Alejandro Nishimoto, piloto y Héroe de Malvinas: «Si en algún momento alguien sintió miedo, no lo demostró»

Alejandro Nishimoto Malvinas

Hoy se cumplen 40 años del inicio del conflicto armado en las islas Malvinas entre Argentina e Inglaterra, cuando las fuerzas armadas del país sudamericano desembarcaron en las Islas en lucha por la recuperación de ese territorio, arrebatado por los británicos en 1833.

Para repasar este suceso tan importante de la historia reciente, tuvimos el honor de entrevistar a Alejandro Nishimoto (67), piloto retirado de la Fuerza Aérea Argentina y Héroe de Malvinas, quien nos recibió en su casa del barrio de Belgrano para repasar los detalles de aquellos días en los que, con solo 27 años, fue enviado al sur argentino para integrar el Escuadrón Fénix. Se trataba de una unidad conformada por personal militar y civil y aeronaves requisadas a empresas privadas y organismos estatales, que sirvió en tareas diversas durante el conflicto bélico, cumpliendo misiones de guiado de escuadrillas, retransmisión, diversión, desgaste, exploración, reconocimiento y fotografía aérea.

En el caso de Nishimoto, durante la guerra estuvo abocado a tareas de transporte y vigilancia en dos jurisdicciones. Una era conocida como TOM (Teatro de Operaciones Malvinas), que incluía Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur. La segunda se denominaba TOAS (Teatro de Operaciones del Atlántico Sur) e involucraba la Plataforma Continental, Islas Malvinas, Georgias, Sándwich del Sur y el espacio aéreo correspondiente. Y según nos comenta, vivió la experiencia de la guerra con la dicha de quien cumple una promesa: «No lo viví como algo penoso. Lo viví como una responsabilidad, como algo que tenía que hacer, que me tocaba. Yo de chico en la escuela primaria juré defender la bandera, así que no hice nada más que honrar mi juramento. Yo amo esta tierra».

Alejandro es nisei, es decir, segunda generación de familia japonesa, nacido en Morón, provincia de Buenos Aires, en 1955. Y es uno de los pocos argentinos de ascendencia nipona que participaron del conflicto bélico en las puertas de la Antártida. Sus padres llegaron a la Argentina en 1951, como tantos otros inmigrantes, después de la Segunda Guerra Mundial. Ambos eran oriundos de la prefectura de Hiroshima y ambos, además, eran «Hibakusha», es decir, sobrevivientes de la bomba atómica.

Alejandro Nishimoto
Durante la guerra estuvo abocado a tareas de transporte y vigilancia.

«Imagínate lo que es venir del horror de la guerra, y puntualmente, de la prefectura de Hiroshima, que fue una de las más afectadas», comentó Nishimoto al iniciar la charla. «Al llegar acá y ver este país, quedaron asombrados: la calle Florida, con toda la gente vestida de traje, el hecho de comer carne. Realmente para ellos esto no era otro mundo: era otro universo. Quiero remarcar principalmente el amor y el agradecimiento que tuvieron mis padres por Argentina», agregó el entrevistado.

¿Ellos te hablaban de la guerra en Japón?

Sí, aunque no siempre se daba esa conversación. Tenían una forma tangencial de referirse al tema de la guerra, sin ningún sentimiento agregado, como quien cuenta una historia. No es algo que les generase un sentimiento complicado, habiendo pasado cosas terribles. Pero no solo hablé de esto con mis padres, sino con otros familiares, ya que tuve la suerte de ir muchas veces a Japón. Me siento muy conectado con Japón, ahora no tanto por la pandemia, pero apenas pueda voy a volver a viajar.

Contanos un poco sobre tu infancia…

Cuando yo era chico, vivíamos en condiciones muy humildes. Mis padres hacía poco que habían llegado y nos faltaba de todo. Esos fueron los inicios. Pero fijate lo maravilloso de este país, como pudieron desarrollarse mis padres y luego mi hermana y yo. Quería comentarte cómo fue el punto de partida de mi familia. También debo decir que jamás me sentí discriminado, he compartido vivencias con mucha gente, y mirando hacia atrás, siento que todo ha sido maravilloso. Mis padres amaban Argentina, totalmente. Y habiendo tenido la posibilidad de volver a Japón, siempre eligieron quedarse.

¿Cómo se dio tu interés por la aviación?

Desde pequeño tuve curiosidad, pero en un principio lo veía como algo inalcanzable. Mi generación se movía más hacia las carreras tradicionales. Yo venía de una escuela industrial, el Otto Krause. Me gustaba la mecánica, lo manual, y la aviación sobre todas las cosas. Me gustaban los aviones: jugaba con avioncitos de papel, de madera balsa, después me gustó el aeromodelismo, tenía un modelo que se llama R6 muy conocido por entonces. Me gustaban los trenes, los autos, todo lo que fuera mecánico.

¿Y cuando empezaste a volar?

Me inicié en el Aeroclub Argentino, deportivamente. Y desde ese momento, se me fueron abriendo muchas puertas. Tuve la suerte de que gente maravillosa se cruzó en mi camino y me supo orientar. El derrotero solo me fue llevando a ingresar a la Fuerza Aérea Argentina, adonde llegué realmente sin buscarlo. Una persona, quien era instructor mío por entonces, me invitó a que entre en la Fuerza y bueno, me fue llevando. Yo tendría en esa época 21 años. Así ingresé al Instituto Nacional de Aviación Civil.

Alejandro Nishimoto Malvinas
Algunos recuerdos de su paso por la aviación y por Malvinas.

Cuando entré a la Fuerza Aérea me encontré en un mundo maravilloso, con gente de todas las provincias. Allí durante 6 años fui ocupando distintas posiciones: primero haciendo transporte, después haciendo carga, siendo instructor, después pasé a ser jefe de cuadrilla, jefe de escuadrón, etcétera.

Así llegamos a 1982, ¿se escuchaba por entonces hablar de Malvinas en la Fuerza?

Se hablaba de Malvinas como se decían también muchas otras cosas. Había gente que se refería al tema con cierta seriedad y otra que hablaba con un poco más de liviandad. Pero bueno, la cosa se estaba gestando.

¿Cómo fue la convocatoria?

Me convocan en semana santa. El miércoles estaba dando instrucción. Al día siguiente tenía planeado viajar a la costa para pasar el fin de semana largo, y efectivamente eso hice. El sábado me llegó la notificación por teléfono, a través de la base de Mar del Plata, pidiendo que me presente en la base de Morón. Imaginate, estaba en la playa, con sol, mi mundo en ese momento era ese. Estaba con mi novia, quien luego sería mi esposa, Viviana.

«Me siento muy conectado con Japón, ahora no tanto por la pandemia, pero apenas pueda voy a volver a viajar»

Así que volví para Buenos Aires nomás. Me presenté en Morón, nos dieron todos los implementos para poder viajar, y me dijeron que al otro día, el domingo, debíamos presentarnos para salir hacia el sur. En ese momento, teniendo unas horas libres antes de partir, me fui para la casa de mis padres, con quienes por entonces vivía. Me acuerdo que llegué con todos los pertrechos que me habían dado.

Me imagino el ambiente que se debía vivir en tu casa…

Si hay algo que realmente sigo lamentando hoy son las lágrimas de mi madre. Es algo de lo que todavía me acuerdo. Ella me decía que no podía entender porqué el destino la volvía a poner en esa situación. Ella me repetía: «yo vengo de la guerra, yo sé lo que es la guerra, yo la viví», como diciéndome «por qué me pasa esto a mi, por qué tenés que ir vos ahora a la guerra». Mi padre lo aceptó como algo que ya estaba sucediendo. Mi madre, en cambio, largó todo. Es el día de hoy que lamento haber hecho llorar a mi madre.

Y vos, ¿cómo te sentías ante el llamado de ir a la guerra?

Yo sentía que era lo que tenía que hacer, no había cuestionamientos. Por supuesto que hoy la entiendo a mi mamá. La verdad, qué pena haberle causado semejante tristeza, porque ella siempre me decía: «vos no sabés, no tenés idea lo terrible que es una guerra». Bueno, era así nomás.

Al día siguiente llegó el domingo de Pascuas y, ¿qué pasó?

Salimos en un Hércules hacia Comodoro Rivadavia. Y después en otro Hércules nos cruzaron hasta Puerto Argentino. Volábamos tan cerca de las olas que podría decir que ese vuelo fue una navegación náutica. Volábamos a menos de 100 metros del agua, fue increíble.

Alejandro Nishimoto Malvinas
La identificación personal de Nishimoto durante la guerra.

En Puerto Argentino iba a volar el avión de Rex Hunt, el gobernador británico de las Islas. Tenía un avión que se llama Islander (Norman British), que es muy parecido al avión que yo volaba, un Aero Commander 500. El avión se iba a usar para reconocimiento.

Pero al final estuve en la isla una sola noche, con el equipo del primer teniente Dante Dovichi que estaba en la torre de control. Al otro día fui replegado rápidamente hacia Comodoro Rivadavia. Justamente el primer ataque se produjo pocos días después, y atacaron la torre. Dovichi luego fue trasladado a Comodoro Rivadavia, herido. O sea que, los que estaban en Puerto Argentino ya sabían que el ataque era inminente. A mi me repliegan por no tener un rol demasiado específico en ese momento.

¿Qué sucede luego?

El resto de la guerra de Malvinas fui afectado al avión que yo volaba, el Aero Commander 500. Teníamos diferentes bases, como Trelew, Tandil, Puerto Deseado, Puerto San Julián. Me dediqué a hacer vigilancia y vuelos de transporte, en los que llevé personal técnico, equipamientos, trajes anti-g, hice misiones de abastecimiento, entre otras cosas.

¿Cómo fue cumplir esas misiones? ¿Tuviste miedo?

No. Había un sentimiento de mucha camaradería. Si en algún momento alguien sintió miedo, no lo demostró. La experiencia siendo parte del Escuadrón Fénix, a nivel humano, fue impresionante. Estuve rodeado por unos hombres maravillosos. La realidad es que la vida me ha favorecido con la amistad de estas personas. Toda esta gente estaba dispuesta a dar la vida por mi, es así de simple, no le demos más vueltas, a morir por la patria y por la sociedad.

A si que la guerra trajo cosas buenas también…

Totalmente. Es el día de hoy que me siento bendecido por tener a toda esta gente cerca mío. Lamento profundamente cada vez que llega el 2 de abril por todos los que ya no están con nosotros. Parte de hablar un poco de todo esto es en honor a ellos, a sus padres, hermanos, a los hijos de toda la gente que quedó allá. Entiendo que es algo terrible y que no hay tiempo que pueda curar o subsanar la pérdida que han tenido. Así que estas palabras son para que la llama de todo el esfuerzo y el sacrificio de esas personas no se apague.

«Si hay algo que realmente sigo lamentando hoy son las lágrimas de mi madre»

Me siento realmente agradecido de poder haber pasado por una experiencia tan motivante y que me ha dejado grandes personas, maravillosas personas. En mi último suspiro, me voy a acordar de mi familia, pero también de todos ellos, quienes han honrado mi vida.

¿Cómo fue el final de la guerra de Malvinas?

Se vivió con un poco de frustración. Lamentablemente, lo tengo que decir, la sociedad un poco nos dejó de lado. Cada uno lo procesó y lo fue llevando como pudo. En mi caso, directamente cerré el libro, «de eso no se habla» me dije. Y, por supuesto, mi mujer fue un apoyo emocional muy importante en ese momento.

Alejandro Nishimoto Malvinas
«La experiencia siendo parte del Escuadrón Fénix, a nivel humano, fue impresionante», manifestó Nishimoto durante la entrevista.

Durante muchos años no hablé de Malvinas con mi familia. Solo con aquellos que entendíamos la situación por haberla vivido. Hubo un poco de destrato por parte del Gobierno, de la sociedad, y eso hubo a quienes los afectó muchísimo. En mi caso, como te dije, yo cerré el libro enseguida. Continué con mi vida. Luego llegarían mis hijos, Débora y Matías, y la posibilidad de pilotar muchos y distintos tipos de aviones.

Con el inicio del conflicto bélico entre Ucrania y Rusia el mundo vuelve a mostrarse desorientado ante tanta violencia. Según tu experiencia, ¿qué es la guerra?

La guerra es un sinsentido. Yo entiendo que en un conflicto hay cuestiones que no se pudieran zanjar de la forma más adecuada, pero los errores del pasado nos tendrían que haber servido para saber que la guerra como camino no es correcto. Pero bueno, los seres humanos, me incluyo también, pretendemos obtener resultados diferentes haciendo lo mismo. Y la guerra siempre tiene los mismos resultados. No hay un buen resultado en todo esto.

«Me siento realmente agradecido de poder haber pasado por una experiencia tan motivante y que me ha dejado grandes personas»

Es algo que tendríamos que tratar de evitar a toda costa. Veo actualmente por las redes sociales imágenes tan impactantes que me hacen pensar «como puede ser que todavía sigamos zanjando nuestras diferencias a los balazos», es algo muy prehistórico, muy básico, pero bueno, no soy yo quien define estas cosas, pero creo que es un sinsentido de la humanidad. En una guerra son todos perdedores, nadie gana. Es un concepto arcaico.

A 40 años de la guerra, ¿qué sentís cuando te ves en Malvinas volando como un joven de 27 años?

Siento que no hice nada extraordinario, que cumplí lo que tenía que hacer, que cumplí las promesas que había hecho, y eso fue lo que hicimos todos allá. Mi generación, los que ya nos estamos yendo, lo vivimos así. Siento que la vida ha sido muy generosa conmigo: me ha dado más de lo que necesito, y seguramente, más de lo que me merezco.

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Co-fundador de ReporteAsia.