El presidente surcoreano, Lee Jae Myung, concluyó este martes su primer viaje al extranjero como jefe de Estado, participando en la cumbre del Grupo de los Siete (G-7) en Canadá, en lo que representó su debut diplomático internacional tras asumir el poder el pasado 4 de junio. Su participación marcó el regreso activo de Corea del Sur al escenario mundial, luego de seis meses de parálisis institucional provocada por la destitución del exmandatario Yoon Suk Yeol.
Durante su visita de tres días, Lee mantuvo una intensa agenda de reuniones bilaterales con líderes de diversas regiones, consolidando el mensaje de que Seúl retoma el rumbo bajo un nuevo liderazgo. En un momento global marcado por incertidumbre económica, tensiones militares y reajustes geopolíticos, el mandatario utilizó la cumbre como plataforma para mostrar que su país ha superado una grave crisis democrática y está listo para asumir un papel más activo en la gobernanza internacional.
A pesar de sus dudas iniciales sobre asistir al G-7 —debido a los desafíos internos que enfrenta Corea del Sur, incluida una desaceleración económica y la presión de las políticas arancelarias del presidente estadounidense Donald Trump—, Lee decidió participar, convencido de que era una oportunidad para reafirmar la legitimidad de su mandato y proyectar estabilidad.
La cumbre fue también una oportunidad para exponer su enfoque de “diplomacia pragmática”. En una sesión ampliada del G-7, Lee presentó su visión de Corea del Sur como socio clave para el desarrollo de cadenas de suministro energéticas estables, especialmente relevantes para la industria emergente de la inteligencia artificial. Asimismo, prometió intensificar la diplomacia de cumbres para facilitar la expansión de las empresas surcoreanas en el exterior, destacando que una nación comercial como Corea del Sur “debe elevar sus relaciones internacionales a un nuevo nivel”.
El asesor de seguridad nacional, Wi Sung-lac, calificó la participación de Lee como una “oportunidad significativa” para demostrar la recuperación democrática del país, señalando que la mayoría de los líderes reunidos en el G-7 elogiaron ese proceso. Entre los encuentros más destacados del presidente surcoreano figura su primera cumbre con el primer ministro japonés, Shigeru Ishiba, en la que acordaron reforzar la cooperación trilateral con Estados Unidos ante desafíos geopolíticos como la creciente alianza militar entre Corea del Norte y Rusia.
Lee también sostuvo conversaciones con los líderes de Canadá, Reino Unido, Australia, India, Sudáfrica, Brasil y México, así como con el secretario general de la ONU, António Guterres, y representantes de alto nivel de la Unión Europea.
Sin embargo, no se concretó la esperada reunión con Trump, quien abandonó la cumbre antes de lo previsto debido a la intensificación del conflicto entre Israel e Irán. La oficina de Lee indicó que se buscará una reunión bilateral con el presidente estadounidense en una fecha próxima, posiblemente durante la cumbre de la OTAN que se celebrará en los Países Bajos los días 24 y 25 de junio. Corea del Sur considera crucial avanzar en las negociaciones comerciales con Washington antes del vencimiento de la actual suspensión temporal sobre los aranceles recíprocos, programada para el 9 de julio.
Finalmente, la participación de Corea del Sur en el G-7 fue interpretada como un paso hacia una posible inclusión formal en el grupo, en medio de crecientes llamados para su expansión bajo un formato “G-7 Plus”. Lee afirmó que el país considerará unirse si se presenta la oportunidad, reforzando así su intención de posicionar a Corea del Sur como un actor diplomático de mayor peso en la escena internacional.







