El mercado de motos eléctricas atraviesa uno de sus momentos más complejos en Argentina durante 2026. La eliminación de los incentivos fiscales mediante el decreto 44/2026 modificó por completo el escenario para fabricantes, importadores y concesionarios, provocando una fuerte caída en las ventas y reduciendo la presencia de estos vehículos dentro del mercado nacional. Mientras las motocicletas a combustión recuperan protagonismo por su menor costo inicial, el segmento eléctrico busca alternativas para volver a ganar competitividad en un contexto económico desafiante y con una transición hacia la movilidad sustentable que avanza a un ritmo menor al esperado.
Cómo cambió el panorama de las motos eléctricas en Argentina
Después de varios años de crecimiento, el sector sufrió un freno abrupto. Entre 2021 y 2023, la oferta de motocicletas eléctricas se expandió con la llegada de más de 15 marcas y alrededor de 30 modelos, impulsada por beneficios fiscales que favorecían la importación y permitían ofrecer precios más competitivos.
Ese escenario cambió con la entrada en vigencia del decreto 44/2026, que eliminó la exención del 35% en los aranceles de importación para este tipo de vehículos. Como consecuencia, aumentaron los costos de ingreso al país, disminuyó la rentabilidad de las empresas y varios proyectos comerciales quedaron en pausa.
Según datos de la Asociación de Concesionarios de Automotores (ACARA), las motos eléctricas representan apenas el 0,2% de las ventas totales del mercado argentino durante 2026, una cifra que refleja la pérdida de terreno frente a los modelos convencionales.
La diferencia de precios también se volvió un factor determinante. Modelos como la Sunra K3 Tango o la Siam N4 tienen valores que oscilan entre 2,5 y 5,5 millones de pesos, mientras que alternativas a combustión como la Honda Wave o la Motomel Blitz pueden encontrarse entre 1,3 y 3,4 millones. En un escenario marcado por la inflación y la pérdida del poder adquisitivo, esa brecha influye directamente en la decisión de compra.

Los factores que explican la pérdida de competitividad
La eliminación de los beneficios fiscales fue el principal golpe para el sector, aunque no el único. El Gobierno decidió mantener incentivos para los autos eléctricos por considerarlos estratégicos dentro del proceso de reconversión industrial, pero dejó fuera a los vehículos de dos ruedas.
Esta diferencia generó un fuerte contraste dentro de la movilidad eléctrica. Mientras el segmento automotor continúa recibiendo estímulos para crecer, las motocicletas deben competir en igualdad de condiciones con modelos tradicionales que poseen menores costos de producción y una red comercial ampliamente desarrollada.
A esto se suma el elevado precio de las baterías de ion-litio, uno de los componentes más costosos del vehículo. Dependiendo del modelo, una batería puede costar entre 150.000 y 1,9 millones de pesos, además de registrar demoras de hasta seis meses para su reposición.
Aunque estas motos requieren menos mantenimiento mecánico que las de combustión, la escasez de repuestos y la limitada infraestructura de carga siguen representando obstáculos importantes para quienes evalúan incorporarlas como medio de transporte cotidiano.
La diferencia con otros mercados de la región
La realidad argentina contrasta con la de otros países latinoamericanos que mantienen políticas de incentivo para la movilidad eléctrica.
Chile, Brasil y México continúan promoviendo la incorporación de motocicletas eléctricas mediante exenciones impositivas, subsidios o programas específicos para facilitar la instalación de puntos de carga. En Santiago de Chile, por ejemplo, más del 5% de las motos nuevas comercializadas ya corresponden a este segmento.
A nivel internacional, el crecimiento también continúa. De acuerdo con datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE), las ventas de motocicletas eléctricas superan el 10% del mercado mundial.
China sigue liderando ampliamente esta transformación. Durante 2025, más del 60% de las motos comercializadas en ese país fueron eléctricas, consolidando además a fabricantes como Sunra entre los principales exportadores del sector.
Paradójicamente, muchas de esas marcas tienen presencia en Argentina, aunque el cambio de las condiciones económicas limitó considerablemente sus posibilidades de expansión.
Qué necesita el sector para volver a crecer
Especialistas coinciden en que la recuperación dependerá, principalmente, de nuevas medidas que permitan reducir los costos de acceso para fabricantes y consumidores.
Entre las alternativas analizadas aparecen la restitución de beneficios arancelarios, líneas de financiamiento para compradores particulares y créditos destinados a pequeñas empresas distribuidoras. También se considera prioritario ampliar la infraestructura de carga mediante estaciones públicas y espacios específicos en centros urbanos.
La inversión privada tampoco desapareció por completo. Empresas como Gilera y La Emilia, a través de Teknial, continúan ensamblando scooters eléctricos en el país con precios que rondan entre 2,7 y 3,3 millones de pesos. El objetivo es sostener la presencia en el mercado mientras esperan un contexto regulatorio más favorable.
Las proyecciones de ACARA indican que, si durante 2027 se restablecen algunos incentivos, el segmento podría recuperar alrededor del 1,5% de participación dentro del mercado nacional.
La transición energética sigue siendo un desafío
El debate sobre la movilidad sustentable continúa creciendo pese al retroceso comercial registrado este año.
Municipios como Buenos Aires y Rosario analizan programas específicos para promover el uso de vehículos eléctricos en tareas de reparto urbano y logística de última milla, donde las motos representan una herramienta de trabajo fundamental.
Al mismo tiempo, la transición energética mundial mantiene objetivos ambiciosos. Europa y varios países asiáticos proyectan limitar progresivamente la comercialización de vehículos con motores exclusivamente a combustión hacia 2035.
Argentina todavía se encuentra lejos de ese escenario. Aunque fue uno de los primeros mercados de la región en incorporar vehículos híbridos, el desarrollo de las motocicletas eléctricas avanza con mayor lentitud debido a las condiciones económicas y regulatorias.
El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre los objetivos ambientales y la realidad del mercado local, donde el precio continúa siendo el principal factor que determina la decisión de compra.
Qué dicen usuarios y distribuidores
La incertidumbre también se refleja entre quienes utilizan estos vehículos y quienes los comercializan.
En foros especializados y redes sociales son frecuentes los reclamos por la demora en conseguir baterías, la escasez de repuestos y las dificultades para acceder a servicios técnicos especializados. Algunos usuarios aseguran que el ahorro en combustible termina perdiendo atractivo cuando aparece un problema de mantenimiento que requiere meses de espera.
Desde las concesionarias también expresan preocupación. Representantes del sector sostienen que el cliente que inicialmente elegía una motocicleta eléctrica por cuestiones económicas terminó regresando a modelos tradicionales debido al aumento de precios y la incertidumbre sobre la disponibilidad de componentes.
Sin embargo, continúa existiendo un grupo de consumidores comprometidos con la reducción de emisiones y el ahorro operativo a largo plazo. Algunos incluso recurren a soluciones alternativas, como la adaptación de baterías nacionales o servicios independientes de reparación, aunque estas opciones todavía representan una parte reducida del mercado.
Un futuro que dependerá de las decisiones políticas
La evolución del segmento durante 2026 demuestra hasta qué punto las políticas públicas pueden acelerar o frenar el desarrollo de nuevas tecnologías.
Mientras los autos eléctricos mantienen beneficios que favorecen su expansión, las motocicletas quedaron fuera de ese esquema y perdieron buena parte de la competitividad alcanzada en años anteriores. Esa diferencia repercute tanto en la actividad de importadores como en la generación de empleo vinculada al sector.
Diversas entidades empresariales proponen revisar el marco regulatorio para establecer incentivos diferenciados según el tipo de vehículo y su aporte a la movilidad urbana. De avanzar esas iniciativas, las motocicletas eléctricas podrían recuperar atractivo gracias a sus menores costos de mantenimiento, su eficiencia energética y su contribución a la reducción de emisiones.
Por ahora, el panorama sigue marcado por la cautela. La evolución del mercado dependerá de las decisiones que se adopten durante los próximos meses y de la capacidad de combinar sustentabilidad, inversión y condiciones económicas que permitan volver a hacer competitiva esta alternativa de transporte. Aunque el presente muestra un retroceso, el desarrollo de la movilidad eléctrica continúa siendo un tema estratégico para el futuro del sistema de transporte argentino.






