Kim Yo-jong, la influyente hermana del líder norcoreano Kim Jong-un, criticó con dureza la reciente declaración conjunta de Corea del Sur, Estados Unidos y Japón en la que reafirmaron su compromiso con la desnuclearización de Corea del Norte. En un comunicado difundido este miércoles por la Agencia Central de Noticias de Corea del Norte (KCNA), calificó la promesa como “un acto sumamente hostil” y aseguró que no modificará en absoluto la política nuclear del país.
Kim, quien se desempeña como vicedirectora de departamento del Comité Central del Partido de los Trabajadores, respondió así a la reunión que mantuvieron la semana pasada, al margen de un encuentro de la OTAN, el canciller surcoreano Cho Tae-yul, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio y el ministro de Exteriores japonés Takeshi Iwaya.
En su mensaje, la funcionaria norcoreana afirmó que los tres países actúan con inquietud y que su insistencia en la desnuclearización es una ilusión. “Saben que es un sueño que nunca se hará realidad”, señaló. Además, sostuvo que quienes realmente creen en esa posibilidad deberían ser considerados “absurdos”.
Kim subrayó que el estatus de Corea del Norte como Estado con armas nucleares no es negociable y responde a una “elección inevitable” frente a lo que describió como amenazas externas y un entorno internacional cada vez más inseguro. En esa línea, afirmó que ningún país puede esperar que Pyongyang renuncie a su Constitución, a su sistema político ni a su capacidad de defensa.
“La desnuclearización es un concepto muerto. Hablar de ello o exigirlo solo representa un intento hostil de negar nuestra soberanía”, expresó.
También advirtió que cualquier insistencia en esa vía por parte de Washington y sus aliados no hará más que justificar el avance norcoreano hacia una fuerza nuclear aún más poderosa. Sus palabras reafirman la postura firme de Pyongyang frente a la presión internacional, en momentos en que aumentan las tensiones regionales.
Esta es la primera declaración pública de Kim Yo-jong en un mes. Su última intervención había sido el 3 de marzo, cuando condenó la llegada del portaaviones estadounidense USS Carl Vinson a la ciudad surcoreana de Busan, un despliegue que Pyongyang consideró provocador.







