El primer ministro japonés, Shigeru Ishiba, defendió este lunes el orden económico global basado en el libre comercio y el multilateralismo durante la cumbre del Grupo de los Siete (G7) en Canadá. En un contexto marcado por el enfoque unilateral del presidente estadounidense Donald Trump y el conflicto creciente entre Israel e Irán, Ishiba remarcó la necesidad de fortalecer un sistema económico internacional justo y con reglas claras, centrado en el papel de la Organización Mundial del Comercio.
La cumbre, celebrada en la localidad montañosa de Kananaskis, se ha visto profundamente condicionada por las decisiones comerciales de Washington. Las políticas arancelarias impulsadas por Trump han alterado el equilibrio del comercio global y desafiado el consenso que el G7 ha intentado preservar durante más de medio siglo. En su segundo mandato no consecutivo, Trump ha reactivado su agenda de «Estados Unidos Primero», imponiendo fuertes tarifas a importaciones desde casi todos los países.
Durante la jornada inicial del encuentro, los líderes abordaron temas vinculados a la economía mundial, la seguridad económica y el fortalecimiento de las cadenas de suministro de minerales críticos. En ese contexto, Ishiba subrayó la necesidad de que el G7 actúe de forma coordinada y lidere los esfuerzos globales para preservar un orden económico abierto y estable.
El primer ministro canadiense y anfitrión de la cumbre, Mark Carney, advirtió que el mundo atraviesa un momento especialmente frágil, caracterizado por una creciente división y peligrosidad. Llamó a reforzar la cooperación internacional como vía para garantizar la prosperidad futura, aunque reconoció las profundas diferencias que atraviesan al grupo.
Trump, por su parte, se mostró en desacuerdo con varios de sus homólogos. Volvió a cuestionar la exclusión de Rusia del G7, decisión tomada en 2014 tras la anexión de Crimea, y llegó a considerar la inclusión de China como una posibilidad. Además, su salida anticipada del foro —para regresar a Washington ante la crisis entre Israel e Irán— marcó un quiebre en la dinámica de la reunión.
El conflicto en Medio Oriente fue uno de los temas más urgentes tratados en la cumbre. Los líderes del G7 instaron a una desescalada inmediata, al tiempo que reafirmaron su apoyo al derecho de Israel a defenderse. En una declaración conjunta, calificaron a Irán como una fuente principal de inestabilidad y terrorismo en la región, afirmando que bajo ninguna circunstancia puede acceder a armamento nuclear.
La cumbre también incluyó una discusión directa sobre las tensiones en la región del Indo-Pacífico y la invasión rusa en Ucrania. Los líderes expresaron preocupación por el apoyo económico y militar de China a Moscú, lo que, según ellos, permite que la guerra continúe. Está previsto que el martes se dedique una sesión específica al conflicto en Ucrania, con la participación del presidente Volodymyr Zelenskyy.
Ante la imposibilidad de lograr un consenso pleno por las diferencias internas, los líderes del G7 no emitirán un comunicado conjunto tradicional. En su lugar, se difundirán declaraciones breves centradas en acciones concretas, un reflejo del nuevo escenario global en el que las alianzas tradicionales se ven constantemente tensionadas.







