China conmemoró este miércoles en Pekín el octogésimo aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial con un imponente desfile militar en la plaza de Tiananmén, marcado por la presencia del presidente ruso Vladímir Putin y el líder norcoreano Kim Jong Un. El presidente Xi Jinping, vestido con un traje estilo Mao, aprovechó el acto para reafirmar su objetivo de convertir al Ejército Popular de Liberación en una fuerza “de clase mundial” y al mismo tiempo insistir en el compromiso de su país con un desarrollo pacífico.
La exhibición de armamento de última generación y la imagen de unidad con Moscú y Pyongyang fueron interpretadas como una señal directa hacia Washington y su actual mandatario, Donald Trump, cuyos aliados occidentales optaron por ausentarse de la cita. En su discurso, Xi recordó los sacrificios de China durante lo que denomina la Guerra de Resistencia contra la Agresión Japonesa y subrayó la contribución de su pueblo a la paz mundial. “Hoy la humanidad debe elegir de nuevo entre la paz y la guerra, el diálogo y la confrontación. El pueblo chino está firmemente del lado correcto de la historia”, afirmó, llamando a la unidad para lograr la “gran rejuvenecimiento nacional”.
El desfile, que se extendió por setenta minutos, mostró cazas de última generación, drones de inteligencia, misiles hipersónicos y armamento estratégico desarrollado íntegramente en territorio chino. Entre los sistemas más destacados figuraron el misil balístico intercontinental Dongfeng-61 y el submarino-lanzador Julang-3, ambos con capacidad nuclear y con un alcance estimado que podría llegar hasta la parte continental de Estados Unidos.
La ceremonia congregó a veinticuatro líderes extranjeros, entre ellos el presidente iraní Masoud Pezeshkian y el jefe de la junta militar de Myanmar, Min Aung Hlaing. Desde Japón asistió el ex primer ministro Yukio Hatoyama, aunque sin representación oficial del actual gobierno. Los palcos montados a lo largo de la plaza reunieron a unos cincuenta mil invitados de todo el país.
La seguridad fue extrema. Se establecieron restricciones al tráfico, se cerraron estaciones de metro y se suspendieron los servicios de autobús en el centro de Pekín. La puesta en escena recordó desfiles anteriores de gran escala, como los de 2019, por el septuagésimo aniversario de la fundación de la República Popular, y los de 2015, también en Tiananmén, en memoria del final de la guerra.
Desde el extranjero, Trump reaccionó en redes sociales con un mensaje sarcástico en el que acusó a Xi, Putin y Kim de “conspirar contra Estados Unidos” y pidió al presidente chino “enviar mis saludos” a sus dos invitados principales. La confrontación verbal contrastó con el tono solemne que buscó transmitir Pekín, decidido a enmarcar el desfile como una reafirmación de su peso histórico y estratégico.
La presencia conjunta de Xi, Putin y Kim evocó, según medios chinos, una tradición de alianzas que se remonta a 1959, cuando Mao Zedong encabezó un desfile acompañado por el líder soviético Nikita Jrushchov y el fundador de Corea del Norte, Kim Il Sung. Más de seis décadas después, la foto de los actuales mandatarios vuelve a proyectar un mensaje de alineamiento frente a Occidente, en un contexto internacional marcado por tensiones crecientes y por la modernización militar de China.







