro que el panorama sigue siendo incierto. “Estamos haciendo todo lo posible, pero, en este momento, es difícil decir con certeza si las negociaciones podrán concluirse antes del 8 de julio”, afirmó.
El mandatario también señaló que aún no hay claridad sobre las demandas específicas de cada parte para alcanzar un resultado que beneficie a ambos países. En ese sentido, indicó que el Gobierno surcoreano está enfocando sus esfuerzos en identificar puntos comunes donde se pueda construir un posible acuerdo. Sin revelar detalles, apuntó que su equipo trabaja activamente en diversas áreas temáticas con la intención de avanzar en las conversaciones sin comprometer posiciones sensibles.
Más allá del ámbito comercial, Lee también abordó la situación con Corea del Norte. Destacó que su Gobierno ha dado un primer paso hacia la distensión al suspender las emisiones de propaganda a través de altavoces en la zona fronteriza, una medida que consideró un gesto de buena voluntad para facilitar un posible reinicio del diálogo con Pyongyang. Según dijo, esta decisión ya generó una respuesta del Norte y abre la puerta a lo que describió como un “círculo virtuoso de paz”.
“Así como Corea del Norte respondió a nuestra suspensión preventiva, creemos que hay margen para reconstruir la comunicación intercoreana. A través del diálogo y la cooperación, allanaremos el camino hacia la paz y la coexistencia en la península”, afirmó el presidente.
La postura de Lee combina un enfoque firme en lo económico con una estrategia de apertura en lo político y de seguridad. Mientras enfrenta la presión de Estados Unidos para avanzar en un acuerdo comercial antes del vencimiento del plazo, también busca generar condiciones para distender las relaciones con el Norte, apostando por una vía diplomática que se había visto paralizada en los últimos años.
Con ambos frentes abiertos, el liderazgo de Lee enfrenta su primera gran prueba internacional. Lo que ocurra en las próximas semanas, tanto en Washington como en la frontera con Corea del Norte, definirá el tono de su política exterior en el corto plazo.