Agricultura sostenible en Argentina: clave para un futuro alimentario

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En los últimos 20 años, las demandas de los consumidores han evolucionado significativamente, y no solo se centran en la variedad y cantidad de alimentos, sino que también se han vuelto más exigentes en términos de inocuidad y calidad de los productos que llegan a sus mesas, especialmente en lo que respecta a frutas y hortalizas.

El Ministerio de Agroindustria de la Nación ha establecido como uno de sus principales objetivos convertir a Argentina en el supermercado del mundo, atendiendo a las necesidades alimentarias y contribuyendo al conocimiento, investigación, desarrollo y tecnología, en un marco de sostenibilidad ambiental, económica y social.

Para lograr esta visión, es esencial cumplir con ciertas condiciones que permitan generar competitividad y calidad en los alimentos que se producen. Esto implica promover acciones orientadas a la seguridad alimentaria y nutricional, así como trabajar con todos los actores de las cadenas de valor para concienciar sobre la importancia de implementar e innovar en sistemas de gestión de la calidad, como las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA). Estas prácticas no solo mejoran la eficiencia productiva y reducen costos, sino que también garantizan la trazabilidad de los productos, lo que es fundamental para recuperar la confianza de los consumidores internacionales y acceder a mercados más exigentes.

En diciembre de 2017, la Comisión Nacional de Alimentos (CONAL) aprobó la incorporación de las Buenas Prácticas Agrícolas para la producción frutihortícola al Código Alimentario Argentino. Esto estableció que el sector de frutas debía implementar estas prácticas en su totalidad en dos años, y el sector hortícola en tres años.

Este nuevo requisito implica desarrollar herramientas de formación y capacitación para llegar a todos los productores del país y a quienes serán responsables de formarlos. También requiere una colaboración coordinada entre organismos públicos y privados a nivel nacional, provincial y local, así como con las asociaciones de productores locales para lograr este objetivo.

Certificación de Agricultura Orgánica en Argentina

La certificación de productos orgánicos en Argentina es un proceso que garantiza que una empresa cumpla con los estándares de calidad establecidos en normativas respaldadas por el Gobierno Argentino. Esta certificación otorga un valor agregado a los productos y genera confianza, seguridad y compromiso entre los productores y los consumidores.

En Argentina, un producto se considera orgánico cuando se obtiene a partir de un sistema de producción sostenible que utiliza el manejo racional de los recursos naturales, sin el uso de agroquímicos de síntesis química ni organismos genéticamente modificados. La Ley 25.127 regula el uso de las etiquetas «orgánico», «biológico» o «ecológico».

La certificación orgánica se aplica a productores de materias primas, elaboradores, comercializadores, distribuidores, empacadores, importadores y exportadores que deseen agregar valor a sus productos y garantizar la calidad y la trazabilidad orgánica mediante un sello otorgado por una entidad certificadora de terceros.

La importancia de la rotación de cultivos en la agricultura sostenible

Entre las ventajas de la certificación orgánica se incluyen beneficios comerciales, el cuidado del medio ambiente y la capacidad de acceder a mercados internacionales exigentes que reconocen las normativas orgánicas argentinas.

Aunque la certificación orgánica es voluntaria, es obligatoria para el uso de las etiquetas «orgánico», «biológico» o «ecológico». Los productos orgánicos se producen sin el uso de fertilizantes, herbicidas y pesticidas sintéticos, y sin organismos genéticamente modificados. Además, la certificación asegura que todos los insumos utilizados cumplan con las reglas de producción orgánica.

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) es la autoridad competente para supervisar el cumplimiento de la normativa orgánica y otorga la habilitación a entidades certificadoras, como OIA, para controlar a productores, elaboradores y comerciantes de productos orgánicos. La certificación se basa en auditorías e inspecciones que garantizan la calidad y cumplen con los estándares internacionales.

En contraste, los productos «naturales» no están sujetos a un control oficial y pueden utilizar pesticidas y fertilizantes sintéticos. No obstante, es importante destacar que todos los productos orgánicos son naturales, pero no todos los productos naturales son orgánicos.

Cultivando de manera responsable: prácticas agrícolas sostenibles

La agricultura sostenible es esencial para satisfacer la demanda de alimentos en un mundo en constante crecimiento. La adopción de prácticas agrícolas sostenibles busca mantener la productividad agrícola al tiempo que se minimiza el impacto ambiental y se protegen los recursos naturales. 

Existen diversas prácticas agrícolas sostenibles fundamentales que pueden ser adoptadas por los agricultores para asegurar un futuro sostenible en la agricultura. Entre ellas, se encuentra la agricultura de conservación, que se enfoca en minimizar la perturbación del suelo, reducir la erosión y promover la biodiversidad del suelo. La agricultura orgánica es otra práctica clave que prescinde de productos químicos sintéticos, como pesticidas y fertilizantes, priorizando la salud del suelo y la biodiversidad. 

En Argentina, un producto se considera orgánico cuando se obtiene a partir de un sistema de producción sostenible que utiliza el manejo racional de los recursos naturales, sin el uso de agroquímicos de síntesis química ni organismos genéticamente modificados

La agroforestería combina la producción agrícola y forestal para mejorar la salud del suelo y aprovechar de manera eficiente los recursos disponibles. El manejo integrado de plagas implica el uso de diversas técnicas para controlar plagas y enfermedades, reduciendo al mínimo la utilización de pesticidas. 

La agricultura de precisión aprovecha la tecnología para monitorear y gestionar la producción agrícola de manera precisa. La rotación de cultivos contribuye a mantener la salud del suelo y disminuir la presencia de plagas y enfermedades. 

La utilización de abonos orgánicos emplea residuos orgánicos para enriquecer el suelo sin recurrir a fertilizantes sintéticos, y la siembra directa evita el arado del suelo, reduciendo la erosión y preservando la biodiversidad del suelo. 

La adopción de prácticas agrícolas sostenibles es esencial para garantizar la producción de alimentos de calidad, proteger el medio ambiente y satisfacer las necesidades de una población en crecimiento. Estas prácticas contribuyen a la seguridad alimentaria y a un futuro sostenible para la agricultura.

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Paramérica SA, fundada en 1994 en el Noroeste Argentino, es una empresa familiar arraigada en la agroindustria, parte del Grupo Ruiz. En menos de una década, se consolidó como líder mundial en la exportación de poroto negro. En 2016, diversificó su negocio hacia la citricultura, exportando granos y limón a nivel global.

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