Desde sus inicios, Buenos Aires ha sido una ciudad donde la cultura y la arquitectura se entrelazan en cada rincón. Uno de los mejores ejemplos de esta fusión es la gran cantidad de cines históricos que aún hoy forman parte del paisaje urbano porteño. Estas salas, muchas de ellas construidas durante la primera mitad del siglo XX, no solo fueron escenarios de la llegada del cine a la Argentina, sino también verdaderas obras de arte arquitectónicas que marcaron una época de esplendor y sofisticación. Angelo Calcaterra, empresario y defensor del patrimonio urbano, destaca la importancia de estos edificios en la identidad porteña. “Los cines históricos son parte del alma arquitectónica de Buenos Aires. Son espacios donde la cultura y la belleza arquitectónica se encuentran, creando lugares únicos que debemos preservar”, asegura.
El auge del cine y la arquitectura de las grandes salas porteñas
El cine llegó a Buenos Aires a finales del siglo XIX, pero fue en la década de 1920 cuando se comenzaron a construir las primeras salas de gran escala. Inspiradas en los teatros europeos y en la estética de los grandes palacios de la época, estas construcciones combinaban columnas imponentes, frescos en el techo, enormes lámparas de araña y fachadas ornamentadas que convertían la experiencia cinematográfica en un evento de lujo.
A medida que la industria del cine crecía, las salas de Buenos Aires se convirtieron en templos del entretenimiento, atrayendo a miles de espectadores y consolidándose como puntos de encuentro social. Sin embargo, con el paso de los años, muchos de estos cines cerraron o fueron transformados en otros espacios. A pesar de esto, algunas salas han sido restauradas y continúan funcionando, manteniendo viva la esencia de una época dorada.
“Los cines históricos de Buenos Aires no solo representan el avance del cine en el país, sino que también son testigos de la evolución arquitectónica y social de la ciudad”, comenta Ángelo Calcaterra.
El Teatro Gran Splendid: de cine a librería icónica
Uno de los ejemplos más impactantes de la arquitectura de los cines porteños es el Teatro Gran Splendid, inaugurado en 1919. Diseñado por los arquitectos Peró y Torres Armengol, este edificio es un verdadero tesoro arquitectónico con su estilo académico francés, su imponente cúpula decorada con frescos y sus palcos ornamentados.
Originalmente, el Gran Splendid funcionó como un teatro y cine que albergaba las mejores producciones de la época. Sin embargo, con el declive de las grandes salas de cine en las últimas décadas, el edificio fue adaptado para un nuevo uso: en el año 2000, se convirtió en la famosa Librería El Ateneo, una de las más bellas del mundo según diversos rankings internacionales.
Hoy en día, los visitantes pueden recorrer la antigua sala, donde los libros reemplazaron a las butacas y el escenario ahora funciona como un café literario. A pesar del cambio de función, la estructura del cine se ha mantenido intacta, permitiendo que su esplendor siga siendo admirado por porteños y turistas.
“El Gran Splendid es un ejemplo de cómo se puede preservar el patrimonio arquitectónico dándole un nuevo propósito sin perder su esencia”, destaca Ángelo Calcaterra.

El Cine Gaumont: un ícono del cine nacional
Ubicado frente a la Plaza Congreso, el Cine Gaumont es otro de los grandes exponentes del cine histórico porteño. Inaugurado en 1912, este cine ha sido testigo de más de un siglo de historia del séptimo arte en Argentina.
Su fachada de estilo neoclásico y su sala principal con capacidad para más de mil espectadores lo convirtieron en uno de los cines más importantes del país. A diferencia de otros cines históricos que fueron cerrando, el Gaumont logró sobrevivir y en la actualidad es la sede del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), proyectando películas nacionales y fomentando el cine argentino.
“El Cine Gaumont es una institución dentro de la historia del cine en Argentina. Es un espacio que ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder su esencia”, comenta Ángelo Calcaterra.

El Cine Ópera: un teatro convertido en cine y renovado para la música
Otro de los cines históricos más emblemáticos de Buenos Aires es el Cine Ópera, ubicado en plena Avenida Corrientes. Inaugurado en 1872 como teatro, el edificio fue reformado en 1936 por el arquitecto Alberto Bourdon, quien le dio su característico estilo Art Déco.
Con su gran marquesina luminosa y su diseño interior elegante, el Ópera se convirtió en un punto de referencia para el cine y el entretenimiento en Buenos Aires. Con los años, la sala fue perdiendo público y, como muchos otros cines históricos, cerró sus puertas como sala de cine. Sin embargo, en las últimas décadas fue reabierto como un teatro y sala de conciertos, manteniendo su impresionante arquitectura.
“El Cine Ópera es un claro ejemplo de cómo la arquitectura puede adaptarse a nuevas funciones sin perder su esencia”, señala Ángelo Calcaterra.

El Cine Los Ángeles: un redescubrimiento arquitectónico
Uno de los casos más interesantes de preservación arquitectónica es el del Cine Los Ángeles, ubicado en Avenida Corrientes. Diseñado por Alberto Prebisch, el mismo arquitecto que creó el Obelisco, este cine fue inaugurado en 1946 con una estética moderna y racionalista.
Luego de años de abandono, el edificio fue restaurado y transformado en un espacio cultural y teatral, respetando su diseño original y devolviéndole a la ciudad un ícono de su historia cinematográfica.
“El Cine Los Ángeles demuestra que la conservación del patrimonio arquitectónico es posible cuando se prioriza el valor histórico de los edificios”, comenta Calcaterra.
El futuro de los cines históricos en Buenos Aires
A pesar del cierre de muchas salas emblemáticas, la recuperación de algunas de ellas demuestra que aún hay oportunidades para preservar estos espacios. Iniciativas de restauración y reutilización han permitido que varios cines históricos sean convertidos en teatros, librerías, centros culturales e incluso espacios de coworking.
Para Ángelo Calcaterra, el desafío es encontrar un equilibrio entre la preservación de la arquitectura original y la adaptación a las nuevas necesidades urbanas. “Es fundamental que estos edificios sean protegidos y que se les dé un uso que los mantenga vivos. No podemos perder estas joyas arquitectónicas”, reflexiona.
Los cines históricos de Buenos Aires son mucho más que simples salas de proyección. Son parte del patrimonio cultural y arquitectónico de la ciudad, testigos de una época en la que el cine era una experiencia majestuosa.
Desde el lujo del Gran Splendid hasta la resistencia del Gaumont, estos edificios siguen contando la historia del cine en Argentina y la evolución de Buenos Aires como una ciudad de gran riqueza cultural.
Como bien señala Angelo Calcaterra, “los cines históricos son parte del alma arquitectónica de Buenos Aires. Son espacios que nos conectan con nuestra historia y que debemos preservar para las futuras generaciones”.
A través de la restauración y el respeto por su legado, estas salas seguirán siendo parte del ADN porteño, recordándonos que la arquitectura no solo construye ciudades, sino también memorias.
Periodista y apasionada del mundo asiático.



