2022: el AIIB espera un mayor déficit de financiación en infraestructura

AIIB infraestructura

El Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (AIIB) prevé que la desigual recuperación económica aumentará el déficit de financiación de infraestructura en los países en desarrollo y emergentes de Asia en 2022.

La continua preocupación por la inflación, el impacto de la pandemia y las restricciones fiscales están frenando el apetito de los inversores por los proyectos de desarrollo y presionando a los gobiernos que buscan financiar nueva infraestructura. Sin embargo, el nuevo año traerá oportunidades en los mercados capaces de superar los retrasos en la implementación de la pandemia y de canalizar con éxito el capital hacia las inversiones de los aliados de París.

El AIIB cree que la comunidad internacional debe seguir fomentando una recuperación equitativa y ecológica en toda Asia. Las principales prioridades para los inversores y la comunidad de desarrollo serían la financiación de vacunas, los préstamos para la financiación del clima junto con la capacidad de diseñar y ejecutar proyectos alineados con París y el liderazgo de pensamiento sobre la integración de la tecnología en las inversiones en infraestructura.

«Las turbulencias de los dos últimos años todavía están con nosotros, pero hay signos positivos de que la recuperación está avanzando en gran parte de Asia», dijo el economista jefe del AIIB, Erik Berglof. «Sin embargo, no debemos bajar la guardia. A pesar de los vientos en contra que se vislumbran en el horizonte, es fundamental mantener las inversiones que aceleren los esfuerzos de vacunación y la transición de los mercados emergentes hacia objetivos netos.»

El AIIB aprueba su primer proyecto en Brasil

El AIIB prevé que las siguientes tendencias afectarán al sector de la infraestructura en Asia a lo largo de 2022:

  1. Preocupación por la inflación y una recuperación desigual: Los diferentes enfoques de la puesta en marcha de las vacunas, las dificultades para adquirirlas y las distintas capacidades para responder y aplicar las medidas de apoyo a las políticas hacen que algunos países se recuperen más rápidamente mientras que otros se quedan atrás. Los bancos centrales podrían adelantar y acelerar las subidas de tipos (lo que provocaría una escasez de liquidez a bajo coste). Las economías muy endeudadas y las empresas muy apalancadas tendrán que consolidarse. Podría haber un creciente interés por trasladar más activos a la infraestructura como cobertura contra la inflación, siempre que los activos estén bien estructurados. Los responsables políticos también tendrán que calibrar sus planes de inversión en infraestructura a la luz de la subida de los precios y los tipos de interés, junto con las interrupciones de la cadena de suministro y los retrasos en la ejecución provocados por la pandemia.
  2. Transición a la red cero: La COP26 y los anuncios de cero neto por parte de grandes economías como China, Japón e India señalan un cambio importante en la forma de pensar sobre la infraestructura en el futuro inmediato y cercano. Para cumplir estos compromisos, las mayores economías de Asia tendrán que canalizar cantidades crecientes de capital hacia las energías renovables y los proyectos de transmisión y distribución de energía. También habrá que potenciar la infraestructura más adaptables y resistentes para responder a los fenómenos meteorológicos catastróficos que ya están en marcha en la región.
  3. Aceleración de las megatendencias actuales: La inversión en conectividad digital aumentará a medida que más personas trabajen a distancia y aumente la demanda de servicios de Internet. Los proyectos que mejoran la conectividad física también aumentarán para atender las necesidades de la cadena de suministro, la logística y la seguridad alimentaria. Es necesario pasar de los contratos restrictivos a enfoques de colaboración más profundos, diversificando las formas de ejecución de los proyectos. Los modelos de entrega en colaboración y la contratación basada en los resultados ayudarán a fomentar la innovación, romper los silos y permitir la aplicación de las mejores tecnologías. Es necesario fomentar la incorporación de nuevos talentos, especialmente mujeres y nativos digitales, a los sectores de la infraestructura mediante una planificación reflexiva y deliberada de la mano de obra.
  4. La inestabilidad política y económica provoca un apetito inversor cauteloso: Las perturbaciones políticas pueden provocar sanciones financieras y comerciales e inseguridad energética en algunos mercados. El fin de la flexibilización cuantitativa en los países desarrollados, junto con el riesgo actual de cierres y una recuperación desigual, puede desencadenar reversiones desestabilizadoras de los flujos de capital y repercusiones negativas en la actividad económica real de las economías emergentes. Los inversores privados seguirán siendo cautelosos a la hora de invertir en infraestructura en las economías en desarrollo, incluso cuando los países traten de redoblar las inversiones en proyectos de energía, carreteras y agua.

El informe Perspectivas de la economía mundial del FMI de octubre de 2021 prevé que el crecimiento de las economías emergentes y en desarrollo de Asia se reducirá en 2022 en comparación con 2021. La presión para responder con rapidez a las nuevas variantes y gestionar un entorno económico cada vez más restrictivo deja a los responsables políticos pocas opciones de maniobra. Las decisiones de financiación deben ser cuidadosamente pensadas para garantizar el valor para los contribuyentes y un fuerte retorno de la inversión.

La incorporación de tecnología, resiliencia climática y capacidades digitales reducirá los costes, proporcionará datos de mejor calidad y mejorará la conectividad. «Bancos como el AIIB pueden ayudar a los responsables políticos a evaluar estas posibilidades y a reducir el riesgo de las inversiones», dijo Berglof.