Corea del Sur manifestó este jueves su «profunda preocupación» por la instalación de estructuras de acero por parte de China en el mar Amarillo, en una zona marítima donde se superponen los reclamos territoriales de ambos países. Durante una ronda de conversaciones bilaterales celebrada en Seúl, el gobierno surcoreano remarcó que sus derechos marítimos legítimos no pueden ser vulnerados, al tiempo que pidió explicaciones claras por las acciones del país vecino.
Las estructuras se encuentran dentro de la denominada Zona Marítima Provisional, una franja disputada cercana al islote de Ieo, una formación rocosa sumergida situada frente a la costa suroeste de Corea del Sur. Se trata de un área sensible desde el punto de vista estratégico, donde ambas naciones mantienen reclamos de soberanía solapados a través de sus Zonas Económicas Exclusivas.
La delegación surcoreana, encabezada por Kang Young-shin, director general de asuntos del Nordeste Asiático del Ministerio de Asuntos Exteriores, expresó directamente a los representantes chinos la preocupación de Seúl por lo que considera un avance inaceptable sobre sus intereses marítimos. China, por su parte, sostuvo que las instalaciones tienen un propósito exclusivamente acuícola y negó que estén vinculadas a cuestiones de soberanía o demarcación territorial.
A pesar de las diferencias, ambas partes coincidieron en que el incidente no debe convertirse en un obstáculo para el desarrollo de los lazos bilaterales y se comprometieron a continuar las conversaciones en todos los niveles. En este marco, se acordó la creación de dos subcomités específicos: uno dedicado al «orden marítimo», donde se abordarán temas sensibles como estas estructuras o la pesca ilegal, y otro enfocado en cooperación práctica, como las operaciones de búsqueda marítima conjunta.
Según fuentes oficiales, desde 2018 China ha instalado al menos tres estructuras en la PMZ: dos flotantes, que presenta como criaderos de peces, y una fija de acero, que describe como parte de un sistema de gestión acuícola. Sin embargo, estos movimientos han despertado sospechas en Corea del Sur, donde algunos analistas interpretan que podrían formar parte de una estrategia más amplia para reforzar la presencia china en zonas disputadas.
Aunque el gobierno surcoreano evitó escalar el conflicto en términos diplomáticos, el tono del reclamo refleja el creciente malestar ante lo que considera una expansión silenciosa de influencia por parte de China en aguas sensibles. El Ministerio de Asuntos Exteriores indicó que la próxima ronda de conversaciones se realizará en territorio chino, en una fecha aún por definir, y subrayó la necesidad de mantener el diálogo para evitar tensiones mayores en la región.
La disputa por las estructuras no es un hecho aislado, sino parte de un escenario más amplio de fricciones marítimas en Asia Oriental, donde las zonas grises entre jurisdicciones legales y hechos consumados continúan generando conflictos latentes entre países con intereses estratégicos superpuestos.







