La Corte Suprema de Estados Unidos declaró ilegales los aranceles recíprocos impuestos por Washington durante los últimos diez meses sobre Corea del Sur y otros países. Pero lejos de ser recibido como una buena noticia, el fallo despertó una alarma generalizada en el sector industrial coreano: la incertidumbre, dicen los empresarios, ha llegado a su punto máximo.
El motivo es sencillo: la anulación de los aranceles recíprocos no cierra el problema, sino que abre uno nuevo. La administración Trump puede recurrir a otras herramientas legales para compensar la pérdida de recaudación, y la imprevisibilidad de cuándo y cómo lo hará es lo que tiene en vilo a los exportadores coreanos.
Qué aranceles caen y cuáles siguen en pie
El fallo de la Corte solo alcanza a los aranceles recíprocos aplicados bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, y no afecta los gravámenes basados en la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial. Esto significa que los aranceles sobre automóviles y autopartes (15%), acero, aluminio y cobre (50%) permanecen intactos y quedan al margen de la disputa judicial.
Sin embargo, la preocupación se extiende hacia otros sectores clave de las exportaciones coreanas: semiconductores, productos farmacéuticos, dispositivos médicos y maquinaria industrial. La Casa Blanca podría elevar los aranceles sobre estos rubros o ampliar su alcance para compensar la recaudación perdida.
De hecho, Trump ya anunció un «arancel global» del 15% al amparo de la Sección 122 de la legislación comercial, horas después de conocido el fallo. Este nuevo gravamen se aplica sobre los aranceles base previos a los recíprocos, lo que en la práctica no representa un cambio respecto al esquema anterior para Corea del Sur. Sin embargo, la ley limita su vigencia a un máximo de 150 días, razón por la cual los analistas lo denominan un «arancel puente»: una medida transitoria mientras Washington diseña el próximo movimiento.
El profesor Heo Yoon, de la Universidad Sogang, lo interpreta así: la intención es mantener el statu quo temporalmente mientras se buscan nuevas vías para asegurar ingresos fiscales.
Una ventaja relativa, pero frágil
Paradójicamente, el nuevo esquema no es del todo desfavorable para Seúl. Antes de los aranceles recíprocos, Corea del Sur gozaba de acceso libre de aranceles para la mayoría de sus productos en el mercado estadounidense gracias al TLC bilateral, mientras que competidores como Japón y la Unión Europea enfrentaban aranceles base de alrededor del 3%. Bajo el sistema actual, Corea recupera esa ventaja comparativa, al menos en el corto plazo.

La negociación, en el centro de la estrategia
Frente a este panorama, la mayoría de los expertos recomienda que Corea del Sur mantenga el curso de su compromiso de inversión de 350.000 millones de dólares en Estados Unidos, acordado durante las negociaciones arancelarias. Ese paquete fue el que permitió reducir los aranceles recíprocos del 25% al 15% y fijar un techo del 15% para sectores como automóviles y farmacéuticos. Abandonarlo ahora podría debilitar la posición negociadora de Seúl en un momento crítico.
Más allá de los aranceles: la amenaza de las medidas no arancelarias
Los especialistas advierten que el siguiente frente podría ser aún más difuso. Washington tiene en su arsenal las investigaciones bajo la Sección 301, que permiten imponer aranceles por prácticas comerciales consideradas desleales, y ya hay señales de que se activarán contra los principales socios comerciales con superávit frente a EE.UU., entre ellos Corea del Sur, Japón y la Unión Europea. Regulaciones domésticas como las leyes sobre plataformas digitales o las restricciones a la exportación de cartografía precisa de Google podrían quedar bajo la lupa estadounidense. También se contempla un aumento de las tasas de procesamiento de importaciones como mecanismo alternativo de recaudación.
Chang Sang-sik, director del Instituto de Comercio Internacional de la Asociación de Comercio Exterior de Corea, lo resume con precisión: «Estados Unidos está desplegando múltiples herramientas. Corea debe preparar contraargumentos minuciosos. El objetivo central es que las empresas no terminen en una posición peor que la que tenían antes de los aranceles recíprocos.»
Colaboradora, especialista en Comunicación & Relaciones Internacionales.
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