El 1 de abril de 2003, Hong Kong amaneció de luto. Leslie Cheung Kwok-wing, el hombre que había redefinido el cine y la música popular de Asia durante dos décadas, murió a los 46 años después de caer desde el piso 24 del hotel Mandarin Oriental, en el distrito central de la isla de Hong Kong. Era el Día de los Inocentes, y muchos creyeron al principio que se trataba de una broma macabra. No lo era. En las horas siguientes, su pareja de vida, Daffy Tong Hok-Tak, confirmó lo que los allegados ya sabían: Cheung llevaba casi un año en tratamiento psiquiátrico por una depresión clínica severa, tras un primer intento de quitarse la vida en 2002. La sociedad china —en Hong Kong, en el continente, en la diáspora— procesó el golpe con una mezcla de incredulidad y dolor que todavía resuena.
Leslie Cheung había nacido el 12 de septiembre de 1956 en Kowloon, Hong Kong, el menor de diez hermanos de una familia de clase media. Su padre era sastre y trabajó para figuras del espectáculo occidental como William Holden y Cary Grant, un detalle biográfico que dice algo sobre el mundo entre mundos en el que creció Leslie: Hong Kong colonial, poroso, expuesto simultáneamente a la cultura británica, la tradición china y la modernidad americana. Estudió en el Rosaryhill School y luego en la Universidad de Leeds, en Inglaterra, donde se licenció en textiles, aunque nunca ejerció esa carrera.
El ascenso: de la música al cine
Cheung comenzó a actuar y cantar en 1978 pero tardó casi una década en encontrar el rol que lo catapultaría a la primera línea. Fue John Woo quien le dio esa oportunidad en 1986 con Un mejor mañana —A Better Tomorrow—, el policial que se convertiría en un hito del cine de acción hongkonés y que lo estableció como figura de primer orden. El éxito fue inmediato y masivo en toda Asia.
Pero fue su colaboración con el director Chen Kaige la que le daría dimensión internacional. En 1993, Leslie Cheung protagonizó Adiós a mi concubina —Farewell My Concubine—, una de las películas más importantes del cine asiático del siglo XX: un relato épico que abarca décadas de historia china a través de la relación entre dos actores de ópera de Pekín, uno de los cuales —el personaje de Cheung— desarrolla una devoción que trasciende los límites de la amistad hacia su compañero de escena. La película ganó la Palma de Oro en Cannes y fue nominada al Oscar a la mejor película en lengua extranjera. La actuación de Cheung fue considerada por la crítica internacional como una de las más complejas y valientes del período: su personaje era ambiguo en su género, atormentado en su deseo, trágico en su destino. En una industria y una sociedad que rara vez hablaban abiertamente de homosexualidad o bisexualidad, Cheung la encarnó en la pantalla con una honestidad que anticipaba lo que daría en su vida personal.
Buenos Aires: Happy Together
En 1997, Wong Kar-wai convocó a Cheung para protagonizar junto a Tony Leung Chiu-wai Happy Together —Chunguang Zhaxie, que puede traducirse como «felicidad desbordante»—, una película que se convirtió en uno de los documentos cinematográficos más influyentes del amor queer del siglo XX y que tiene, para la Argentina, una dimensión particular: fue filmada íntegramente en Buenos Aires.
La historia es la de Ho Po-wing y Lai Yiu-fai, dos hombres de Hong Kong que llegan a la Argentina en busca de un nuevo comienzo y se destruyen mutuamente en un ciclo de amor y violencia que Wong Kar-wai filmó con una paleta de colores saturados, encuadres oblicuos y una banda sonora que mezclaba tango y música latinoamericana con pop cantonés. La ciudad aparece como un laberinto de habitaciones de hotel, bares nocturnos, el Iguazú filmado en blanco y negro, las calles del barrio de San Telmo a las tres de la mañana.
Cheung interpretó a Ho Po-wing, el más inestable y seductor de los dos: caprichoso, manipulador, incapaz de quedarse pero incapaz también de irse del todo. La actuación fue considerada su mejor trabajo cinematográfico. La película ganó el Premio a la Mejor Dirección en Cannes 1997 y se convirtió en un referente absoluto del cine LGBT asiático y del llamado Second Wave Hong Kong Cinema.
Que la película transcurra en Buenos Aires no es un detalle menor en la biografía artística de Cheung ni en la historia del cine asiático. Wong Kar-wai eligió la Argentina deliberadamente: quería que sus personajes estuvieran lo más lejos posible de Hong Kong, en el otro extremo del mundo, para que la extranjería y el desamparo fueran también geográficos. Buenos Aires, con su melancolía particular, su luz de verano austral y su cultura del tango —esa danza que también habla de cuerpos que se buscan y se rechazan— fue el escenario perfecto para una historia sobre el amor como trampa.
La vida personal y la bisexualidad de Leslie Cheung
Cheung fue, en vida y en trabajo, una figura de una complejidad que su época no siempre supo procesar. En una industria del entretenimiento que en los años ochenta y noventa operaba bajo códigos de silencio sobre la orientación sexual de sus figuras, Cheung hizo pública su relación con Daffy Tong en 1997, durante un concierto, en un gesto que en Hong Kong tuvo el peso de una declaración política. En 2001, en una entrevista con la revista Time, fue más explícito: «Es más apropiado decir que soy bisexual. He tenido novias.» Se convirtió así en el único artista de Hong Kong que había admitido públicamente su bisexualidad ante los medios en esa época.
En sus últimas giras y conciertos, Cheung desafió las convenciones de género con una radicalidad que todavía sorprende: usaba tacos altos, trajes diseñados por Jean Paul Gaultier, maquillaje elaborado. Se movía en el escenario con una androginia que no pedía disculpas. En la gira Passion Tour de 2000, apareció en escena con una rosa roja en la boca, interpretando un tango. El público de Hong Kong lo adoraba y lo miraba sin saber del todo cómo nombrarlo, porque los nombres disponibles en esa cultura y en ese momento no alcanzaban para describir lo que Cheung era.
La enfermedad y el final
Los últimos años de su vida estuvieron marcados por una depresión que sus allegados describieron como devastadora. Cheung buscó ayuda, se sometió a tratamiento, pero la enfermedad fue más fuerte. En 2002 tuvo un primer episodio grave. El 1 de abril de 2003, la tarde antes de que cayera el sol sobre Hong Kong, dejó una nota en la que escribió que el dolor que sentía era insoportable. Tenía 46 años.
Su funeral convocó a miles de personas en Hong Kong. Los medios de toda Asia cubrieron el duelo durante semanas. En China continental, donde su figura era conocida pero su vida personal había sido deliberadamente borrada por los medios estatales, la noticia circuló primero como rumor y luego como confirmación, procesada en silencio por millones de personas que lo habían amado sin poder decir por qué exactamente.
Veintidós años después de su muerte, Leslie Cheung sigue siendo una figura de culto en Asia y entre los amantes del cine de autor en el mundo. Adiós a mi concubina y Happy Together se proyectan en cinematecas y festivales. Su música pop cantonesa sigue siendo descubierta por nuevas generaciones. Y su figura —la del artista que encarnó la ambigüedad de género, la bisexualidad y la vulnerabilidad emocional en una industria que no tenía vocabulario para ninguna de esas cosas— se volvió más legible y más necesaria con el paso del tiempo.
En Buenos Aires, donde Wong Kar-wai filmó la historia de dos hombres que no podían estar juntos ni separados, su presencia persiste en las imágenes: el perfil de Leslie Cheung recortado contra la luz de una habitación de hotel, la mano extendida hacia alguien que ya se fue, la voz que canta en cantonés sobre el fondo del Río de la Plata. Happy Together terminaba con esa imagen: un hombre solo en una ciudad que no es la suya, mirando hacia adelante como si pudiera ver algo que nosotros no vemos. Cheung nunca supo, probablemente, cuánto de él quedó en esas imágenes. Pero quedó todo.
Colaborador en ReporteAsia













