Un conjunto de manos pintadas sobre las paredes de cuevas en una región poco explorada de Indonesia podría constituir la manifestación de arte rupestre más antigua estudiada hasta el momento. Investigadores de Indonesia y Australia determinaron que estas huellas, halladas en la isla de Sulawesi, tendrían una antigüedad de al menos sesenta y siete mil ochocientos años, lo que empuja hacia atrás la cronología conocida del origen del arte humano.
Las huellas, de tono beige, fueron realizadas mediante una técnica que consistía en apoyar la mano sobre la pared de la cueva y soplar pigmento alrededor, dejando la silueta marcada. En varios casos, los dedos aparecen modificados deliberadamente, con las puntas afinadas, lo que sugiere una intención estética y simbólica más elaborada que un simple gesto espontáneo. Para los científicos, estos detalles refuerzan la idea de que se trata de una expresión artística consciente.
La datación se realizó a partir del análisis de las costras minerales que se formaron con el paso del tiempo sobre las pinturas. Al estudiar esas capas, los investigadores pudieron establecer una edad mínima para las huellas, confirmando que son anteriores a muchas otras expresiones artísticas conocidas hasta ahora en cuevas de Europa, África y Asia.
El hallazgo fue recibido con entusiasmo por especialistas independientes. La paleoantropóloga Genevieve von Petzinger celebró el estudio al considerar que encaja con teorías que sostienen que la creatividad humana surgió mucho antes de lo que tradicionalmente se pensaba. En su opinión, estas huellas respaldan la idea de que el arte formaba parte de la vida social y cultural de comunidades muy antiguas.
Indonesia ya era reconocida por albergar algunas de las pinturas rupestres más antiguas del mundo, pero este descubrimiento aporta un nuevo nivel de complejidad. A diferencia de marcas simples sobre huesos o piedras halladas en otros continentes, las manos de Sulawesi representan una tradición artística compartida, posiblemente transmitida entre generaciones. Según el investigador Maxime Aubert, de la Universidad de Griffith, este tipo de arte indica la existencia de una cultura visual desarrollada y colectiva.
Aún no está claro quiénes fueron los autores de las huellas. Los científicos barajan la posibilidad de que hayan sido realizadas por denisovanos, un grupo humano arcaico que habitó la región y que pudo haber interactuado con los antepasados del Homo sapiens. Otra hipótesis apunta a humanos modernos que, tras salir de África, habrían pasado por el sudeste asiático en su camino hacia Australia. Los rasgos finos de las huellas, especialmente las modificaciones intencionales de los dedos, apuntan claramente a una mano humana.
En la misma zona se encontraron otros dibujos, como figuras humanas, aves y animales similares a caballos, aunque estos resultaron ser mucho más recientes. Los investigadores creen que en islas cercanas podrían existir obras aún más antiguas, lo que abre nuevas perspectivas sobre la expansión del arte y de las ideas simbólicas en la prehistoria.
Lejos de cerrar un capítulo, el descubrimiento plantea nuevas preguntas sobre los orígenes de la creatividad y su papel en la evolución humana. Para los científicos, estas manos impresas en la roca no solo miran al pasado, sino que invitan a seguir explorando los primeros pasos culturales de la humanidad.







