Este jueves, residentes de Aceh, la provincia más occidental de Indonesia, ofrecieron flores y oraciones en las fosas comunes repartidas por la capital para recordar el vigésimo aniversario del terremoto y tsunami del Océano Índico de 2004, que cobró la vida de más de 160,000 personas en la región.
El desastre, provocado por un terremoto de magnitud 9.1 frente a la costa de Aceh, dejó un saldo estimado de 230,000 muertos en una docena de países, incluidos Sri Lanka, India, Tailandia y partes de África.
A las 8 de la mañana, hora en que ocurrió el sismo el 26 de diciembre de 2004, sirenas resonaron en Banda Aceh.
Busriadi, un ex pescador de 53 años que sobrevivió al tsunami tras ser arrastrado y gravemente herido, acudió al mar para guardar un momento de silencio en memoria de sus padres y cuatro hermanos que perecieron. «No podía hablar de lo que pasó por más de 10 años. Todavía es muy doloroso», confesó.
En la Gran Mezquita Baiturrahman, uno de los pocos edificios que resistió la catástrofe, se llevó a cabo una ceremonia conmemorativa. Safrizal Zakaria Ali, gobernador interino de Aceh, expresó que la tragedia dejó heridas profundas pero también enseñanzas espirituales.
“Jamás olvidaremos las contribuciones de quienes nos ayudaron”, dijo, destacando cómo el desastre condujo a un acuerdo de paz entre el gobierno central y el grupo separatista Movimiento Aceh Libre en 2005, permitiendo la reconstrucción.
La reconstrucción y los desafíos actuales
Desde entonces, Aceh ha recibido apoyo financiero internacional y ha reconstruido carreteras e infraestructura. Sin embargo, muchas personas han vuelto a establecerse en las zonas costeras, inundadas por olas de más de 30 metros durante el tsunami.
Entre ellas, pescadores que dependen del mar y migrantes atraídos por el bajo costo de la tierra. Estas áreas, consideradas zonas rojas, representan un riesgo constante.
Almuniza Kamal, alcalde interino de Banda Aceh, reconoció que el gobierno carece de fondos para reubicar a los residentes. “No podemos obligar a los pescadores a cambiar de profesión ni a mudarse lejos de la costa”, señaló.
A medida que se desvanecen los recuerdos entre los sobrevivientes y crecen nuevas generaciones, las autoridades locales, en colaboración con Japón, han implementado simulacros de evacuación y programas educativos sobre reducción de desastres.
Muzailin Affan, académico de la Universidad Syiah Kuala que perdió a su familia en el tsunami, enfatizó que la falta de conocimiento sobre tsunamis en 2004 fue un factor en la alta cifra de muertes.
“Ahora la gente sabe dónde correr si ocurre un gran terremoto, pero la educación en gestión de desastres sigue siendo crucial para el futuro”, concluyó.







