La industria agropecuaria de Corea del Sur expresó alivio este jueves luego de que el Gobierno confirmara que no cederá ante la presión de Estados Unidos para abrir aún más los mercados nacionales del arroz y la carne vacuna. El anuncio oficial, realizado tras la firma del nuevo acuerdo comercial entre Seúl y Washington, busca calmar las tensiones internas y reafirma que la seguridad alimentaria y la sensibilidad del sector rural siguen siendo prioridades.
Kim Yong-beom, jefe secretario presidencial para políticas, fue claro al señalar en conferencia de prensa que no habrá nuevas aperturas para las importaciones de arroz ni de carne de vacuno, pese a las intensas negociaciones con la administración del presidente Donald Trump. El funcionario aseguró que Corea del Sur logró preservar sus intereses estratégicos sin comprometer sus productos agrícolas más sensibles.
En el marco del acuerdo, Corea del Sur se comprometió a invertir 350.000 millones de dólares en proyectos seleccionados por Estados Unidos, además de adquirir productos energéticos como gas natural licuado por un valor de 100.000 millones. A cambio, Washington accedió a reducir los llamados “aranceles recíprocos” del 25 al 15 por ciento, medida que también se aplicará a las importaciones de vehículos surcoreanos.
Aun así, desde Estados Unidos hubo señales contradictorias. Trump afirmó en sus redes sociales que Corea del Sur “SE ABRIRÁ COMPLETAMENTE” al comercio con su país, incluyendo bienes agrícolas. El mensaje en mayúsculas generó inquietud entre los productores rurales surcoreanos, que temen una eventual flexibilización futura. Sin embargo, funcionarios en Seúl reiteraron que la postura del Gobierno fue clara: no habrá concesiones adicionales en los sectores del arroz y la carne vacuna.
Corea del Sur mantiene desde 2008 una restricción para importar carne vacuna de animales estadounidenses mayores de 30 meses, medida impuesta tras la crisis global por la enfermedad de las vacas locas. Según el Gobierno, hubo presión directa para eliminar esta norma y aumentar la cuota de importación de arroz estadounidense, pero finalmente se definió mantener ambas limitaciones como una línea roja en las negociaciones.
Desde el sector agrícola se recibió el anuncio con cautela. Un representante de los agricultores declaró que “celebran la firme voluntad del Gobierno de proteger el mercado agrícola”, aunque advirtió que seguirán de cerca los detalles del acuerdo. En los últimos días, grupos rurales habían amenazado con protestas si se permitía mayor apertura comercial como moneda de cambio con Washington.
Los negociadores surcoreanos subrayaron que el país ya importa el 99,7 por ciento de los productos agrícolas solicitados por Estados Unidos y que es, además, el principal comprador global de carne vacuna estadounidense. Según destacaron, esos factores pesaron a la hora de resistir nuevas exigencias.
En lugar de tocar los productos más sensibles, Seúl habría evaluado abrir parcialmente su mercado a productos agrícolas relacionados con los biocombustibles, como el maíz y el bioetanol, alternativa que no generaría el mismo nivel de rechazo interno.
Para Suh Jin-kyo, presidente del Instituto GS&J, el resultado es significativo. “Sin duda, ha sido un logro mantener protegidos los sectores más delicados desde el punto de vista político”, afirmó. Mientras tanto, el campo surcoreano respira con alivio, aunque sin bajar la guardia.







