El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, manifestó su disposición a reunirse con el líder norcoreano Kim Jong-un sin imponer condiciones, según confirmó este martes un funcionario de la Casa Blanca. La declaración llega en medio de crecientes especulaciones sobre un posible encuentro entre ambos mandatarios durante la próxima cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que se celebrará en Gyeongju, Corea del Sur, entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre.
El funcionario estadounidense respondió así a una consulta sobre si Trump estaría dispuesto a dialogar con Kim sin referirse al tema nuclear, reiterando que la política de Washington hacia Pyongyang no ha cambiado y que sigue comprometida con la desnuclearización. No obstante, evitó mencionar explícitamente ese objetivo en su declaración.
El gesto marca la primera vez que la actual administración estadounidense afirma públicamente que no impondrá condiciones para retomar el diálogo directo con Corea del Norte. Esta apertura se produce después de que, a principios de mes, Kim expresara su disposición a conversar siempre que Estados Unidos retirara su exigencia de desnuclearización.
Durante su primer mandato, Trump sostuvo tres encuentros con Kim: en Singapur en 2018, en Hanói en 2019 y en la aldea fronteriza de Panmunjom ese mismo año. Estas reuniones, aunque no produjeron un acuerdo concreto, lograron reducir tensiones en la península coreana y dieron forma a una diplomacia personal inédita entre ambos líderes.
En agosto, en la Casa Blanca, Trump ya había expresado al presidente surcoreano, Lee Jae Myung, su intención de reunirse nuevamente con Kim este año, lo que reforzó las especulaciones sobre una cita durante la cumbre de APEC. Para Trump, un avance en el diálogo con Corea del Norte podría convertirse en un logro clave en política exterior y, según analistas, también en un impulso personal en medio de rumores sobre su eventual candidatura al Premio Nobel de la Paz.
Sin embargo, los mensajes de Pyongyang siguen siendo contradictorios. Mientras Kim Jong-un ha señalado que conserva un “buen recuerdo” de Trump y su disposición a conversar, funcionarios norcoreanos han reafirmado que su país no renunciará a su arsenal nuclear “bajo ninguna circunstancia”. La semana pasada, el propio líder subrayó que las fuerzas nucleares son la garantía de seguridad de la nación y que prepararse para un contraataque nuclear constituye una prioridad absoluta.
En paralelo, el viceministro de Asuntos Exteriores norcoreano, Kim Son-gyong, declaró ante la Asamblea General de la ONU que la desnuclearización no será objeto de negociación, calificando el arsenal nuclear de “activo sagrado y absoluto” protegido por la Constitución de su país. A su juicio, exigir a Corea del Norte que abandone su programa equivale a socavar su soberanía y derecho a la existencia.
En este escenario, la posibilidad de un nuevo encuentro entre Trump y Kim se perfila como un movimiento diplomático de alto impacto, aunque rodeado de incertidumbre por la distancia entre la postura estadounidense y la firme negativa norcoreana a debatir su programa nuclear.







