La creación, en 1994, de los Cascos Blancos (Comisión de Lucha contra el Hambre y la Pobreza) a través del Decreto 1131 durante el gobierno del presidente Carlos Menem, no sólo marcó un hito en la historia de la diplomacia argentina, sino que constituyó una de las expresiones más audaces y visionarias del “soft power” en América Latina. Aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas y respaldada por figuras clave como Bill Clinton, Nelson Mandela, Tony Blair, Boutros-Ghali y Kofi Annan -ambos secretarios de la ONU-, esta iniciativa colocó a Argentina en el centro de la escena internacional en materia de cooperación humanitaria.
Con más de 700 misiones en 73 países y los cinco continentes, los Cascos Blancos consolidaron una identidad global que combinó vocación solidaria, profesionalismo y una proyección internacional sin precedentes para un país sudamericano. Fue, sin duda, una diplomacia de hechos y no de palabras.
Una estrategia de inserción global
En 1994, en el marco de una ambiciosa política de reinserción internacional, el gobierno argentino creó la Comisión de Lucha contra el Hambre y la Pobreza. Desde allí, se impulsó la formación de un cuerpo civil de voluntarios altamente calificados para actuar en emergencias humanitarias, catástrofes naturales, crisis sanitarias, guerras civiles y situaciones de posguerra. Arquitectos, ingenieros, médicos, veterinarios, enfermeros, técnicos en telecomunicaciones y agrónomos se sumaron como voluntarios.
Bajo la coordinación del embajador Octavio Frigerio y con el respaldo de un equipo reducido pero eficaz, los Cascos Blancos encontraron rápidamente un lugar en el sistema multilateral, con el apoyo de organismos como la ONU, la OEA y otras entidades internacionales. La recepción fue entusiasta: Boutros Ghali los invitó a exponer ante la Asamblea General, y la Resolución 49/139B de diciembre de 1994 oficializó su inclusión como mecanismo humanitario.
Los Cascos Blancos comenzaron a operar. En Santa Victoria Este, Salta, en junio de 1995, Menem, junto a los presidentes de Bolivia Gonzalo Sánchez de Lozada y Paraguay Juan Carlos Wasmosy, y con el Secretario de la ONU Boutros Ghali y el Secretario de la OEA César Gaviria como testigos, lanzó oficialmente el programa. “Iremos por todas las partes del mundo donde se requiera ayuda. Cuando llega el hambre y no hay soluciones, empiezan a funcionar los fusiles”, advirtió Menem.

Una diplomacia que actuaba
El presidente Bill Clinton fue explícito: en su discurso ante la ONU en septiembre de 1994, instó a los países miembros a considerar la propuesta de Menem como una herramienta innovadora y urgente. “Debemos mejorar nuestra capacidad para responder a necesidades urgentes. Es hora de considerar seriamente la sugerencia del presidente Menem”, afirmó.
La magnitud del respaldo internacional fue notable. El Secretario General Boutros-Ghali celebró públicamente el valor estratégico de la iniciativa. Su sucesor, Kofi Annan, recomendó ante la Asamblea General consolidar el mecanismo como parte de la arquitectura permanente del sistema de respuesta ante emergencias de la ONU. El entonces primer ministro británico, Tony Blair, también expresó su reconocimiento, al igual que el presidente sudafricano Nelson Mandela, quien valoró el aporte argentino a la paz y al desarrollo global.

En el Comunicado Conjunto entre los Presidentes Nelson Mandela y Carlos Menem, firmado con motivo de la visita de Menem a Sudáfrica, entre los puntos más destacados los presidentes destacaron su beneplácito por la adopción en las Naciones Unidas de la “Resolución 49/1398 sobre los Cascos Blancos”. Señalaron que “esta propuesta contribuirá a movilizar el potencial de las Naciones Unidas en el campo de la asistencia humanitaria”. (Ciudad del Cabo, 24 de febrero de 1995). Por su parte, el Presidente Menem y el Primer Ministro Tony Blair en su declaración conjunta expresaron “El Presidente de la Nación Argentina y el Primer Ministro del Reino Unido también acuerdan profundizar la cooperación en varias áreas ……los dos gobiernos continuarán cooperando en las Naciones Unidas, tanto en el Consejo de Seguridad, al que ingresara Argentina en enero de 1999, como en las operaciones de mantenimiento de la paz, en apoyo a la Iniciativa Cascos Blancos, acuerdan explorar formas de cooperación para promover la capacidad de la comunidad internacional de responder y prevenir situaciones de emergencia” (Londres, 29 de octubre de 1998).
Por su parte, el Presidente de Estados Unidos Bill Clinton, según publica el diario Clarín el 4 de junio de 1997, le escribió una carta pública al presidente Menem en la que le expresó su apoyo en estos términos: “Querido Carlos, personalmente continúo apoyando el proyecto de los Cascos Blancos de ayuda humanitaria”. Clinton le adelantó que tratará este tema en su próxima visita a Argentina y le aclara que “Me complace saber sobre los avances logrados”.
Escenarios de crisis humanitarias
En Timor Oriental, Angola, Sudán, Palestina, Ruanda, los Cascos Blancos participaron en escenarios complejos y peligrosos. En Palestina, desarrollaron misiones sanitarias, educativas y urbanísticas. Su labor fue reconocida personalmente por Yasser Arafat, quien recibió al embajador Frigerio en Ramallah. El despliegue incluyó trabajos en Gaza, Nablus, Belén, Jericó y Ramallah, donde también se cooperó con la Media Luna Roja en tareas sanitarias y de asistencia a refugiados.
La cooperación se amplió con el aporte de la Secretaría de Comunicaciones de Argentina, que instaló Centros Tecnológicos Comunitarios (CTC) para el acceso popular a internet en ciudades palestinas como Gaza, Ramallah, Al Bireh, Nablus y Belén. Estas instalaciones, inauguradas con la presencia de autoridades municipales palestinas, fueron las primeras de su tipo en la región. Además, se promovió el reconocimiento del prefijo internacional +970 para las telecomunicaciones palestinas, una iniciativa impulsada conjuntamente por Estados Unidos y Argentina ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). También se fortaleció institucionalmente el sistema postal palestino, con asistencia técnica brindada por el Correo Argentino.

En otro gesto de cooperación cultural y deportiva, se envió un equipo de entrenadores que, liderados por Enrique Carugatti, organizaron la selección nacional de fútbol de Palestina. Esto facilitó el ingreso de la Autonomía Palestina como miembro pleno de la FIFA. Estas acciones se dieron en el marco del proceso de paz impulsado por el primer ministro israelí Itzhak Rabin, el presidente Shimon Peres y el líder palestino Yasser Arafat. En una reunión en Tel Aviv, Leah Rabin, viuda del primer ministro asesinado, me transmitió personalmente, como Secretario de Comunicaciones de Argentina, su deseo de que el presidente Menem apoyara ese proceso de paz, deseo que efectivamente se materializó.
En Angola, 12 expertos en desminado capacitaron a brigadas locales para enfrentar el flagelo de las minas terrestres. En Timor Oriental, respaldaron a la población civil en pleno conflicto con Indonesia. En Ruanda, Líbano, Haití y los Balcanes construyeron viviendas de bajo costo, rehabilitaron servicios esenciales y brindaron asistencia técnica. En cada caso, su presencia reforzó el compromiso de Argentina con la paz y el desarrollo humano.
En Sudán del Sur, los Cascos Blancos participaron en la distribución de alimentos y apoyo logístico para los campamentos de refugiados apoyando al Programa Mundial de Alimentos (PMA). Por otra parte, también participaron en la zona gravemente afectada por el huracán Mitch en Centroamérica, que generó graves daños a la población de Honduras, Nicaragua y Guatemala (1998). Esta acción humanitaria se realizó bajo la coordinación de la ONU. En el caso del terremoto en Perú (1996), esta organización participó en rescate y ayuda humanitaria con especialistas argentinos en la zona de Arequipa, la segunda ciudad de ese país.
Una de las arriesgadas misiones de Cascos Blancos fue realizada en Timor Oriental, en donde además participaban soldados argentinos que integraban los “Cascos Azules”, la fuerza de paz de la ONU que integraba la Fuerza Internacional para Timor Oriental (InterFET). Mientras los Cascos Blancos trabajaron en ese cruento conflicto en la rehabilitación del servicio de salud, cooperando en temas de emergencia y primeros auxilios, distribución de alimentos y otras tareas humanitarias, los Cascos Azules realizaron tareas de protección de civiles y prevención de la grave violencia desatada por los enfrentamientos entre la población de Timor y las milicias pro Indonesia. Argentinos juntos, ayudando a la paz y en la emergencia junto a la ONU.
Un soft power que trascendió
La Resolución A52/171 de la ONU (1999) consagró a los Cascos Blancos como “instrumento permanente” del sistema internacional. Kofi Annan instó a consolidar este mecanismo como parte de la estructura de respuesta ante emergencias y desastres. La citada Resolución expresa, entre otros conceptos: “Reconoce que los Cascos Blancos, en su calidad de colaboradores en las operaciones de los Voluntarios, constituyen un mecanismo que pone a disposición del sistema de las Naciones Unidas equipos homogéneos capacitados e identificados previamente, en apoyo de las actividades de socorro inmediato, rehabilitacion, reconstruccion y desarrollo, en vista de que el número, la magnitud y la complejidad de los desastres naturales y otras situaciones de emergencia son cada vez mayores”. Declaración que es un orgullo para la historia diplomática argentina y que fue votada por unanimidad por todos los países integrantes de la ONU.
En un país con recursos limitados pero una fuerte vocación de inserción internacional, los Cascos Blancos demostraron que el liderazgo global también se ejerce desde la acción civil, la cooperación técnica y el compromiso ético. En palabras de Menem, “diciendo y haciendo”.
Esa etapa de la presidencia de Menem consolidó una presencia argentina vibrante y respetada en el mundo, basada en una diplomacia humanitaria que aún hoy sigue siendo ejemplo.

Tiempo después, en medio de las tribulaciones institucionales de Argentina durante la crisis de 2001, los gobiernos sucesivos achicaron el apoyo a los Cascos Blancos aunque tuvo presencias notables como en Haití, país sufriente como pocos.
La creación y puesta en marcha de los Cascos Blancos fue un aporte argentino a la cooperación internacional y, junto con la activa participación de los Cascos Azules argentinos en diversas zonas de conflictos armados, constituyó una demostración de que Argentina se comprometió con las acciones humanitarias y el mantenimiento de la paz en zonas de conflicto o de catástrofes. El ilustre Canciller argentino Carlos Saavedra Lamas recibió el Premio Nobel de la Paz en 1936 por su inspirador accionar en la resolución de la crisis bélica entre Bolivia y Paraguay, promoviendo la Conferencia de Paz en Buenos Aires e impulsando el tratado de arreglo pacifico de las controversias, luego llamado “Pacto Antibélico Saavedra Lamas”, que logró el apoyo de 21 naciones, marcó un antecedente válido de la tradición pacifista de Argentina, ratificado con la creación de los Cascos Blancos y la activa y masiva participación de los militares y fuerzas de seguridad argentinas en los Cascos Azules. La esencia de Argentina es promover la paz, su mantenimiento y la ayuda humanitaria. El Presidente Menem honró esa tradición en nombre de los argentinos.

Ex Secretario de Comunicaciones de la Nación. Ex Intendente de la Ciudad de Córdoba, 1999-2003.








