La RCEP: un nuevo avance asiático en el camino al trono global

RCEP

La noticia tuvo amplia repercusión a fines del año pasado: el 15 de noviembre de 2020 los representantes de 15 países firmaron un acuerdo de libre comercio. Entre ellos estaban los 10 integrantes de la zona ASEAN (Brunei, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Singapur, Tailandia y Vietnam), los tres grandes orientales (China, Corea del Sur y Japón) y los dos principales de Oceanía: Australia y Nueva Zelanda.

Todos ellos se reunieron en la última cumbre de ASEAN para acordar formalmente la puesta en marcha de la llamada Alianza Integradora Económica Regional, más conocida como RCEP por las siglas en inglés de Regional Comprehensive Economic Partnership. Las negociaciones previas para llegar a este momento llevaron casi una década y decenas de reuniones de técnicos, ministros y presidentes y primeros ministros.

El nuevo tratado se ha convertido en el acuerdo comercial más grande de los realizados hasta ahora, dejando en un lejano segundo lugar al renovado T-MEC firmado por Estados Unidos, México y Canadá y que entró en vigor hace exactamente un año. La RCEP también supera a la alicaída Unión Europea, ya que entre sus quince miembros sumados abarca una población aproximada de 2200 millones de personas, apenas un poco menos del 30% del comercio global y un 30% del PBI mundial. Cifras impresionantes por donde se las mire.

La firma de la RCEP se agiganta más cuando se considera que sus integrantes se encuentran condicionados por variados intereses nacionales, muchas veces contradictorios y potenciados por la enorme diversidad étnica y religiosa de sus habitantes.

También por los complejos contextos internacionales que vive una región siempre escenario de la conflictividad geopolítica. Aun así, primó una apuesta al futuro de la región Asia-Pacifico como eje del poder económico global.

La RCEP por dentro

El acuerdo –no todo lo pactado se ha dado a publicidad- prevé eliminar aranceles, en forma gradual y diversificada, en las siguientes dos décadas hasta alcanzar la impactante cifra del 90 % de los bienes comerciados entre sus miembros. Un lugar muy especial lo ocupa la rama de servicios, especialmente destinado a los financieros, profesionales y de telecomunicaciones. En ese rubro se prevé abrir hasta el 65% del mercado entre los países firmantes del convenio.

Pero a la vez, la RCEP no implica nuevas normativas o crecientes burocracias. Por el contrario, debe tomarse como un intento de ordenar –y armonizar- los numerosos acuerdos intrarregionales que ya existen. Por supuesto que no incluye ninguna delegación de soberanía en un nuevo ente regional, ni costosas burocracias o parlamentos.

En ese sentido, el acuerdo no abunda en innovaciones y se enfoca en la economía real. Si bien la RCEP incluye un apartado sobre Propiedad Intelectual, un tema espinoso para más de uno de los firmantes, se le ha criticado su escaso desarrollo en temas laborales, medio ambiente y por no abundar en el tema de las empresas estatales, característica distintiva del modelo chino. El texto consensuado muestra una clara intención de facilitar las operaciones comerciales, financieras e inversiones entre los países que firmaron el acuerdo.

En un plano más general se busca consolidar el espacio intra-asiático sumando, además, nuevos acuerdos de libre comercio entre países que no los tenían, como –y no es un detalle menor- entre Japón y Corea del Sur con China. La RECP no pretende cambiar las reglas de juego globales, ni convertirse en un nuevo modelo de integración regional.

Su objetivo primario es concreto y pragmático: mejorar el clima de negocios y facilitar las inversiones en la zona.

Tiempo atrás pareció que el acuerdo podía detenerse, cuando India, que inicialmente era parte, anunció que abandonaba las negociaciones y que no formaría parte de la RCEP. La posibilidad de abrir su economía a la industria china no era factible para un gobierno nacionalista y populista como del Narendra Modi. Además, sus relaciones con China son complejas y hasta hoy incluyen enfrentamientos en la zona de Cachemira con heridos y muertos.

Sin embargo, la salida de India solo fue un retroceso momentáneo y el trabajo continuó hasta el momento que en que los 15 jefes de gobierno estamparon sus firmas en una reunión virtual, pero no por ello menos ceremoniosa.

Todavía faltan dos pasos: Primero, escribir el texto con la revisión legal de los países y su posterior traducción, lo cual no es sencillo ni rápido. Recién luego de ello, se deberá producir la ratificación nacional siguiendo las normas vigentes en cada país. Según lo previsto no es necesario que lo hagan los 15 Estados firmantes y será suficiente con que lo aprueben 6 países del bloque ASEAN y 3 del resto. Se descuenta que eso no será un problema y, de hecho, ya lo han hecho Japón, Tailandia, China y Singapur.

¿Qué se puede esperar del RCEP?

Lo primero que hay que decir es que la firma de la RCEP no producirá inmediatamente una inmensa lluvia de dinero y crecimiento de actividades comerciales y que es un proyecto que comenzará a mostrar su real influencia en la próxima década. Sin embargo, tampoco es un papel formal para que los políticos se saquen una foto y sumen prestigio entre sus ciudadanos.

La firma del acuerdo es un mensaje importante para el resto del mundo porque apuesta a la libertad comercial y a la supresión de normas y aranceles en un momento en que priman discursos y prácticas en el sentido contrario.

La firma del RCEP es un éxito de los países de ASEAN, verdaderos motores de la iniciativa. Estos países han aprendido que, para contener la presencia de potencias extra regionales, deben mantener un perfil proactivo y común, a pesar de sus propias desavenencias. A la vez, por eso mismo, no es estrictamente un triunfo de China, aunque muestra una vez más su lado pragmático, su capacidad de ganar socios nuevos y apostando a que su potencia y desarrollo la conviertan en socia privilegiada del club de Asia Pacifico.

Los objetivos previstos por la RCEP y los primeros compromisos para alcanzarlos, implican un paso clave en la consolidación del poder asiático sobre la económica global. Un acuerdo de estas características necesita de paciencia, perseverancia y pragmatismo, pero siempre avanzando y teniendo el futuro como eje. Esto es una enseñanza para espacios de integración como el MERCOSUR, que, tras años y años de existencia, no logran enhebrar un proyecto conjunto entre sus miembros excepto cuando recurren a pasados idílicos.

Para América Latina debe ser un llamado de atención. Por un lado, por las oportunidades que abre, pero también, porque se agrupan, y en plan de privilegiarse mutuamente, muchos de los grandes compradores -y también, algunos de los competidores- de los productos exportables latinoamericanos.

La escala es un argumento diferencial para la disputa comercial y geopolítica. Frente a eso, la gran mayoría de los países latinoamericanos insisten con la fragmentación y la bilateralidad. La RCEP muestra que el mundo va en otro camino.

Acerca del autor

Es director del Grupo de Estudios de Asia y América Latina (GESAAL) del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Además es doctor en Procesos Políticos Contemporáneos por la Universidad de Salamanca (España), investigador del Instituto de Estudios de América y el Caribe de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) y profesor en las Universidades de Buenos Aires y del Salvador. Dictó conferencias en Malasia, Tailandia, Vietnam, Holanda, Japón, Suecia, España, Rusia, Uruguay y Argentina. Posee artículos publicados en Alemania, USA, México, Uruguay, Dinamarca, Argentina y España. Es además especialista en Historia política de la segunda mitad del siglo XX (Transiciones, guerra fría) y Política contemporánea de América Latina y Asia.