Balendra Shah, conocido como Balen, se ha convertido en el rostro más visible de la campaña electoral en Nepal, donde una elección prevista para el cinco de marzo podría redefinir el equilibrio político del país enclavado entre China e India. El rapero reconvertido en político atrae multitudes en cada aparición pública y despierta expectativas entre votantes jóvenes que protagonizaron las protestas del año pasado.
Shah, exalcalde de Katmandú, es el candidato a primer ministro del Rastriya Swatantra Party. Su salto a la política nacional se produjo tras las movilizaciones encabezadas por la generación más joven, que denunciaron corrupción y falta de empleo. Aquellas manifestaciones dejaron decenas de muertos y precipitaron la salida del entonces jefe de gobierno, K.P. Sharma Oli.
Ahora, Shah compite directamente contra Oli en el distrito de Jhapa, bastión histórico del veterano dirigente, que ha ocupado el cargo de primer ministro en varias ocasiones. Un eventual triunfo del Rastriya Swatantra Party alteraría el mapa político de una nación marcada durante décadas por la alternancia entre fuerzas tradicionales como el Partido Comunista de Nepal y el Congreso Nepalí.
En amplias zonas del país se percibe cansancio con los partidos establecidos, a los que muchos ciudadanos acusan de no haber cumplido sus promesas. Sin embargo, esas formaciones mantienen bases leales en distintas regiones, lo que convierte la contienda en un pulso entre continuidad y cambio.
En Damak, dentro de Jhapa, simpatizantes hacen fila para tomarse una fotografía con Shah, que suele vestir blazer oscuro y gafas de sol. Cada persona dispone de apenas unos segundos para saludarlo antes de ceder su lugar. Para muchos, la imagen compartida en redes sociales tiene tanto valor como el intercambio de palabras.
La campaña de Shah se aparta de los métodos tradicionales. Desde que dejó la alcaldía y se integró formalmente al partido, ha recorrido decenas de distritos. Con frecuencia conduce su propio vehículo y se detiene sin previo aviso para conversar con comerciantes, agricultores o estudiantes. En una ocasión incluso ingresó a una boda sin invitación para saludar a los presentes antes de continuar su trayecto.
Además, ha reducido al mínimo su relación con la prensa convencional y apuesta por las plataformas digitales, donde reúne millones de seguidores. Su equipo, que lo acompaña con computadoras portátiles, registra quejas ciudadanas y elabora cartas de compromiso con propuestas específicas basadas en esas demandas.
Del otro lado, Oli ha optado por intensificar el contacto directo. En pueblos rurales instala mesas en plazas y recibe a vecinos que, pese a haberlo votado durante años, dicen no haberlo visto de cerca hasta ahora. El ex primer ministro sostiene que reorganizó su campaña para permanecer más tiempo en su distrito y escuchar a la población.
La elección se perfila así como un duelo generacional y simbólico. Mientras Shah encarna la energía de las protestas recientes y promete renovar la política nepalí, Oli apela a su trayectoria y experiencia. El resultado definirá no solo quién gobernará, sino también si Nepal apuesta por una ruptura con su clase dirigente tradicional o por su continuidad.







