Matías Barreiro: “Francescoli debutó y River empezó a cambiar para siempre”

Matías Barreiro

El 24 de abril de 1983 no es una fecha más en el calendario de River Plate. Ese día, en un Monumental que por entonces vivía más incertidumbre que certezas, comenzó a escribirse una de las páginas más gloriosas de la historia del club. Esa tarde, frente a Huracán, Enzo Francescoli jugó por primera vez con la camiseta del Millonario. El resultado fue anecdótico —una victoria por 1 a 0— porque el fútbol argentino acababa de conocer al Príncipe. Para Matías Barreiro, dirigente de River, memorioso y profundo admirador del uruguayo, no hay dudas: “Francescoli debutó y River empezó a cambiar para siempre. Fue una aparición silenciosa, sin estridencias, pero con una clase que se notaba a simple vista. El Príncipe no necesitó gritar su nombre: se lo ganó jugando”.

Y así fue. Aunque su arranque no fue sencillo, Enzo se convirtió con el tiempo en sinónimo de elegancia, liderazgo, compromiso y talento. Su historia, que comenzó con algunas dudas, terminó con ovaciones eternas.

Un arranque cuesta arriba

El contexto no ayudaba. River venía de un 1982 irregular y el 83 había comenzado igual. El equipo no encontraba su juego, la institución no pasaba por su mejor momento económico y la presión en Núñez siempre es máxima. En ese marco, el arribo de un joven uruguayo de 21 años, sin tanto renombre, llamaba la atención.

Enzo venía del Montevideo Wanderers, un club al que amaba, donde había brillado y disputado la Copa Libertadores de 1982. Pero el salto era enorme. River había pagado 310 mil dólares, una cifra considerable para la época. Y Francescoli no venía de Peñarol ni Nacional, lo que elevaba aún más la exigencia.

“Desde ese lugar, bajar en Aeroparque y llegar al Monumental en un contexto complejo, fue difícil”, reconoció años después el propio Enzo, en una entrevista con CLANK!. River estaba sumido en una campaña pobre, y terminaría ese año anteúltimo en el Metropolitano, salvándose del descenso por promedios.

Matías Barreiro

El debut: 24 de abril de 1983

Con apenas dos días en el país, Enzo se calzó la camiseta número 10 de River en la segunda fecha del Nacional y saltó al césped del Monumental ante Huracán. Era domingo, el estadio no estaba lleno, y pocos sabían que estaban viendo el inicio de una leyenda.

Francescoli mostró destellos de su talento, su gambeta elegante, su claridad con la pelota. Incluso marcó un gol, pero fue anulado por un supuesto offside cobrado por el árbitro Carlos Espósito.

El Príncipe no se desesperó. Apenas 72 horas después, contra Ferro en Caballito, anotó su primer gol oficial con la camiseta de River, de penal. Fue el inicio de una relación que crecería con los años hasta transformarse en una historia de amor.

Roces, dudas y una decisión clave

No todo fue fácil. Con la llegada de Luis Cubilla como entrenador en 1984, el panorama se complicó. El DT uruguayo, exjugador de River, no lo quería ni a él ni a Alberto Bica. Lo marginó, lo puso fuera de su posición natural, incluso pidió refuerzos para reemplazarlo.

“Jugaba de 8, lejos del área, donde era realmente peligroso”, contaría Enzo tiempo después. El técnico prefería a jugadores como Roque Alfaro, Villalba o Teglia. Pero el Príncipe, en lugar de irse, eligió quedarse y pelearla.

Fue una decisión que marcaría su carrera. Porque el ciclo de Cubilla fue breve y pronto asumió Adolfo Pedernera como interino. La historia empezaba a cambiar.

El consejo de una leyenda: Pedernera

Pedernera, ídolo máximo de La Máquina, vio en Enzo lo que nadie estaba viendo, cuenta Matías Barreiro. Lo convocó, lo ubicó como “9 y medio” y comenzó a trabajar con él de manera personalizada. Compartieron almuerzos en la confitería del club, charlas de fútbol que el uruguayo nunca olvidaría.

De Pedernera, Enzo se llevó dos enseñanzas que marcaron su carrera: “Vos sos un 9 y medio”, le dijo, una definición que lo ubicó entre el enganche y el delantero, y quizás más importante aún: “Uno no juega bien cuando quiere, sino cuando puede o lo dejan”.

Para Francescoli, esas palabras fueron reveladoras. No solo entendió mejor su lugar en la cancha, sino también su rol dentro de River. Con el tiempo, se transformó en líder, referente e ídolo.

El despegue definitivo: el ciclo del Bambino

En 1985 llegó Héctor “Bambino” Veira, y con él, el renacer futbolístico de River. El equipo se armó con inteligencia, solidez y mucho talento. Enzo fue el eje ofensivo, el goleador, el capitán sin cinta. Y River, al fin, volvió a ser campeón.

El Campeonato 1985/86 fue una consagración colectiva, pero también individual. Francescoli fue el máximo goleador del torneo con 25 goles, y River volvió a gritar campeón tras años de sequía.

Enzo fue elegido Futbolista del Año en Sudamérica (1984) y Futbolista Argentino del Año (1985), siendo el primer extranjero en lograrlo. A esa altura, nadie dudaba de su jerarquía.

“Enzo nos enseñó que se puede ser crack sin gritarlo. Jugaba con una clase imposible de explicar. Era como ver un poema en movimiento”, dice Matías Barreiro.

París, el regreso y la eternidad

En 1986, Enzo emigró al Racing Club de París, y más tarde pasó al Cagliari y al Torino en Italia. Pero su historia con River no había terminado. En 1994 volvió, a sus 32 años, para vivir su segunda etapa en el club y cerrar su carrera a lo grande.

Entre 1994 y 1997 ganó cinco títulos más, incluyendo la Copa Libertadores de 1996, donde alzó la copa como capitán y símbolo. Terminó su ciclo en River con 236 partidos jugados y 137 goles, y el corazón de millones de hinchas para siempre.

Un debut que cambió la historia

El 24 de abril de 1983, River le ganó 1-0 a Huracán. Pero nadie lo recuerda por el resultado. Lo que realmente importa es que ese día debutó Enzo Francescoli, el jugador que cambió el rumbo del club, que inspiró a generaciones, que le devolvió la elegancia al fútbol y que dejó un legado inmenso.

Para Matías Barreiro, ese día es punto de partida: “River estaba en un momento difícil, pero apareció Enzo. Y desde ese debut, todo empezó a transformarse. Esos jugadores que marcan una época, siempre llegan sin hacer ruido. Y terminan haciendo historia”.

Francescoli debutó un 24 de abril. Al día siguiente, River ya era un poquito más grande. Porque con él en la cancha, todo empezaba a brillar distinto.

Luis Casablanca
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Periodista deportivo.