El nuevo presidente de Corea del Sur, Lee Jae Myung, asumió el cargo con un discurso centrado en la recuperación institucional y económica del país tras la crisis provocada por la destitución de Yoon Suk Yeol. En su mensaje inaugural, pronunciado ante la Asamblea Nacional, Lee prometió encabezar un gobierno basado en la unidad y el pragmatismo, con el objetivo de reconstruir lo que calificó como un país fracturado por el autoritarismo y la inestabilidad.
Horas después de que la comisión electoral confirmara su victoria sobre el candidato conservador Kim Moon Soo, Lee declaró que su administración buscará restaurar la democracia, reforzar la economía, garantizar la seguridad y avanzar hacia una paz duradera. Su mandato de cinco años comenzó oficialmente tras imponerse en unas elecciones extraordinarias marcadas por una participación histórica del 79,4 por ciento, la más alta en casi tres décadas.
En política exterior, Lee subrayó la importancia de fortalecer la cooperación trilateral con Estados Unidos y Japón, manteniendo al mismo tiempo una línea abierta de diálogo con Corea del Norte. Sostuvo que su gobierno adoptará un enfoque diplomático basado en el interés nacional, sin renunciar a la firmeza frente a amenazas nucleares o provocaciones militares del Norte.
Respecto a Japón, Lee mostró una postura equilibrada. Aunque reiteró su compromiso de no ceder en temas históricos como el trabajo forzado y las disputas territoriales, también reconoció la necesidad de avanzar hacia una relación más práctica y constructiva. Durante una conferencia de prensa, sugirió continuar con el esquema de compensación impulsado por la administración anterior, el cual prevé indemnizaciones a las víctimas a través de un fondo respaldado por el Estado surcoreano. Según el mandatario, mantener la coherencia entre gobiernos es clave para construir relaciones bilaterales estables.
En lo interno, Lee enfrenta el reto inmediato de negociar con Estados Unidos la reciente imposición de aranceles, mientras impulsa reformas económicas centradas en el apoyo a pequeñas y medianas empresas. También ha prometido revisar la legislación sobre la ley marcial, endureciendo los requisitos para evitar futuros abusos del poder presidencial.
Desde el primer día, Lee dejó en claro que su gobierno buscará convertir la crisis heredada en una oportunidad para reposicionar a Corea del Sur en el escenario global, combinando firmeza institucional, apertura diplomática y compromiso con el crecimiento inclusivo.







