El gobierno de Filipinas inició gestiones con Estados Unidos para obtener permisos especiales que le permitan comprar petróleo a países bajo sanciones, en un intento por asegurar el suministro en medio de la crisis provocada por la guerra en Medio Oriente.
La medida surge tras la declaración de emergencia energética decretada por el presidente Ferdinand Marcos Jr., ante el impacto que el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha tenido sobre el mercado global de energía.
El embajador filipino en Washington, Jose Manuel Romualdez, confirmó que las conversaciones con el Departamento de Estado están en marcha para obtener exenciones que permitan importar crudo de naciones sancionadas, entre ellas potencialmente Irán y Venezuela.
La urgencia de estas gestiones radica en la alta dependencia energética del país, que importa casi todo su petróleo, principalmente desde Medio Oriente. La situación se agravó tras la interrupción de rutas clave como el Estrecho de Ormuz, lo que ha generado temores sobre el abastecimiento y disparado los precios.
Según datos oficiales, Filipinas contaba con reservas suficientes para unos 45 días a mediados de marzo, mientras el gobierno busca adquirir más crudo para reforzar su stock estratégico.
A pesar del escenario complejo, Marcos Jr. intentó llevar calma a la población al asegurar que el país no se quedará sin combustible y que ya se están explorando fuentes alternativas no afectadas por la guerra.
La declaración de emergencia, que tendrá una duración de un año, otorga al Ejecutivo poderes especiales para garantizar el suministro, incluyendo la posibilidad de realizar pagos anticipados para asegurar contratos de importación de petróleo.
Sin embargo, la crisis ya comenzó a generar tensiones internas. El aumento del precio de los combustibles provocó malestar social, con trabajadores del transporte y organizaciones de consumidores convocando a protestas en reclamo de medidas más efectivas.
Para mitigar el impacto, el gobierno también adoptó medidas de emergencia como el aumento del uso de energía a carbón y la autorización temporal de combustibles más baratos pero más contaminantes, en un intento por sostener el abastecimiento.
En paralelo, Manila comenzó a recibir cargamentos de petróleo desde nuevos proveedores, incluyendo envíos desde Rusia y otros países, en algunos casos bajo exenciones temporales otorgadas por Washington.
La crisis energética en Filipinas refleja el efecto dominó del conflicto en Medio Oriente sobre economías altamente dependientes de las importaciones de energía. En este contexto, la búsqueda de flexibilización de sanciones aparece como una herramienta clave para evitar un desabastecimiento y contener el impacto económico en el país.







