Durante una ceremonia en el Congreso Nacional de Brasil, la princesa japonesa Kako expresó su deseo de que la amistad entre Japón y Brasil se mantenga firme por muchos años más, en el marco de los actos conmemorativos por los 130 años de relaciones diplomáticas entre ambos países. La joven integrante de la familia imperial, sobrina del emperador Naruhito, fue recibida con honores en Brasilia, donde también se recordó el arribo de los primeros inmigrantes japoneses al país sudamericano.
En su discurso, la princesa destacó el valor histórico del vínculo bilateral y subrayó el papel fundamental que jugaron los inmigrantes japoneses y sus descendientes en la construcción de esa relación. Vestida con un kimono tradicional, agradeció la acogida que la sociedad brasileña brindó a quienes llegaron desde Japón a comienzos del siglo pasado en busca de un nuevo futuro.
Brasil alberga hoy la comunidad japonesa más grande fuera de Japón, con cerca de 2,7 millones de personas. Esta presencia tiene raíces profundas: el primer grupo de inmigrantes arribó en junio de 1908, en un contexto de crisis económica en Japón y políticas gubernamentales que promovían la emigración. A pesar de las difíciles condiciones iniciales, que incluyeron enfermedades como la malaria y trabajo extenuante en zonas rurales, la comunidad japonesa logró integrarse y contribuir al desarrollo del país anfitrión.
Tras la ceremonia en el Congreso, la princesa participó de un almuerzo oficial ofrecido por el gobierno brasileño, donde brindó un discurso en portugués y compartió un brindis con los presentes. Por la tarde, fue recibida por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, a quien le transmitió un mensaje de parte del emperador Naruhito y la emperatriz Masako, en el que expresaban su deseo de que la amistad entre ambas naciones siga fortaleciéndose.
El gesto de la princesa, al hablar en el idioma local y destacar la historia compartida entre los pueblos, fue interpretado como una muestra de respeto y cercanía. La visita, que comenzó el 5 de junio y concluirá el próximo martes, incluye recorridos por ocho ciudades brasileñas con fuerte presencia de la colectividad japonesa, en un itinerario que combina actos protocolares, encuentros culturales y visitas a comunidades locales.
El paso de Kako por Brasil no solo simboliza la solidez del lazo bilateral, sino también un homenaje al esfuerzo de generaciones de inmigrantes que, a través del trabajo, la educación y la cultura, construyeron un puente duradero entre Oriente y América del Sur. En cada una de sus intervenciones, la princesa remarcó ese legado como un ejemplo de cooperación y entendimiento mutuo, dos valores que hoy siguen marcando la relación entre Japón y Brasil.







