Colombia baja la pobreza a un dígito por primera vez

Colombia

Colombia alcanzó en 2025 un umbral que nunca había cruzado desde que comenzó a medir la pobreza de manera integral: el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) se ubicó en 9,9%, por debajo del 10% por primera vez en la serie histórica disponible. El dato, publicado el 14 de abril por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) en base a la Encuesta Nacional de Calidad de Vida, representa una caída de 1,6 puntos porcentuales respecto al 11,5% registrado en 2024 y equivale a 793.000 personas que dejaron de vivir en condición de pobreza multidimensional en un solo año. El total de colombianos en esa situación quedó en 5,2 millones.

El resultado corona una tendencia sostenida que arrancó con la recuperación pospandemia: desde el 18,1% de 2020 —el único año en que el indicador subió desde que existe el registro, empujado por el covid-19—, el IPM nacional no dejó de caer. En 2021 bajó a 16,0%, en 2022 a 12,9%, en 2023 a 12,1%, en 2024 a 11,5% y ahora a 9,9%. En cinco años, la reducción acumulada es de más de ocho puntos porcentuales.

Qué mide y qué mejoró

El IPM no mide ingresos sino privaciones concretas. Un hogar es considerado multidimensionalmente pobre cuando acumula carencias en al menos un tercio de los 15 indicadores distribuidos en cinco dimensiones: condiciones educativas, niñez y juventud, trabajo, salud y acceso a vivienda y servicios públicos. Cada indicador tiene un peso ponderado, y la suma define si un hogar cruza o no el umbral de pobreza.

Según la directora del DANE, Piedad Urdinola, la dimensión que más contribuye a la pobreza es la educación, con el 35,9%, seguida por las condiciones de trabajo, con el 29,6%, y las condiciones de vivienda de los hogares, con el 14,1%. En 2025, los avances más nítidos se registraron precisamente en educación: el indicador de rezago escolar cayó 2,3 puntos porcentuales, pasando del 22,0% en 2024 al 19,7% en 2025, mientras que el bajo logro educativo se redujo 1,5 puntos porcentuales.

En zonas rurales, uno de los avances más destacados fue la reducción en el acceso a agua mejorada: el porcentaje de hogares con esa privación bajó 3,0 puntos porcentuales, pasando de 33,7% a 30,7%. Sin embargo, no todo fue positivo en los datos desagregados: el trabajo infantil subió de 1,1% a 1,2%, la inadecuada eliminación de excretas pasó de 9,1% a 9,2% y el material inadecuado de paredes exteriores de 2,1% a 2,2%, aunque ninguna de esas variaciones alcanzó significancia estadística.

La geografía de la desigualdad

El número agregado encubre disparidades territoriales que el propio DANE se encargó de subrayar. Mientras en las cabeceras municipales la pobreza multidimensional cayó a 6,3%, en los centros poblados y el rural disperso se ubicó en 22,4%. Un colombiano que vive en una zona rural tiene 3,6 veces más probabilidad de ser pobre multidimensional que uno que vive en una ciudad.

Por regiones, el descenso más pronunciado lo protagonizó Bogotá, que pasó de una incidencia del 5,4% en 2024 al 2,2% en 2025, una caída de 3,2 puntos porcentuales estadísticamente significativa. La Pacífica y la Orinoquía-Amazonía siguieron con descensos de 2,1 puntos cada una, y la región Oriental redujo 1,4 puntos. En el otro extremo, la región Caribe concentró el mayor número absoluto de pobres multidimensionales: 2.153.000 personas, aunque su variación no alcanzó significancia estadística.

Las brechas de género también persisten. A nivel nacional, la incidencia fue de 10,9% en hogares liderados por mujeres, frente a 9,0% en los encabezados por hombres. En la región Caribe, los hogares con jefatura femenina registraron una incidencia de 19,5%, contra 16,4% en los de jefatura masculina. Y la brecha étnica es aún más pronunciada: las personas pertenecientes a hogares cuyo jefe se reconoce como indígena presentaron una incidencia de pobreza multidimensional del 37,9%, frente al 17,4% en población afrodescendiente y el 7,9% en quienes no se autorreconocen étnicamente.

Los lunares del sistema de salud y el empleo

Dos indicadores concentran las alertas de los analistas. El primero es el acceso efectivo a los servicios de salud, que lejos de mejorar con el tiempo, mostró un deterioro reciente vinculado a la crisis del sistema sanitario. Según ANIF, en 2019 el 5,4% de los hogares en zonas rurales presentaba barreras de acceso a la salud. Ese porcentaje bajó en los años siguientes, pero repuntó al 2,8% en 2024 y al 3,4% en 2025. En las cabeceras urbanas el patrón fue similar: luego de años de descenso, la barrera de acceso llegó al 3% en 2024, y en 2025 mostró una leve mejora hasta el 2,6%, insuficiente para retomar la tendencia a la baja. El centro de estudios económicos vincula este deterioro con la insuficiencia estructural de la Unidad de Pago por Capitación (UPC), que opera bajo presión financiera sostenida y se traduce en mayores tiempos de espera para citas médicas y demoras en la entrega de medicamentos.

El segundo problema estructural es el desempleo de larga duración. En 2025 su incidencia fue del 13,6% para las cabeceras, mientras que en 2019, el periodo prepandemia, se ubicaba en 12,9%. Para centros poblados y rural disperso la brecha se mantuvo prácticamente igual: 11,1% frente a 11% en el mismo año de referencia. A nivel nacional, el indicador se situó en 13,1%, también por encima del 12,4% de 2019. Según ANIF, parte de la reducción de la tasa de desempleo general responde a una menor participación laboral, no necesariamente a una mejor absorción de trabajadores por parte del mercado.

El gobierno celebra, los analistas advierten

El presidente Gustavo Petro no tardó en capitalizar el dato. «Es la mayor cantidad de personas salidas de la pobreza multidimensional en todo mi gobierno en un año», afirmó a través de sus redes sociales, atribuyendo el resultado, entre otros factores, al incremento del salario mínimo decretado durante su administración. La cifra de Bogotá, con solo 2,2% de pobreza multidimensional, fue otro de los datos que destacó el mandatario.

Sin embargo, los economistas de ANIF y otros centros de análisis advierten que el avance, siendo real, enfrenta tres riesgos de sostenibilidad: la debilidad estructural del mercado laboral, la crisis del sistema de salud y la brecha persistente entre regiones urbanas y rurales. El reto que señala el centro de pensamiento no es sólo profundizar la reducción del indicador, sino hacerlo en los territorios más vulnerables del país y en las dimensiones donde los retrocesos ya son visibles.

Colombia lleva más de una década construyendo ese camino. La primera vez que la pobreza multidimensional cayó a un dígito marca un hito estadístico. Lo que ocurra con la salud, el empleo y las zonas rurales en los próximos años determinará si ese hito se convierte en un piso o en un techo.

+ posts