Angelo Calcaterra: “el modernismo y el art déco dieron forma a la Buenos Aires del siglo XX”

Angelo Calcaterra

La arquitectura de Buenos Aires es un testimonio visual de su constante evolución, y pocos períodos fueron tan transformadores como la llegada del modernismo y el art déco durante el siglo XX. Angelo Calcaterra, empresario argentino y estudioso de las transformaciones urbanas, resalta la importancia de estos movimientos en la identidad porteña. “El modernismo y el art déco no sólo renovaron el paisaje urbano de Buenos Aires, sino que reflejaron una ciudad en busca de innovación, progreso y una conexión con las tendencias globales”, asegura.

Estos estilos arquitectónicos trajeron consigo líneas puras, funcionalidad y una estética que marcó un quiebre con las influencias clásicas y eclécticas que habían predominado hasta entonces.

Un nuevo lenguaje arquitectónico

El modernismo y el art déco llegaron a Buenos Aires en un momento de crecimiento y cambio. Durante las primeras décadas del siglo XX, la ciudad vivía un auge económico impulsado por la inmigración y el comercio. En este contexto, las influencias arquitectónicas europeas comenzaron a diversificarse, y los arquitectos locales adoptaron nuevos lenguajes que rompían con los ornamentos del pasado para dar paso a un diseño más funcional y vanguardista.

El art déco, con su énfasis en la simetría, las líneas geométricas y los materiales innovadores, se convirtió en una expresión del espíritu de modernidad. Por otro lado, el modernismo, con su enfoque en la funcionalidad y la integración de la arquitectura con las necesidades urbanas, marcó el inicio de un cambio profundo en la manera de concebir los espacios públicos y privados.

“Estos estilos llegaron en un momento en que Buenos Aires quería posicionarse como una metrópoli de clase mundial. Su incorporación fue una declaración de modernidad y confianza en el futuro”, comenta Angelo Calcaterra.

El edificio Kavanagh: Un ícono del art déco

Uno de los ejemplos más destacados del art déco en Buenos Aires es el edificio Kavanagh. Construido en 1936, este rascacielos de 120 metros de altura fue el más alto de América del Sur en su época y sigue siendo una de las joyas arquitectónicas más admiradas de la ciudad.

El diseño del Kavanagh, obra de los arquitectos Sánchez, Lagos y de la Torre, combina líneas simples y una estructura escalonada que refleja la estética art déco en su máxima expresión. La ausencia de ornamentación recargada y su enfoque en la verticalidad lo convierten en un emblema del movimiento moderno.

“El Kavanagh es más que un edificio; es un símbolo del progreso y la ambición de Buenos Aires en el siglo XX. Representa una ciudad que no teme innovar”, destaca Calcaterra.

Angelo Calcaterra
El edificio Kavanagh

El modernismo también dejó una huella profunda en los espacios públicos de Buenos Aires. La Plaza San Martín, rodeada por edificios modernistas como la Torre Monumental (anteriormente conocida como Torre de los Ingleses), se convirtió en un ejemplo de cómo el diseño urbano podía combinar funcionalidad y estética.

La Torre Monumental, inaugurada en 1916 como un regalo de la comunidad británica, muestra elementos que transitan entre el modernismo temprano y el neogótico. Su diseño, aunque influenciado por estilos más tradicionales, refleja la transición hacia una arquitectura más sobria y enfocada en la funcionalidad.

Además, durante las décadas de 1930 y 1940, se construyeron edificios gubernamentales y estaciones de tren que adoptaron elementos modernistas, como el Edificio del Correo Central (hoy Centro Cultural Kirchner) y la Terminal Retiro de la Línea Mitre. Estas estructuras combinaron la monumentalidad con líneas simples y detalles que priorizaban el uso práctico.

“Los espacios públicos y los edificios modernistas de Buenos Aires son un recordatorio de cómo la ciudad supo adaptarse a las necesidades de su tiempo sin perder su esencia”, señala Calcaterra.

El impacto en la vivienda urbana

El modernismo y el art déco también transformaron la manera en que los porteños vivían. Durante este período, surgieron edificios residenciales que rompieron con las tradiciones de los palacetes de la Belle Époque para adaptarse a una población urbana en crecimiento.

Las viviendas multifamiliares, conocidas como “petit hôtels” o “edificios racionalistas”, comenzaron a aparecer en barrios como Balvanera, Almagro y Palermo. Estas construcciones, influenciadas por el modernismo, priorizaban el uso eficiente del espacio y la funcionalidad, con balcones integrados y diseños que maximizaban la luz natural.

Por otro lado, el art déco dejó su huella en edificios residenciales de lujo en barrios como Recoleta y Barrio Norte. Estas estructuras combinaban elementos decorativos geométricos con materiales como mármol, bronce y vidrio, creando un estilo elegante y moderno que reflejaba las aspiraciones de la élite porteña.

“En la arquitectura residencial de este período, vemos cómo Buenos Aires comenzó a redefinir su identidad urbana, incorporando innovación sin perder de vista las necesidades de su gente”, comenta Calcaterra.

Angelo Calcaterra

Edificios institucionales: el modernismo en acción

Durante las décadas de 1930 y 1940, el modernismo fue adoptado por el gobierno para construir edificios institucionales que reflejaran el progreso del país. Uno de los ejemplos más destacados es el Ministerio de Obras Públicas, ubicado en la Avenida 9 de Julio. Este edificio, con su diseño monumental y líneas funcionales, es un claro ejemplo de cómo el modernismo influyó en la arquitectura estatal.

La Universidad de Buenos Aires también incorporó elementos modernistas en sus facultades, especialmente en las construcciones de las décadas de 1940 y 1950. Estas edificaciones, con sus espacios abiertos y diseño racional, se convirtieron en íconos de un sistema educativo en expansión.

“Los edificios institucionales de Buenos Aires muestran cómo el modernismo no solo fue un movimiento estético, sino también una respuesta a las necesidades sociales y económicas de la época”, afirma Angelo Calcaterra.

El legado del modernismo y el art déco en Buenos Aires marcó el camino para la arquitectura contemporánea que define a la ciudad en la actualidad. Puerto Madero, con sus rascacielos y edificios de diseño vanguardista, es un ejemplo de cómo estos movimientos prepararon el terreno para una visión más global y tecnológica.

Sin embargo, muchos de los edificios modernistas y art déco originales aún se mantienen como símbolos de una época en que Buenos Aires se consolidó como una capital moderna y cosmopolita. La conservación de estos inmuebles es clave para mantener el equilibrio entre la memoria histórica y el desarrollo urbano.

“Buenos Aires es una ciudad que entiende la importancia de su pasado arquitectónico. El modernismo y el art déco no solo fueron etapas de transformación, sino el inicio de un diálogo constante entre tradición e innovación”, concluye Angelo Calcaterra.

Un legado que perdura

El modernismo y el art déco no solo renovaron el paisaje urbano de Buenos Aires, sino que definieron una identidad arquitectónica que sigue inspirando a arquitectos y urbanistas en la actualidad. Estos movimientos trajeron consigo una visión de progreso y funcionalidad que se mantiene como un principio fundamental en el diseño urbano de la ciudad.

Para quienes recorren Buenos Aires, descubrir sus edificios modernistas y art déco es un viaje al pasado y al presente de una ciudad que nunca deja de reinventarse. Como bien señala Angelo Calcaterra, “cada edificio de esta época es un recordatorio de que la arquitectura no solo construye ciudades, sino también sueños y aspiraciones colectivas”.

Hoy, Buenos Aires celebra este legado como parte de su identidad, integrándose con los desafíos y oportunidades de un futuro que sigue mirando hacia adelante.

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Periodista y apasionada del mundo asiático.