Para pensar un mundo en proceso de cambio

Cambio
Imagen: Pixabay

La invasión rusa a Ucrania ocupó todo el espacio de los titulares en los diarios, en la televisión y en los debates en las redes sociales y plantea un mundo en proceso de cambio.

Desde el 24 de febrero de 2022, somos espectadores de una guerra en vivo y en directo.

La violencia es relatada cotidianamente por los periodistas enviados, y comentada por especialistas –en muchos casos– como si fuera una partida de ajedrez donde cada movida puede explicarse más allá del costo humano, y del daño que produce; sobre todo, pasando por alto la negación de las leyes internacionales y de los derechos humanos que esta invasión implica.

Cuando la guerra comienza a extenderse en el tiempo, su presencia y sus efectos sobre las personas tienden a naturalizarse.

Lamentablemente, la continuidad de la guerra, y las consecuencias de los desastres que ocasionan las fuerzas rusas, comienzan a ser parte del paisaje informativo cotidiano, y así, va generando cada vez menos interés, por lo que va perdiendo la noción del desastre que significa.

La guerra ocupa, entonces, un lugar habitual en nuestras vidas, solamente alterado por alguna barbarie nueva o por otra amenaza de algún funcionario de Vladímir Putin sobre el posible uso de armas nucleares. Al mismo tiempo, otras coyunturas, menos mediáticas, pero igualmente terribles, dejan de estar en el radar de la opinión pública o en las agendas de las naciones y organismos internacionales, aunque, no por eso, se atemperan: sino todo lo contrario.

Muchos gobiernos aprovechan el “ruido” global para extender sus prácticas antidemocráticas (tal cual hicieron poco antes con el COVID) o para congraciarse con el sistema internacional y dejar de ser parias, como en el caso del régimen de Nicolás Maduro. Pero también, las consecuencias no previstas de la política de Putin, sobre todo los efectos económicos (inflación, aumentos de precio de las commodities, etcétera), están golpeando a los países que menos posibilidades tienen de hacerle frente.

Mientras se argumenta (y a veces se festeja) la supuesta caída de la globalización, al mismo tiempo, los efectos de la interdependencia y la falta de una institucionalidad global acorde a la época impactan más negativamente sobre los países del Sur Global. Si bien algunos de estos hechos (la guerra, sobre todo) ocurren por fuera de la delimitación geográfica, también es innegable que, a pesar del auge nacionalista y realista, sus repercusiones afectan al mundo en formas diversas y trascendentes.

Al mismo tiempo, además de causa, la invasión rusa es consecuencia de algunos fenómenos. Entre ellos, podemos mencionar: primero, el proceso de transición hacia un orden global distinto al que caracterizó al mundo en los últimos tiempos; y, segundo, el retroceso democrático que se registra hace –al menos– una década en todo el mundo, y que viene siendo medido por diversos índices como, por ejemplo, el de Freedom House o el de The Economist Intelligence Unit.

Las esquirlas de un mundo en proceso de cambio

El mundo está presenciando una lucha por la hegemonía que podría terminar –como auguran muchos especialistas– en un cambio del régimen que viene regulando la actividad internacional desde mediados del siglo XX. Si esto fuera finalmente así, nos encontraríamos con un escenario típico de cambio de régimen, donde quien posee el poder no desea perderlo, y quien aspira a conseguirlo, busca que eso se concrete efectivamente.

Más allá de las formas futuras que adopte ese escenario, lo que es probable es que hasta que se defina de un modo u otro, la violencia será una de las características centrales del vínculo entre los países, tal como lo ha teorizado Graham T. Allison a partir de su conceptualización de la “trampa de Tucídides”. Esto es así porque las viejas reglas que ordenaban a la convivencia internacional están diseñadas para un mundo que ya no existe y, además –y por eso también– ya no funcionan o no están legitimadas por un consenso
mayoritario de las naciones.

la invasión rusa es consecuencia de algunos fenómenos

En este punto es importante que los especialistas y decisores continúen elaborando discursos e ideas sobre nuevas posibilidades de organización internacional, y que estas escapen a los discursos maniqueos clásicos del siglo pasado. A la vez, es necesario que también eludan los idealismos alejados de cualquier concepto práctico y real, y mucho más, los simbolismos decimonónicos. En este sentido, el pragmatismo es importante, en tanto
estamos hablando de un presente complicado y de un futuro que no sabemos cómo será, a riesgo de sonar como de Perogrullo.

Sin embargo, al menos podemos contar con algunas certezas: los sucesos pos 1945 no se van a reiterar, y ese contexto, pletórico para la integración regional, el crecimiento, la democracia, el repudio al nacionalismo, y las ideas contrarias a la soberanía absoluta, difícilmente vuelvan a tener aquel peso que caracterizó la salida de la Segunda Guerra Mundial.

Desde el Sur Global todo se ve más complejo. Aún más, en una región como América Latina, que es marginal y al mismo tiempo está en una constante tensión en torno al régimen político y la distribución de la riqueza, con el desafortunado agregado de Estados que crecen y avanzan sobre sociedades civiles que apenas pueden organizarse para hacer frente a sus problemas cotidianos. Por esto, el desafío será pensar esquemas internacionales que nos incluyan, que sean democráticos, y cuyo poder –real y simbólico– esté sostenido en estrategias inteligentes y creativas que tiendan a maximizar el poder regional.

El Sudeste Asiático nos ofrece grandes ejemplos para pensar en ese sentido: más ASEAN y RCEP, y menos Patria Grande y nacionalismo de manual escolar infantil, se acerca bastante a la síntesis perfecta.

El avance de la autocratización

Un segundo elemento que define esta etapa de la política global es el retroceso democrático: lo que Samuel Huntington llamó en su clásica obra sobre la democratización, una contraola. Por cierto, cuestión que no es exclusiva de estos últimos meses, si no que viene desarrollándose en forma creciente por lo menos hace una década. Lo característico de estos tiempos es que gran parte de este retroceso no se produce por cambios abruptos de regímenes políticos, como por ejemplo ha ocurrido en Myanmar, y como fue la norma durante el siglo XX.

Iniciativa Global de Seguridad e Iniciativa Global de Desarrollo

Más bien, lo que se observa es una degradación sostenida a lo largo del tiempo desde dentro de los sistemas democráticos, que finalmente ha conducido a cambios significativos en los regímenes políticos. El ejemplo más paradigmático en Asia es el de India, pero está lejos de ser el único.

 Filipinas en la máquina del tiempo

Para empezar, hay algunos hechos que deben resaltarse: por ejemplo, el triunfo de Ferdinand “Bongbong” Marcos Jr. en las elecciones presidenciales de Filipinas. El regreso de la dinastía Marcos al poder culmina un proceso de deterioro democrático que ha venido sucediendo en los últimos años con el patrocinio del presidente saliente, Rodrigo Duterte. La delicada realidad de las Filipinas ha hecho que una sociedad degradada por la pobreza y la violencia buscara en figuras fuertes, con promesas de mayor centralización del poder, un camino para cambiar el rumbo de la marginación.

Sin embargo, insistir con la profundización de recetas que no han funcionado en la administración que en breve dejará el poder, no parece ser la mejor decisión para conseguir resultados diferentes.

Además de la vuelta de los Marcos al poder –y la reivindicación que esto supone para la figura del padre del mandatario electo–, en todo el país se consolida el poder de otras dinastías familiares, que con el control económico y el poder estatal han logrado consolidar sus bases electorales. La misma hija de Duterte, por ejemplo, triunfó en las elecciones a vicepresidente, que, en el original sistema electoral filipino, se elige de manera separada, pero simultáneamente con el presidente.

Bongbong, con la ominosa sombra de su madre Imelda detrás de él, hereda una serie de problemas y acusaciones internacionales muy severas sobre las violaciones a los derechos humanos ligadas a la política antidrogas de su antecesor, con el que está comprometido políticamente. Aunque el futuro de esa relación será uno de los temas a seguir con atención.

El mundo está presenciando una lucha por la hegemonía que podría terminar en un cambio del régimen que viene regulando la actividad internacional desde mediados del siglo XX

El flamante presidente también será observado porque tendrá a su cargo los organismos que, hasta el presente, están dedicados a recuperar la fabulosa fortuna robada por su padre y su madre al Estado filipino. Lejos de mostrar arrepentimiento, autocrítica o diferencias con su pasado familiar, Bongbong vuelve por los fueros familiares, para cambiar una historia que parece inamovible en los libros, pero que ha demostrado ser mucho más fluctuante en la memoria de la sociedad filipina. Tristemente, este panorama nos lleva a concluir que no se vislumbran buenos tiempos para las Filipinas.

Sri Lanka al borde del abismo

También ligado al retroceso democrático y a la política de dinastías familiares que utilizan el discurso autoritario para generar expectativas sociales, Sri Lanka se enfrenta a la peor crisis de su historia. El primer ministro Mahinda Rajapaksa presentó su renuncia ante el presidente –su hermano, Gotabaya Rajapaksa– luego de una combinación de políticas económicas desafortunadas e insólitas, que llevaron a la isla a declarar un default porque sus reservas se vieron agotadas. En este contexto también tuvo que ver una poco planificada relación con China, que fue uno de los acreedores que mejor aprovechó la
incapacidad del gobierno esrilanqués para hacer frente a sus compromisos.

El país también carga con un pasado reciente repleto de violencia que, lejos de ser costoso políticamente, fue parte del capital político del renunciante primer ministro para retomar el poder, ya que antes había sido presidente representando a la mayoría cingalesa. La guerra civil contra las fuerzas tamiles terminó con denuncias de todo tipo de violaciones a los derechos humanos de la comunidad tamil, denuncias que han prosperado poco en un sistema político que continúa atravesado por un profundo clivaje étnico, al que ahora se añade esta crisis de gobernabilidad generalizada. Como en Filipinas, el futuro inmediato no da señales para el optimismo.

Los desconocidos de siempre

La invasión rusa ha generado en China una serie de desafíos que el gigante asiático viene procesando con su acostumbrado pseudoequilibrio. Lo cierto, es que resulta imposible no pensar en Taiwán cuando se analiza la acción rusa en Ucrania, y en ese punto, China parece estar procesando muy detalladamente la cuestión. Las imposibilidades y desencuentros de la comunidad internacional son una buena noticia para Xi Jinping, pero la
reacción de la población y los apoyos informales que reciben las fuerzas armadas ucranianas de parte de los europeos y norteamericanos, también son una advertencia imposible no dejar de lado fácilmente.

Al mismo tiempo, para Occidente (o lo que puede entenderse a esta altura por ese término), la necesidad de implementar tareas preventivas para evitar una invasión a Taiwán son parte del aprendizaje. Sobre todo, es la principal lección del error de subestimar la decisión de Putin. Y esto no tiene que ver solo con movimientos militares.

El principal activo que deberían tener los defensores de los derechos de los ciudadanos y la libertad es la capacidad de movilizar recursos, materiales y simbólicos, que aumenten los costos de la represión y la degradación democrática hasta en las invasiones militares. Como en el caso de Ucrania –y como sería en Taiwán–, estamos ante países claramente autocráticos (Rusia y China), que pretenden terminar con la existencia de vecinos en los que el respeto de las libertades individuales y la democracia, si bien con falencias y problemas, son aún la forma en la que se regula la relación entre el Estado y la
sociedad.

Al mismo tiempo, los sucesos en Hong Kong ya impiden cualquier grado de argumentación sobre la posibilidad de mantener “un país, dos sistemas”. El anuncio de la designación de John Lee como sucesor de Carrie Lam a cargo del Ejecutivo local no pudo ser una peor señal. Lee fue quien implementó la autoritaria ley de seguridad nacional redactada por el gobierno central, y lideró la represión sobre el movimiento prodemocracia, hasta desarmarlo a fuerza de palos, prisión y exilios.

Simultáneamente, la represión sigue su curso. El obispo emérito de Hong Kong, Joseph Zen (de 90 años), la activista Margaret Ng, la cantante Denise Ho y el académico Hui Po keung, fueron arrestados por la Policía hongkonesa, instruida por el gobierno chino. El argumento utilizado fue el ya clásico “connivencia con fuerzas extranjeras”, debido a su participación en la custodia de un fondo para los manifestantes que participaron en las protestas del año 2019.

Como la invasión rusa, todo ello sucedió con la comunidad internacional como espectadora, y sin poder construir si quiera un soft power que hiciera pagar al gobierno chino algún costo a nivel internacional. Como ocurre con Aung San Suu Kyi, las organizaciones trasnacionales e internacionales siguen entrampadas entre las lógicas ligadas a la corrección política, por un lado, y a los discursos que justifican la autocratización –paradójicamente, en nombre de “nuevas formas de democracia”– por el otro.

Todo ello, además en un contexto en que se reproducen apelaciones a justificar los avances autoritarios por los supuestos objetivos de Occidente de avanzar sobre los hinterlands chino y ruso. Como refería Huntington en la citada obra sobre la democratización, la democracia, sobre todo, necesita de la presencia y el activismo de los demócratas. Hoy, más que nunca, además, hacen falta redes trasnacionales que los agrupen, maximicen sus voces y sean un obstáculo a la decisiva expansión del autoritarismo en todo el planisferio.

Nota: El artículo es un paper publicado originalmente por la Revista Asia / América Latina. La reproducción del mismo se realiza con la debida autorización. Link al artículo original: http://www.asiaamericalatina.org/wp-content/uploads/2022/05/12.1-Intro.pdf

Acerca del autor

Politólogo y maestrando en Ciencias Sociales. Docente investigador de la Carrera de Ciencia Política y del Grupo de Estudios sobre Asia y América Latina (GESAAL) y de la Universidad de Buenos Aires. Secretario de redacción de la Revista Asia/AméricaLatina

Es director del Grupo de Estudios de Asia y América Latina (GESAAL) del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Además es doctor en Procesos Políticos Contemporáneos por la Universidad de Salamanca (España), investigador del Instituto de Estudios de América y el Caribe de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) y profesor en las Universidades de Buenos Aires y del Salvador. Dictó conferencias en Malasia, Tailandia, Vietnam, Holanda, Japón, Suecia, España, Rusia, Uruguay y Argentina. Posee artículos publicados en Alemania, USA, México, Uruguay, Dinamarca, Argentina y España. Es además especialista en Historia política de la segunda mitad del siglo XX (Transiciones, guerra fría) y Política contemporánea de América Latina y Asia.