El Gobierno de Corea del Sur presentó este martes una firme protesta contra Japón tras la publicación del libro blanco de defensa japonés de este año, en el que Tokio volvió a reclamar la soberanía sobre los islotes Dokdo, conocidos en Japón como Takeshima. La disputa territorial, que lleva décadas sin resolverse, volvió a tensar las relaciones entre ambos países.
«El Gobierno protesta fuertemente la reiteración de Japón de sus reclamaciones injustas sobre Dokdo», declaró un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores surcoreano. En el comunicado, Seúl reafirmó que los islotes son territorio surcoreano según criterios históricos, geográficos y de derecho internacional, y exigió a Japón el retiro “inmediato” de sus reclamaciones.
Como parte de su respuesta diplomática, el ministerio planea convocar este mismo martes a un funcionario de la Embajada de Japón en Seúl para presentar una queja formal. También advirtió que responderá “con firmeza” ante cualquier provocación adicional relacionada con el tema.
El reclamo japonés fue incluido en el libro blanco de defensa aprobado durante la reunión del Gabinete japonés celebrada por la mañana. En el documento, Japón se refiere a los islotes como Takeshima y sostiene que la cuestión territorial “sigue sin resolverse”. Esta es la vigésima primera vez consecutiva que el informe anual recoge la postura japonesa sobre Dokdo, reafirmando así su reivindicación oficial.
La disputa sobre Dokdo —ubicado en el mar del Este, entre las costas de ambos países— es una de las más antiguas y sensibles en la región. Aunque Tokio continúa incluyendo su reclamo en informes oficiales, declaraciones públicas y materiales educativos, Corea del Sur mantiene desde hace décadas un control efectivo sobre el territorio, con presencia policial permanente desde el fin de la ocupación colonial japonesa en 1945.
Los islotes, aunque de escasa extensión, tienen un valor simbólico y estratégico significativo, y su mención en documentos oficiales suele generar respuestas inmediatas por parte de Seúl. La tensión por este asunto se suma a una relación bilateral ya marcada por desacuerdos históricos, entre ellos los crímenes cometidos durante la ocupación japonesa de la península coreana en la primera mitad del siglo XX.
Con este nuevo episodio, queda claro que el contencioso territorial sigue siendo un obstáculo serio para una normalización completa de las relaciones entre Japón y Corea del Sur, pese a los intentos de cooperación en otros frentes como el comercio, la seguridad regional y la coordinación con Estados Unidos frente a desafíos comunes.







