La embajada de China en Argentina, conducida por el embajador Wang Wei, presionó a la Universidad de Belgrano para que cancelara una jornada académica prevista para el 29 de abril en la que se presentaría el libro «China: la seducción comunicacional para normalizar a un régimen», según reveló Laureano Pérez Izquierdo en Infobae. La coacción diplomática resultó eficaz: el evento fue cancelado. La actividad estaba organizada por la Fundación Friedrich Naumann, el Center for the Study of Contemporary Open Societies (CESCOS), el International Republican Institute, la propia universidad y la Oficina Cultural y Comercial de Taiwán en Buenos Aires, y esperaba reunir a alrededor de 150 estudiantes de las carreras de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales.
El mecanismo de presión fue directo y escalonado, según Infobae. El viernes 24 de abril por la mañana, funcionarios de la embajada china comenzaron a llamar telefónicamente a decanos, directores y docentes de diferentes carreras, amenazando con cortar todo vínculo con la institución si los paneles anunciados se concretaban. Horas después la presión escaló: tres diplomáticos se presentaron físicamente en la sede universitaria de la calle Zabala para protestar y exigir la cancelación, advirtiendo además que ese tipo de actividades podría dañar las relaciones diplomáticas entre Argentina y China. Las autoridades universitarias accedieron a las exigencias.La institución intenta ahora una maniobra intermedia: reprogramar el evento para junio, sin promoción y excluyendo de cualquier comunicación el auspicio de la Oficina Cultural y Comercial de Taiwán.
Sharp power en Buenos Aires
El incidente es un caso de libro de lo que los especialistas en política internacional denominan «sharp power»: la utilización de la influencia diplomática y económica para condicionar el debate público en terceros países, silenciar voces críticas y controlar la narrativa sobre el régimen. A diferencia del soft power —que busca atraer mediante la cultura, los valores o la imagen— el sharp power opera mediante la coerción y la amenaza, explotando las vulnerabilidades de las instituciones que dependen de vínculos comerciales o diplomáticos con el actor que presiona.
Roberto Iglesias, autor del libro cuya presentación fue cancelada, fue preciso en su diagnóstico al ser consultado por Infobae: «Mi libro trata principalmente de lo que llamo la ‘seducción comunicacional’ de los medios globales chinos para presentarse como un país normal, el soft power a través de una muy cuidada y amable propaganda positiva donde nunca hay problemas ni críticas y se oculta el tema central: una autocracia sin libertades y con violaciones de derechos humanos. Aquí estamos ante una acción que es la otra cara de la moneda, un acto de hard power o sharp power.»
«China no se limita a dar su versión de las cosas sino que pretende tener un control total sobre la narrativa sobre cualquier cosa que se diga de ella en los medios mundiales. Las presiones a gobiernos y a medios a través de embajadas y otras instancias son en ese sentido relativamente comunes. La lógica de presionar para cancelar un panel es un paso más en esa dirección del control narrativo, además de ser una evidente interferencia en otro país para coartar la libertad de expresión», subrayó.
Un patrón que se repite y tiende a normalizarse
Para Pedro Isern, director ejecutivo de CESCOS y uno de los oradores previstos para el evento, el caso no es excepcional sino parte de una tendencia que se está volviendo estructural en América Latina. «Dado que creemos, erróneamente, que estamos lejos, asumimos que no hay ni habrá desafíos políticos e institucionales serios ante la creciente integración comercial y financiera con China. Ante esta errónea percepción de la evolución de la geopolítica reciente, creemos que este permanente ejercicio de presiones y extorsiones del régimen chino, a través de sus embajadas y simpatizantes alrededor del mundo, es un pequeño costo a pagar frente a grandes oportunidades materiales», señaló al medio.
El diagnóstico de Isern apunta a una paradoja que recorre toda la región: cuanto más profunda es la integración económica con China —en comercio, inversión, infraestructura y financiamiento—, mayor es la vulnerabilidad de los actores locales ante las presiones del régimen para silenciar las voces críticas. Argentina no es la excepción. China es el primer socio comercial del país, el principal comprador de soja y el inversor más activo en sectores estratégicos como energía, minería, infraestructura ferroviaria y telecomunicaciones. Esa dependencia crea incentivos concretos para que universidades, medios y organismos públicos eviten los roces con la embajada.
Hans-Dieter Holtzmann, director regional de la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad, encuadró el episodio en un marco más amplio: «Observo con preocupación el avance de prácticas sistemáticas de presión e intimidación impulsadas por regímenes autoritarios en ámbitos académicos, políticos y culturales. América Latina no está al margen de estas prácticas.» Y añadió: «Las sociedades abiertas se sostienen sobre principios fundamentales: la libertad académica, la libertad de expresión y el derecho a debatir ideas sin presiones externas. Cuando actores estatales intentan condicionar qué temas pueden discutirse, qué voces pueden ser divulgadas, o qué perspectivas pueden ser escuchadas, estamos frente a mecanismos de influencia incompatibles con los valores liberales y democráticos.»
El evento cancelado reunía a un panel de académicos y especialistas en política internacional de primer nivel. Entre los oradores confirmados figuraban Pablo Dons, director de la carrera de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de Belgrano; Pedro Isern de CESCOS; Juan Battaleme de UCEMA; Ricardo Ferrer Picado de la UNLP; Fernando Pedrosa de la UBA; y Delfina Milder, además del propio Iglesias. La convocatoria era abierta a estudiantes e invitados especiales, con una asistencia esperada de 150 personas.
Colaborador en ReporteAsia







