Japón y Studio Ghibli: soft power y memoria histórica 

Desde su irrupción en la cultura popular occidental en los años ochenta, las entrañables películas del gigante de animación Studio Ghibli lograron hacerse un lugar en el imaginario de millones de niños alrededor del mundo. Su éxito arrollador le permitió a Japón construir una maquinaria de soft power sin precedentes en el Este de Asia. 

Durante la década del sesenta, un grupo de jóvenes dibujantes japoneses comenzaron a hacerse un lugar en la poderosa industria de la animación japonesa. Embebidos de las ideas socialistas y comunistas que comenzaron a emerger entre la juventud a nivel mundial, animadores prometedores cómo el legendario Hayao Miyazaki comenzaron a rebelarse contra las duras condiciones laborales que les imponía la industria de la animación en Japón. 

En un continente asiático enmarcado en la disputa ideológica entre Estados Unidos y la Unión Soviética, Japón se convirtió en un actor clave dentro del sistema de los hubs and spokes. 

De esta forma, el imperio japonés comenzó a desarrollar una política de soft power enfocada en mejorar su imagen internacional luego de los crímenes cometidos durante la Segunda Guerra Mundial. La celebración de los Juegos Olímpicos, así como los pioneros del anime japonés se enfocaron en representar un Japón moderno y abierto al mundo y a Occidente. 

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No obstante, Miyazaki y su recién creado estudio de animación Studio Ghibli se propusieron cambiar la percepción capitalista que el mundo tenía de Japón. 

En sus películas, Miyazaki intentaba brindar un mensaje pacifista, ecologista y antifascista. En Porco Rosso, uno de sus primeros films, Miyazaki busca, a través de un cerdo humanoide, homenajear a los héroes europeos que lucharon contra el fascismo y el comunismo. 

También, Miyazaki abordó la cuestión del bombardeo atómico sobre Hiroshima y Nagasaki en su film La tumba de las luciérnagas. Un largometraje trágico, que retrata la historia de dos hermanos que deben sobrevivir en el Japón de la posguerra sin sus padres. 

En definitiva, Studio Ghibli se convirtió no solamente en un estudio de animación, sino también en un proyecto cultural que busca exportar la imagen de un Japón moderno y abierto al mundo. 

 

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Estudiante de Relaciones internacionales y Ciencia Política en la Universidad de Belgrano. Redactora en Finguru, CEERI y Politologos al whisky.