Argentina: ¿Está China nostálgica de la era Macri?

El presidente argentino Alberto Fernández y el presidente chino Xi Jinping en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, China / Casa Rosada / Wikimedia Commons / Licencia Creative Commons

El regreso de Argentina al peronismo con la victoria de los presidentes Alberto Fernández y Cristina Kirchner en 2019 no ha propiciado un acercamiento entre Argentina y China como se preveía. Tras la primera mitad de la presidencia de Fernández, las relaciones con China están plagadas de promesas incumplidas, obstáculos políticos y burocráticos, medidas económicas perjudiciales y otros desafíos. Hasta cierto punto, paradójicamente, Beijing podría estar echando de menos los tiempos del presidente de centro-derecha Mauricio Macri (2015-2019).

Fernández y otras figuras clave del gobierno argentino se refieren con frecuencia a la «profunda amistad» y la «relación estratégica» del país con China. Bajo el mandato de Fernández, Argentina acaba de adherirse a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) y, según la línea oficial, los vínculos bilaterales son muy fuertes. Sin embargo, de las principales prioridades de China para la relación, casi nada se ha logrado con Fernández. Las feroces luchas políticas dentro de la coalición de Fernández han contribuido a una política exterior errática que carece de una estrategia global sobre China. También ha influido la creciente presión de Estados Unidos en ciertos temas críticos.

  • Cuando Fernández viajó a Beijing para firmar el acuerdo BRI hace tres meses, los dos gobiernos anunciaron más de 13.000 millones de dólares en inversiones en infraestructuras, pero no han dado detalles sobre los proyectos ni su financiación

El sector energético ha sido especialmente complicado para China con Fernández al frente.

  • Un proyecto de energía nuclear de 8.000 millones de dólares con tecnología Hualong One se ha estancado mientras Argentina intenta renegociar las condiciones financieras en medio de una grave crisis económica, y se enfrenta a la dura presión diplomática de Washington para que abandone el proyecto. Las represas hidroeléctricas de Santa Cruz, el mayor proyecto de inversión chino en Argentina, han sufrido constantes restricciones económicas y huelgas sindicales durante dos años. El incumplimiento financiero argentino ha provocado la interrupción total de la financiación china. PowerChina presentó una queja oficial sobre la gestión de su oferta para construir la planta hidroeléctrica Chihuidos en la provincia de Neuquén. El proyecto de la central térmica Belgrano II con la china CNTIC -financiado por el Banco EXIM de Estados Unidos- misteriosamente nunca se ha iniciado. La empresa petrolera Sinopec, cansada de la volatilidad económica y de las huelgas, vendió sus activos en Argentina a principios de 2020, afectando sus operaciones.

El gobierno argentino también ha frenado otras formas de cooperación, aparentemente por razones de seguridad.

  • Buenos Aires anunció, por ejemplo, que sólo financiaría el proyecto del Polo Logístico Antártico en la provincia de Tierra del Fuego que había discutido con China. No ha actuado en la tan esperada compra de aviones de combate J-17 chinos y vehículos blindados debido a las limitaciones financieras y a la presión de Estados Unidos, según fuentes del Ministerio de Defensa.
  • En otro proyecto emblemático, la gestión de la hidrovía Paraná-Paraguay, el corredor fluvial más estratégico del país, Fernández decidió nacionalizar parte de la operación y determinó que sólo una empresa belga era un socio cualificado.
  • En el sector agropecuario, Fernández también ha desestimado un proyecto de inversión chino valuado en 3.700 millones de dólares para desarrollar la industria porcina mediante la instalación de megafábricas en distintos puntos del país.

Las feroces luchas políticas dentro de la coalición de Fernández han contribuido a una política exterior errática que carece de una estrategia global sobre China

Algunas políticas de Fernández también han perjudicado directamente los intereses de Argentina. El año pasado suspendió las exportaciones de carne vacuna a China             -supuestamente para frenar la inflación interna-, pero la inflación siguió aumentando mientras Argentina perdía cientos de millones de dólares por las exportaciones y dañaba la confianza de los compradores chinos. El déficit comercial bilateral del país con China alcanzó un récord de 7.300 millones de dólares en 2021, después de haber disminuido a 2.000 millones de dólares al año en tiempos de Macri.

La reiterada retórica y los gestos amistosos entre las contrapartes argentina y china no ocultan que la relación bajo Fernández ha estado llena de obstáculos y frustraciones para Beijing. El enfoque internacional del presidente Macri era abiertamente pro-occidental y tenía claras diferencias ideológicas con China, pero no cabe duda de que las relaciones entonces eran mucho más fluidas y fructíferas tanto para Argentina como para China.

  • Es probable que la segunda mitad del mandato de Alberto Fernández esté plagada de problemas similares y que no se resuelvan las cuestiones críticas que bloquean el progreso. Es casi seguro que la situación económica de Argentina seguirá empeorando, privándola de recursos para mantener su parte en cualquier acuerdo con China. La presión de Estados Unidos seguirá siendo un factor clave, destinado a restringir la cooperación con China en temas críticos para la agenda de Washington, como las telecomunicaciones y la defensa. Por otro lado, el deseo de los dos países de encontrar formas de cooperación seguirá siendo fuerte independientemente de quién gane la presidencia argentina en 2023, y China -si es lo suficientemente paciente con los altibajos de la relación- seguirá siendo un socio insustituible para Argentina.

 

El artículo se reproduce en castellano por autorización del autor. Link a la publicación original, en inglés: https://aulablog.net/2022/06/01/argentina-is-china-nostalgic-for-the-macri-era/

 

 

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