China ha tanteado a Corea del Sur sobre la posible participación del presidente Lee Jae Myung en un desfile militar previsto para el 3 de septiembre, con motivo del 80º aniversario de la victoria china sobre Japón en la Segunda Guerra Mundial. Según fuentes diplomáticas citadas este miércoles, el interés de Pekín por contar con la presencia del mandatario surcoreano se ha manifestado a través de diversos canales, aunque hasta ahora no se ha emitido una invitación oficial.
El eventual viaje de Lee a la ceremonia, que se llevará a cabo en la plaza de Tiananmén, tendría implicaciones diplomáticas significativas para una administración que apenas ha iniciado su mandato. Seúl se encuentra en una posición cada vez más delicada, presionada por la creciente competencia estratégica entre China y Estados Unidos, sus principales socios internacionales.
Un funcionario de alto nivel en Seúl confirmó que la propuesta está siendo analizada, mientras que otro representante del Ministerio de Asuntos Exteriores advirtió que el tema requiere una evaluación cuidadosa de múltiples factores. Aunque Lee ha manifestado en el pasado posiciones percibidas como cercanas a China, desde su investidura, el 4 de junio, ha reiterado su compromiso con la alianza con Washington y el fortalecimiento de la cooperación trilateral con Estados Unidos y Japón.
En este contexto, asistir al desfile podría exponer a Lee a críticas, tanto internas como externas. Aún no se ha reunido en persona con el presidente estadounidense Donald Trump, algo que todos los mandatarios surcoreanos anteriores hicieron durante sus respectivas gestiones. Desde su oficina se señaló que se está trabajando para concretar ese encuentro, posiblemente hacia finales de este mes.
La posible invitación también se da en medio de rumores de que China podría convocar al propio Trump a la misma ceremonia, lo que añadiría una capa de complejidad adicional a la decisión de Lee. Por otro lado, el Gobierno surcoreano ha mostrado interés en estabilizar las relaciones con Pekín, especialmente con la expectativa de que Xi Jinping asista a la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que se celebrará en Corea del Sur hacia fin de año.
El antecedente más cercano que enfrenta Lee es la asistencia de la expresidenta Park Geun-hye al mismo evento en 2015. En esa ocasión, Park desafió el malestar de Washington con la esperanza de que China desempeñara un papel positivo en la desnuclearización de Corea del Norte. No obstante, el resultado fue el opuesto: Pyongyang realizó una prueba nuclear y lanzó misiles de largo alcance al año siguiente. En respuesta, Seúl autorizó el despliegue del sistema de defensa antimisiles THAAD de Estados Unidos, lo que desencadenó represalias económicas por parte de China.
Ahora, con ese precedente en mente, la decisión de Lee se vuelve aún más compleja. El presidente surcoreano deberá sopesar los riesgos diplomáticos y estratégicos de un posible gesto hacia Pekín, en un momento en el que cualquier movimiento es observado de cerca por sus aliados y vecinos.







