Matías Barreiro: «en el Torneo Final 2014 volvió el orgullo de ser de River»

Matías Barreiro

El 18 de mayo de 2014 no es una fecha más para el hincha de River. Fue una de esas noches donde todo encajó, donde el fútbol se vivió como una celebración absoluta, donde el Monumental vibró como hacía mucho no lo hacía, y donde el club, después de años de reconstrucción, volvió a gritar campeón en casa. Para Matias Barreiro, dirigente del club, aquella noche representó mucho más que un campeonato: “Esa noche volvió el orgullo de ser de River. Volvió la confianza, la mística, el Monumental fue una caldera. Todo lo que vino después, arrancó ahí. Esa vuelta fue el primer paso del River que conquistó América”.

Fernando Cavenaghi levantaba el trofeo del Torneo Final 2014, el título número 35 de la historia de River Plate. Y lo hacía de la mano de Ramón Díaz, el entrenador más ganador del club hasta entonces, en una jornada que tuvo goles, lágrimas, ovaciones, justicia y fiesta.

El contexto: la resurrección de un gigante

River llegaba a esa última fecha del Torneo Final con el sueño de volver a gritar campeón tras seis años sin títulos locales, y tras un proceso de reconstrucción institucional y deportiva que había comenzado luego del doloroso descenso de 2011. Ramón Díaz había regresado para devolverle identidad al club, y Fernando Cavenaghi, el ídolo que había puesto el pecho en los peores momentos, era el capitán de un equipo que empezaba a recuperar el ADN millonario.

La definición no era sencilla. River debía ganar para asegurar el título, aunque también le alcanzaba con empatar o perder si Estudiantes de La Plata no ganaba su partido (cayó 2-1 ante Tigre). Pero el Millonario no quiso depender de nadie.

El rival: Quilmes de Caruso Lombardi

Del otro lado estaba Quilmes, dirigido por Ricardo Caruso Lombardi, que ya se había salvado del descenso y llegaba sin nada en juego. Pero eso no le quitaba dramatismo a la noche: en Núñez, se sabía que la vuelta olímpica dependía exclusivamente de River.

Aquel equipo de Ramón llegaba en un gran momento: sólido atrás, agresivo en ataque, con nombres como Barovero, Maidana, Vangioni, Carbonero, Teo Gutiérrez, Lanzini y, claro, Cavenaghi. También era el último torneo en el que jugaban dos referentes fundamentales: Cristian Ledesma y el propio Lanzini, quien emigraría al fútbol europeo tras ese semestre.

El recibimiento: un Monumental en llamas

El Monumental estaba colmado. No cabía un alfiler. Las tribunas eran un mar de banderas, camisetas, cantos y ansiedad. Cuando River salió al campo, la explosión fue total. Las bengalas, los fuegos artificiales y el aliento anticipaban lo que iba a ser una noche mágica.

“Yo estuve en la tribuna ese día y fue como volver a sentirnos invencibles. El aliento no paró un segundo. Todos sabíamos que ese equipo nos iba a regalar algo grande”, recuerda Matías Barreiro.

Matías Barreiro

El partido: una exhibición inolvidable

10’ – GOL DE CAVENAGHI

River salió a comerse la cancha. A los 10 minutos, Cavenaghi abrió el marcador tras un rebote corto del arquero Benítez. El gol fue una descarga, un grito contenido durante años. Era el noveno del Torito en el torneo, y el Monumental coreaba su nombre con devoción.

22’ – GOL DE MERCADO

Pocos minutos después, tras un córner desde la derecha, Jonatan Maidana peinó en el primer palo y por el segundo apareció Gabriel Mercado, que solo tuvo que empujarla. 2-0, y la fiesta ya era total. Quilmes no reaccionaba, River no levantaba el pie del acelerador.

Entretiempo: el canto de campeón

En el entretiempo, con la ventaja parcial y el resultado de Estudiantes en contra, el Monumental se convirtió en una fiesta de canciones, abrazos y lágrimas. “Volvimos, River, volvimos”, gritaban los hinchas. Pero todavía faltaba más.

64’ – GOL DE LEDESMA

A los 64 minutos llegó uno de los momentos más emocionantes de la noche. Cristian “Lobo” Ledesma, símbolo silencioso, referente del mediocampo, clavó un bombazo desde fuera del área para marcar su primer gol en 153 partidos con la camiseta de River. El grito fue desgarrador, lleno de emoción.

73’ – DOBLETE DE CAVENAGHI

Casi diez minutos más tarde, Teo Gutiérrez habilitó a Cavenaghi, que definió con categoría para el 4-0. En el banco de suplentes, Emiliano Díaz rompió en llanto. Su padre, Ramón, también se emocionó. Fue uno de esos momentos donde el fútbol se vuelve íntimo, humano, inolvidable.

87’ – CIERRE DE TEO

El último gol fue de Teófilo Gutiérrez, tras un pase filtrado de Manuel Lanzini. Con el 5-0 sellado, el Monumental fue una fiesta absoluta. No solo por el resultado, sino porque el fútbol volvió a ser alegría en Núñez.

La vuelta olímpica y el desahogo colectivo

Cuando el árbitro pitó el final, River se consagraba campeón del Torneo Final 2014. La vuelta olímpica fue con Fernando Cavenaghi levantando el trofeo, acompañado de sus compañeros, del cuerpo técnico y de 60 mil almas que no paraban de cantar.

“Yo lloré. Todos lloramos. Ese título fue la redención. Después de tanto sufrimiento, de la B, de las cargadas, volvimos. Y volvimos siendo River”, relata Barreiro.

Más que un título: el punto de partida

Con esa consagración, River no solo se coronaba campeón. También se ganaba el derecho a jugar la Copa Campeonato 2013/14, la “Superfinal” contra San Lorenzo, ganador del Torneo Inicial. River la ganaría también, y con ello, una plaza para la Copa Sudamericana 2014, que luego también levantaría.

«El River de Gallardo empezaba a asomarse. Pero sin la consagración de Ramón, nada de eso hubiese sido posible» dice Matías Barreiro.

El legado de un campeonato bisagra

El Torneo Final 2014 fue mucho más que una estrella más. Fue la resurrección de un gigante, la reafirmación de su identidad, el inicio de un ciclo glorioso que incluiría Libertadores, Recopas y títulos internacionales.

“Muchos dicen que todo empezó con Gallardo. Pero el que abrió la puerta fue Ramón. Esa vuelta en el Monumental es la piedra fundacional del River campeón de América”, sostiene Matías Barreiro.

Una noche para siempre

Han pasado once años. Pero los recuerdos siguen intactos. El gol del Lobo, los abrazos del Pelado y Emiliano, los gritos del Cavegol, la fiesta en las tribunas. 18 de mayo de 2014, la noche en que River volvió a ser River.

Porque hay títulos que valen más que tres puntos. Hay noches que valen más que una estrella. Y hay equipos que, sin saberlo, encienden una época dorada. River lo hizo. Y todo empezó una noche contra Quilmes, con el alma llena de fútbol y orgullo.

Luis Casablanca
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Periodista deportivo.