La embajada de China en Tokio denunció haber recibido amenazas de carácter terrorista durante el último mes, en hechos que, según afirmó, estarían vinculados a individuos que aseguran pertenecer a las Fuerzas de Autodefensa de Japón. El caso generó preocupación diplomática y llevó a la misión china a exigir explicaciones a las autoridades japonesas.
De acuerdo con lo informado en una rueda de prensa, el primer incidente ocurrió a comienzos de marzo, cuando la embajada recibió una carta firmada por un grupo que se presentó como una supuesta unidad de élite integrada por ex policías y miembros de las fuerzas japonesas. En el texto se incluían amenazas directas, entre ellas advertencias de un posible ataque contra la sede diplomática y expresiones de violencia contra ciudadanos chinos.
Días después, a fines de marzo, se registró un segundo episodio. En esta ocasión, la amenaza llegó a través de redes sociales, donde un individuo que también afirmaba tener vínculos con las Fuerzas de Autodefensa advirtió sobre la colocación de una bomba. Ambos casos fueron reportados de inmediato a la policía japonesa.
Sin embargo, el encargado de negocios interino de la embajada, Shi Yong, expresó su inquietud por la falta de avances visibles en las investigaciones. En ese sentido, instó al gobierno japonés a ofrecer una explicación clara de lo ocurrido, así como a adoptar medidas concretas para evitar que hechos similares se repitan.
La preocupación de la representación china se da en un contexto ya sensible en las relaciones entre ambos países, donde cuestiones de seguridad y percepciones mutuas suelen generar tensiones. Por ello, las amenazas adquieren un peso adicional en el plano diplomático.
El caso se suma a un incidente reciente que elevó aún más la alarma. Un joven oficial de las Fuerzas de Autodefensa terrestre fue detenido tras ingresar sin autorización al predio de la embajada portando un cuchillo. El hecho, ocurrido el mes pasado, reforzó la preocupación por la seguridad del recinto y la posibilidad de ataques aislados.
Aunque no está claro si los distintos episodios están conectados, la coincidencia en el tiempo y el tipo de amenazas encendió las alertas tanto en la sede diplomática como entre las autoridades japonesas. La embajada insiste en que se trata de una situación grave que requiere una respuesta firme y transparente.
Mientras continúa la investigación, el gobierno japonés enfrenta presión para garantizar la seguridad de las representaciones extranjeras en su territorio. En tanto, la embajada china mantiene su reclamo de medidas concretas que permitan evitar nuevos incidentes y reducir el clima de incertidumbre generado por estos hechos.







