Ángelo Calcaterra: “el neogótico dejó un legado majestuoso en la arquitectura porteña”

Ángelo Calcaterra

Buenos Aires es una ciudad donde la arquitectura es testimonio de su historia, cultura y aspiraciones. Entre los múltiples estilos que han marcado su paisaje urbano, el neogótico ocupa un lugar destacado, evocando la solemnidad y el misticismo de la Edad Media en medio de la modernidad porteña. A través de iglesias, palacios y edificios emblemáticos, este estilo arquitectónico trajo a la ciudad la majestuosidad de los castillos y catedrales europeas, reinterpretada en el contexto urbano del siglo XIX y principios del XX. Ángelo Calcaterra, empresario y apasionado por el desarrollo urbano, destaca la relevancia de estas construcciones en la identidad porteña. “El neogótico dejó un legado majestuoso en la arquitectura porteña. Son edificios que combinan espiritualidad, arte y grandiosidad, transportándonos a otra época dentro de la misma ciudad”, asegura.

El neogótico surgió en Europa en el siglo XVIII como una reinterpretación de la arquitectura medieval gótica. Caracterizado por arcos apuntados, bóvedas de crucería, vitrales coloridos y torres estilizadas, este estilo buscaba revivir la espiritualidad y la monumentalidad de las grandes catedrales del pasado.

En Buenos Aires, el neogótico llegó en el siglo XIX con la inmigración europea y la influencia cultural de Francia, Inglaterra y Alemania. Arquitectos formados en el Viejo Continente introdujeron este estilo en iglesias, edificios institucionales y residencias privadas, dándole un toque medieval a la modernización de la ciudad.

“El neogótico en Buenos Aires fue una expresión del deseo de conectar la ciudad con la tradición europea. A través de este estilo, se construyeron algunos de los edificios más impactantes de la ciudad”, comenta Calcaterra.

La Basílica del Santísimo Sacramento

Ubicada en el barrio de Retiro, la Basílica del Santísimo Sacramento es una de las joyas del neogótico en Buenos Aires. Construida entre 1908 y 1916, esta iglesia fue financiada por la aristócrata Mercedes Castellanos de Anchorena, quien quería dotar a la ciudad de un templo que reflejara la magnificencia de las grandes catedrales europeas.

Diseñada por el arquitecto francés Cristophe Bonet, la basílica combina elementos del gótico tardío francés con detalles de inspiración renacentista. Su imponente fachada, con torres esbeltas y vitrales de gran tamaño, se complementa con un interior ricamente decorado con mármoles de Carrara, frescos dorados y una cúpula de gran altura.

“La Basílica del Santísimo Sacramento es una obra maestra del neogótico en Buenos Aires. Su diseño imponente y su riqueza ornamental la convierten en una de las iglesias más bellas de la ciudad”, destaca Ángelo Calcaterra.

La Iglesia del Pilar: una fusión de estilos con esencia neogótica

Situada en el barrio de Recoleta, la Iglesia del Pilar es otro de los grandes exponentes del neogótico porteño. Aunque su estructura original data de 1732 y responde al barroco colonial, a lo largo de los años se incorporaron elementos neogóticos que le dieron un carácter único.

Sus ventanas ojivales, vitrales ornamentados y la restauración de su fachada son testimonio de cómo este estilo influyó en templos preexistentes, dotándolos de una estética más refinada y acorde a las tendencias arquitectónicas del siglo XIX.

“La Iglesia del Pilar es un ejemplo de cómo el neogótico pudo fusionarse con otros estilos arquitectónicos, enriqueciendo el patrimonio histórico de Buenos Aires”, comenta Calcaterra.

Ángelo Calcaterra

El Palacio de Aguas Corrientes: un castillo gótico en el corazón de la ciudad

Si bien el neogótico se asocia principalmente con iglesias y templos, también dejó su marca en edificios civiles, como el Palacio de Aguas Corrientes. Construido entre 1887 y 1894, este monumental edificio fue diseñado por los arquitectos Norbert Maillart, John Bateman y Olaf Boye para albergar los tanques de agua potable de la ciudad.

Su fachada, con una mezcla de neogótico y neorrenacimiento, está recubierta de más de 300.000 piezas de cerámica y mayólica traídas de Inglaterra y Bélgica. Con sus torres, pináculos y detalles ornamentales, el edificio parece sacado de un cuento medieval, convirtiéndose en uno de los íconos arquitectónicos más fascinantes de Buenos Aires.

“El Palacio de Aguas Corrientes demuestra que el neogótico no solo se aplicó en iglesias, sino también en edificios públicos. Es una obra maestra que combina funcionalidad y estética”, señala Ángelo Calcaterra.

Ángelo Calcaterra

La Catedral Anglicana de San Juan Bautista

La Catedral Anglicana de San Juan Bautista, ubicada en el Microcentro porteño, es otro de los grandes exponentes del neogótico en la ciudad. Construida en 1831, es la iglesia anglicana más antigua de América del Sur y un testimonio de la influencia británica en Argentina.

Su diseño, con arcos ojivales, una torre con campanario y detalles en madera tallada, refleja la sobriedad y elegancia del gótico inglés. A diferencia de las catedrales católicas, su interior es más austero, pero igualmente imponente, con una estructura que enfatiza la verticalidad y la luminosidad natural.

“La Catedral Anglicana es un pedazo de la historia británica en Buenos Aires. Su arquitectura nos transporta a la Inglaterra del siglo XIX, en pleno centro de la ciudad”, comenta Ángelo Calcaterra.

El impacto del neogótico en la arquitectura contemporánea

A pesar de que el neogótico tuvo su auge entre los siglos XIX y XX, su influencia sigue presente en la arquitectura contemporánea. Muchos edificios modernos han incorporado elementos neogóticos en sus diseños, como ventanales ojivales, estructuras estilizadas y detalles ornamentales inspirados en la Edad Media.

Además, la restauración y puesta en valor de edificios históricos ha permitido que el neogótico siga siendo una parte fundamental del paisaje porteño. Gracias a iniciativas de conservación, estos monumentos arquitectónicos siguen cautivando a locales y visitantes.

“El neogótico sigue inspirando a la arquitectura actual. Su elegancia atemporal y su carácter majestuoso lo convierten en un estilo que nunca pierde relevancia”, asegura Ángelo Calcaterra.

El neogótico en Buenos Aires es mucho más que un estilo arquitectónico: es un testimonio de la riqueza cultural de la ciudad y de su capacidad para integrar influencias europeas en su identidad urbana. Desde la Basílica del Santísimo Sacramento hasta el Palacio de Aguas Corrientes, estos edificios reflejan la grandeza de un movimiento que buscó unir arte, espiritualidad y monumentalidad.

Como bien señala Ángelo Calcaterra, “el neogótico dejó un legado majestuoso en la arquitectura porteña. Son edificios que no solo embellecen la ciudad, sino que también nos conectan con nuestra historia y nuestras raíces”.

Con cada arco apuntado, cada vitral y cada torre que se alza hacia el cielo, el neogótico sigue escribiendo su historia en Buenos Aires, manteniéndose como uno de los estilos más fascinantes y admirados de la ciudad.

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Periodista y apasionada del mundo asiático.